Man of Steel

"Usted creerá que un hombre puede volar"
“Usted creerá que un hombre puede volar”

Desde que apareció por primera vez en las páginas de Action Comics en 1938, Superman se ha ido convirtiendo en el superhéroe por excelencia y ha terminado siendo una parte esencial de la cultura popular que todo el mundo reconoce al primer vistazo. Su adaptación cinematográfica de 1978, dirigida por Richard Donner y protagonizada por Christopher Reeve, Margot Kidder y Gene Hackman, no hizo más que aumentar su fama universal. Superman es un arquetipo, un emblema, un icono, y quizás sea esto lo que lo haya convertido en un personaje difícil de adaptar a los nuevos tiempos. Superman es el personaje que define el género de los superhéroes, ¿cómo jugar a ser posmoderno con la idea original? Después de años de intentos frustrados entre los que destaca aquel proyecto loco de convertir a Nicolas Cage en el hombre de acero, Bryan Singer intentó ser fiel a las esencias del Superman cinematográfico en la olvidada (y quizás no tan olvidable) Superman Returns, conservando su estética tradicional y enlazando su película con las protagonizadas por el ya mítico Reeve. Público y crítica le dieron la espalda.

Hola, soy Brandon Routh y me recordaréis por... no, no me recordaréis.
Hola, soy Brandon Routh y me recordaréis por… no, no me recordaréis.

Sin embargo, Superman es un personaje demasiado grande para ser olvidado en un cajón y menos en estos tiempos en los que no hay superhéroe que no tenga una adaptación cinematográfica de alto presupuesto. Por eso, siete años después de la cinta de Singer, llega a las salas Man of Steel, con Zack Snyder como director y Christopher Nolan como productor y autor de la historia junto a David S. Goyer. El resultado es una superproducción de impecables resultados comerciales. Los artísticos ya son otra cuestión.

Man of Steel vuelve a contarnos la historia de Superman desde su nacimiento en Krypton, su llegada a la Tierra, su infancia en Smallville con sus padres adoptivos, el descubrimiento de sus poderes, su relación con Lois Lane, su enfrentamiento con el General Zod… Efectos especiales aparte y efectistas movimientos de cámara de Snyder aparte, casi nada de esto es muy diferente a lo que vimos en Superman y Superman II. Este Superman al que da vida y cuerpo un Henry Cavill cuyo talento interpretativo se ve eclipsado por su hipermusculado torso (convertido en un elemento clave de la promoción de la película) no es, en ningún momento, un personaje oscuro y atormentado. Sigue siendo el superhéroe íntegro y el icono cien por cien americano que todos conocemos.

Esta escena es FUNDAMENTAL para la trama
Esta escena es FUNDAMENTAL para la trama

Sin embargo, Man of Steel es una película que se toma muy en serio as sí misma. Tanto, que el único chiste en toda la película queda absolutamente fuera de lugar. Tanto, que hay escenas de alto dramatismo que es imposible tomárselas en serio (Kevin Costner y el tornado; Superman hundiéndose en un mar de calaveras). Snyder y Nolan han intentado hacer algo así como “la película de superhéroes más grande jamás contada” y no han escatimado esfuerzos, que van desde las comparaciones casi explicitas entre Superman y Jesucristo hasta escenas de acción con unos niveles de destrucción masiva pocos veces vistos antes en la gran pantalla. El problema es que, una vez transcurridos los 143 minutos que dura Man of Steel, uno siente que no le han contado nada, que la película, a veces, parece un eterno trailer en el que se suceden escenas impactantes que van directamente al grano y que funcionan únicamente por acumulación acompañados por la banda sonora de un Hans Zimmer que últimamente no hace más que revisitar sus hallazgos musicales en Origen. No hay diálogos memorables ni progresión de personajes, algo especialmente grave en el caso de una Lois Lane que sólo se salva gracias a la simpatía natural de Amy Adams. Veremos qué nos propone la secuela.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *