OTRAS VIDAS

Cuando bajé del AVE y salí de la estación de tren de Valladolid, experimenté una sensación parecida a la que tenía cada vez que llegaba a un nuevo destino durante mi Interrail: alegría de llegar a un lugar por conocer, una agradable soledad y la seguridad de que podía hacer todo lo que se me antojara. Me di cuenta de que hacía mucho que no estaba completamente solo y eso es algo que, de vez en cuando, necesito. Me vino bien estar conmigo mismo un rato y, mientras caminaba hacia el hotel, estuve reflexionando sobre mi pasado y futuro recientes. Pensé en que Valladolid no se parecía en nada a la ciudad fea y gris que recordaba de mi brevísima estancia durante un par de horas de un viaje con el colegio. Aquella fue una tarde lluviosa y desapacible, mientras que el sábado el cielo estaba despejado y brillaba el sol. La comparación también vale para como era mi vida entonces y como es ahora.

Cuando llegue al hotel, me tumbé en la cama, pude ver alguna actuación de la Gala de OT en la televisión (Virginia no lo hizo sumamente mal), me acerqué al Corte Inglés a comprar una tarjeta de felicitación, me comí una hamburguesa en el McDonalds y estuve tumbado en la cama leyendo un rato. Después tocó ducharse, vestirse, anudarse la corbata, pedir un taxi y a la iglesia.

Allí me reencontré con antiguos compañeros de la siniestra productora, personas a las que hacía demasiado tiempo que no veía. Durante las horas siguientes estuvimos poniéndonos al día, recordando anécdotas, echando unas risas, comiendo mero y lechazo y bailando reguetón y lo que nos pusieran en la discoteca. Me di cuenta de que les echaba de menos más de lo que pensaba y me alegré de haberme animado a ir. Al fin y al cabo, hubo un tiempo en que compartía mi día a día con ellos y fui testigo de como empezaba la relación que ha terminado en boda. Hasta puse mi pequeño granito de arena como celestino aficionado en su momento y todo…

Eso sí, el momentazo de la tarde fue cuando, nada más terminar la ceremonia y con los novios posando para las sucesivas fotos, pasó por delante de la iglesia un centenar de ciclistas desnudos. Se volvió a cumplir el viejo dicho de que los nudistas nunca son las personas a las que te apetecería ver desnudas.

El domingo, a pesar de estar en estado semicomatoso, cumplí con la tradición de ver la final de Roland Garros en casa de Lucía (en realidad, en su excasa, pero como si fuera suya). Esta vez el partido fue visto y no visto, así que no hubo mucho tiempo para criticar a Nadal y reconocer que, en realidad, tenemos ganas de Federer gane alguna vez el torneo. Como acabó tan pronto, nos dedicamos a destrozar unas cuantas canciones jugando al Singstar. Me regalaron la edición “RnB (arenbi)”, que tenían pendiente de darme desde mi cumpleaños. Terminamos viendo un poco de Formula1, hasta que Diego vino a buscarme y a llevarme de vuelta, por fin, a mi casa.

Me acosté con la sensación de que el fin de semana me había cundido muchísimo. Y me propuse, una vez más, atender un poco más a todas esas personas que me importan y a las que no veo con la frecuencia que debería y que se merecen.

10 comentarios en “OTRAS VIDAS”

  1. jajajaja… Miguel, eres mi ídolo, ¿donde se presentan las solicitudes para los Príncipes de Asturias?

    ¿Tú también viste la carrera nudista? yo también la vi en Madrid, Dios mío, los nudistas en bicicleta son omnipresentes. No me fijé si todos/as llevaban sillín

  2. Proudstar, la verdad es que me pareció una ciudad muy agradable. Me dio pena no tener tiempo para hacer algo más de turismo.

    Mi madre me enseñó a no hablar con desconocidos, especialmente si hablan de su minga… :-D

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