Nightcrawler

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Bienvenidos a la noche de Los Ángeles. Bienvenidos al mundo de Louis Bloom, un universo de carreteras perdidas y coches que se mueven por la oscuridad y las luces de neón, ese cosmos con reglas propias en el que tan bien se movía el personaje de Ryan Gosling en Drive, pero donde también habitaban el conductor de ambulancias al que daba vida Nicolas Cage en Al Límite o el mítico Travis Bickle de Robert de Niro en Taxi Driver. Hay ecos de todas estas películas en Nightcrawler, pero no debemos permitir que las apariencias nos engañen: Nightcrawler tiene muy poco de metafísica y nada de angustia existencial. Donde los otros intentaban encontrar el amor o reconciliarse con sus fantasmas, el personaje interpretado con fría intensidad y mirada muerta por un Jake Gyllenhaal más cercano al Donnie Drako de sus orígenes que al Príncipe de Persia sólo busca sobrevivir y triunfar como un depredador, un coyote hambriento de carne y sangre.

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Y esta carne y sangre la ponen las víctimas de los atracos y accidentes que Bloom graba con su cámara para después vender las imágenes al noticiario de una televisión local cuya editora está ansiosa por ofrecer al público contenidos impactantes a la hora del desayuno. ¿Pero es Nightcrawler una película crítica sobre la tendencia al morbo de los medios de comunicación, enfrascados en una lucha por la audiencia donde todo vale para convertir la verdad y la información en un espectáculo voyeurístico? Puede, pero una vez más, no debemos dejar que las apariencias nos engañen.

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Nightcrawler tiene la misma sutileza que un puñetazo en el estómago, pero ésa es la violencia con la que el guionista (Acero Puro, El Legado de Bourne, El Sueño de Alexandria) y director debutante de 55 años Dan Gilroy elabora una metáfora sobre el ultracapitalismo actual. Bloom se relaciona con su empleado y su cliente sin empatía ni humanidad, empleando lemas y teorías propias de cualquier charla de coaching o manual del emprendador triunfador. La frialdad con las que las enuncia y las aplica resulta estremecedora… y no muy lejana a la realidad de unas empresas donde el trepa triunfa y el empleado inútil es sacrificado sin miramientos. En todo caso, ya sea por el recital interpretativo de un Jake Gyllenhaal que nos había hecho olvidar un poco lo buen actor que es a base de portadas de GQ, por rescatar a Rene Russo del ostracismo al que Hollywood condena a las actrices de su edad, por la garra con la que Gilroy rueda las escenas de acción o por las múltiples capas de lectura de su guión, Nightcrawler es la primera película de culto que me he encontrado en este 2015.

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