NO CRECEMOS

No crecemos nunca. O quizás es que, digan lo que digan, la vida adulta sigue siendo un eterno drama adolescente. Las obsesiones siguen siendo las mismas: queremos ser los más guapos, los más populares, los reyes y reinas del baile de promoción. Y si no, queremos definirnos por oposición a estos deseos: queremos ser los malditos, los oscuros, los perdedores, los románticos antihéroes o los artistas extravagantes sin darnos cuenta de que, en realidad, estas figuras son tan arquetípicas y tópicas como la de la animadora con desordenes alimenticios y el capitán del equipo de fútbol de torso musculado y dentadura perfecta.

Me cuenta una amiga en la fuente de agua, la misma que aparece en los pasillos de las series ambientadas en institutos de Ohio o California, que una compañera de trabajo le ha contado a otra que a partir de ahora no va a tomar café con ellas en la pausa de media mañana porque “le han empezado a caer supermal”. Cuanto drama. Pero no sólo las empresas son caldo de cultivo para las tramas de envidias, amor, celos y cotilleos. A veces las grandes enemistades surgen por un comentario en facebook, por una llamada telefónica que llega con retraso o por no haber sido invitados a aquella fiesta a la que creíamos que teníamos derecho a asistir. Y no vamos a hablar de cuando se mezcla el amor -o el picor- con nuestro cerebro: al fin y al cabo, el corazón -y otros órganos- terminan comportándose de la misma manera cuando somos adolescentes que cuando somos treintañeros en nuestra segunda adolescencia. La tercera, supongo, empieza a los cuarenta.

¿Y yo qué papel desempeño en esta dramedia? Pues considerando que una de mis mayores satisfacciones de las últimas semanas es haber adelgazado unos kilos y que tengo la intención de sorprender a Diego cuando vuelva con unos estupendos abdominales, está claro que soy ese personaje de pelo grasiento del club de ajedrez que, en cuanto se quita las gafas al final del segundo acto, se convierte en el chico más popular del lugar, protagoniza una espectacular coreografía en el baile de fin de curso y luego se queda con su amor de toda la vida.

¿Qué tipo de artículo es éste? Pues un post tonto, claro que sí.

6 comentarios en “NO CRECEMOS”

  1. Seguro que a Diego lo sorprenderán muchísimo tus abdominales, puesto que desde Inglaterra no hay acceso a tu blog ni puede leerte por mucho que quiera.

    ¡Foto del pelo grasiento ya!

  2. He de advertir que son abdominales que se notan al tacto y no son muy apreciables a la vista, por lo que no tiene mucho sentido hacerles una foto… :-D

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