Nebraska

Nebraska Movie Poster

Título a título, Alexander Payne se está convirtiendo en el retratista de los Estados Unidos contemporáneos, de la América real que no sale en las grandes producciones de Hollywood: esos pueblos y ciudades olvidados del interior del país, esos paisajes donde lo vulgar, lo decadente y lo bello van de la mano. Sería fácil calificar a los personajes que pueblan las películas de Payne de perdedores y mediocres, pero quizás sea más adecuado verlos como seres humanos de carne y hueso, con las mismas debilidades y fortalezas que el espectador que les contempla en su devenir. No sé si Nebraska es su mejor película hasta la fecha, pero quizás sí que sea la más emotiva y contenida.

No es de extrañar que Payne se sintiera inmediatamente atraído por el guión del debutante Bob Nelson, cuyos derechos adquirió ya en 2003. Esta “road movie” que lleva a un padre y a su hijo desde Montana hasta Nebraska era un material ideal para el cineasta, introduciendo apenas algunos cambios como las profesiones de los hijos o la parada en el Monte Rushmore, uno de los pequeños grandes momentos de esta pequeña gran película. Todo comienza cuando Woody, un anciano aficionado a la bebida al que se le empieza a ir la cabeza, recibe una carta de una editora de revistas que le informa que ha ganado un millón de dolares, un vulgar ardid promocional que Woody malinterpreta. Decidido a ir hasta Nebraska para cobrar su premio, su hijo David acabará por acompañarle en un viaje en coche por las infinitas carreteras de Estados Unidos. Cuando un pequeño percance les haga retrasarse, ambos tendrán que pasar unos días en Hawthorne, (ficticia) localidad de origen de Woody donde tendrán una serie de reencuentros con las gentes y lugares de su pasado.

Con una banda sonora de profundo sabor americano y rodada en blanco y negro con una tan poderosa como directa dirección de fotografía a cargo de Phedon Papamichael que aumenta la destartalada belleza de sus paisajes, Nebraska reincide en alguno de los temas favoritos de Payne como la relación entre familiares y el (re)descubrimiento de nuevas oportunidades y secretos en la realidad que les rodea. Payne siempre consigue que sus personajes -y con ellos los espectadores- pasen por un proceso de catarsis discreta y profunda. No hay mucha diferencia entre Paul Giamatti abriendo su botella de vino favorita en un restaurante de comida rápida en Entre Copas o Margo Martindale aprendiendo a amar París en el corto dirigido por Payne para Paris Je T’Aime y el final de Nebraska, donde un sencillo paseo en furgoneta acaba convirtiéndose en un pequeño triunfo: Payne siempre consigue que los pequeños detalles (un beso de despedida en la cama del hospital, una mirada triste, una casa en ruinas…) revelen toda su importancia. Evidentemente, el resultado final de Nebraska no habría sido el mismo sin su reparto, donde además del veterano Bruce Dern -premiado en Cannes y candidato al Oscar-, destacan Stacy Keatch, la octogenaria June Squibb en el papel de una madre sin pelos en la lengua, y Will Forte, conocido en Estados Unidos por ser unos de los integrantes de Saturdat Night Live y que aquí hace una contenida y melancólica interpretación.

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