MANDALA

En el centro de este mundo estoy yo. O estás tú. Rodeado de círculos concéntricos que, de lejos, parecen entrecruzarse, mezclarse, tocarse, cruzarse, mezclarse, confundirse y cofundirse. Pero cuando te acercas, te das cuenta de que sólo era una ilusión óptica. Todo tiene un orden y un equilibrio frágil y delicado, difícil de apreciar si no te detienes a observarlo. A veces más que verlo, lo sientes. Vivimos rodeados de esferas que producen música. Por eso nos gusta escuchar las notas de esa canción o ver las estrellas de noche. O contemplar la Luna. O admirar las imágenes de galaxias espirales alejadas a millones de millones de kilómetros en el espacio y en el tiempo. Todo fluye, de alguna manera u otra. Somos universos dentro de universos. Cosmos en el caos. Supernovas a punto de estallar. Agujeros negros. Asteroides perdidos en el vacío. Pero nunca solos. Nunca somos un punto único en el espacio. Nunca estamos solos. Nunca somos del todo independientes. Somos variables en una función, particulas elementales que se relacionan unas con otras de forma a veces imperceptible, mariposas que agitan sus alas y provocan una tempestad en Tokyo. Somos el centro de nuestras vidas, pero también giramos en torno a muchas otras. Núcleos y electrones simultáneamente.

Contemplar o dibujar un mandala es una forma de relajación. En el suelo de algunos templos hay laberintos. Parecen complicados, pero si los recorres descubrirás que sólo tienen una única entrada y una única salida.

4 comentarios en “MANDALA”

  1. La entrada es super chula, como todas las tuyas. Pero no sé, este ataque de misticismo después de lo de la cena de Navidad me mosquea un poco.

    Pero bueno, eso, que tienes razón. Sobretodo en lo de la música, en lo de los círculos, en lo de los laberintos … coño, pues eso, en todo.
    ;-)

    Besicos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *