Ocho segundos

Las hijas de mis primas -es decir, mis sobrinas segundas, ¿no?- prepararon una obra de teatro con ayuda de una de mis tías. Por la tarde la representaron en un claro del bosque. Por supuesto, el evento fue inmortalizado en vídeos de móvil y distribuido por WhatsApp.

-No puedo descargármelo. Tengo la memoria llena… Buf, me han mandado tantos vídeos que parece que me han retransmitido toda la independencia.

Yo no pude contenerme:

-Pero si sólo fueron ocho segundos de independencia, no pueden ocuparte tanto.
-Ay, Antonio, es que cundieron mucho.

En otro momento, caminando por el bosque, otro de mis primos catalanes me dijo: “Hacemos chistes, pero hay gente pasándolo muy mal. Gente que no sabe lo que va a pasar mañana y no duerme por las noches”.

Y sí, la España actual es una comedia de Berlanga, pero deberíamos pararnos a pensar si no estamos tensando demasiado la situación. Cataluña y España pueden ser un matrimonio mal avenido y hasta podemos divorciarnos, pero ¿cómo resolver las diferencias irrenconciliables entre catalanes con distintas ideas del país en el que quieren vivir? ¿Cómo hacer que nadie se sienta perdedor?

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