LOST EN LOS PIRINEOS

Mi día de ayer consistió en limpiar la casa para que el tasador se llevara una buena impresión, le gustara el piso y le diga a mi querido futuro banco que el originalísimo apartamento vale una pasta gansa y al banquero le hagan chiribitas los ojos y quiera casarse conmigo. Sí, ya sé que al tasador le da igual que la superficie de la taza del water refulja como nunca y lo único que le importa es lo que mide el piso, pero ya que iba a hacer fotos del baño y de la cocina, que menos que quitar la mugre acumulada durante los últimos días (¿semanas?).

Hoy toca ir a Ikea a pasar la tarde y comprar una estantería para la casa y algún otro mueble de papel forrado en chapa para darle un aire de respetabilidad a esta vivienda. Como compensación a sus servicios de chofer, puede que invite a mi hermano a ir al cine y ver “Expediente X” o “Wall-E”.

Aquí en Madrid la vida es como una sitcom, una telenovela o una serie de amor, sexo y lujo. Vamos, una mezcla entre “Sexo en MD”, “Tribunalose Place” y “Al salir del curro”. En cambio, mis vacaciones pirenaicas prometían ser una mezcla de “La casa de la pradera” con “La tribu de los Brady”. Hemos llegado a reunirnos 25 miembros y miembras de la misma familia, desde mi abuela hasta mi sobrina más joven… y eso que no cuento los tres bebés que esperan tres de mis primas. Seguramente algunos empezarán a tener sudores fríos al pensar en pasar las vacaciones con toda su familia, pero como el más disfuncional de sus componentes puede que sea yo, todo es armonía, risas, comida, cañas en el bar del pueblo, paseos por el monte y tumbarse al sol como los lagartos.

Eso fue así hasta que el día que hacía más calor del verano, decidimos internarnos en el bosque para bañarnos en ese pozo con cascada semioculto en medio de las montañas.

El agua sólo está fría los primeros minutos, luego ya se pierde la sensibilidad.

El cielo se había ido cubriendo mientras caminábamos por el sendero, pero teníamos ganas de bañarnos. En cuanto llegamos ahí, comenzaron a escucharse truenos. Mi hermano y uno de mis primos se metieron en el agua, pero a los pocos minutos ya vimos que había salir de ahí en el menor tiempo posible. Yo me adelanté por el sendero y el cielo se iba oscureciendo como si fuera de noche, los truenos sonaban cada vez más cercanos, el viento sacudía los árboles con fuerza, haciendo un ruido que riete tú de cuando Smokey se aparece en la isla de Perdidos. Era como si la tormenta nos persiguiera. Hasta que nos alcanzó y fue como estar dentro de una nube.

Una vez dentro del coche, tan mojado como si me hubiera duchado vestido, nos dedicamos a esperar a que pasara la tormenta. Y entonces empezó a caer granizo del tamaño de canicas. Sólo faltó que un huracán nos llevara al país de Oz.

Días después, pasando la tarde en un rincón del campo que conozco tan bien como el salón de mi casa, me fui a dar un paseo solo siguiendo el curso de un río habitualmente seco. Cuando llegué a una curva solitaria, empecé a escuchar ruido entre los matorrales. Me paré un momento para comprobarlo: sí, había algo entre los arbustos. Supuse que sería algún excursionista o algún pájaro y seguí caminando. Lo que no pensé es que, de repente, a una veintena de metros delante de mí, en un hueco entre los bojes, iba a aparecer el hocico negro y la enorme cabeza de un jabalí. Al verme, el animal se detuvo y durante un segundo yo pensé en qué iba a hacer si de repente echaba a correr hacía mí. Por suerte, se limitó a gruñir y se dio la vuelta, desapareciendo de mi vista. Yo decidí alejarme del lugar, primero caminando y después echando a correr. Sí, no quedó muy varonil por mi parte, pero uno no es Locke. Además, que me río yo de que un vejete cincuentón se dedique a cazar esos bicharracos con un cuchillo de montaña.

Pero lo que me terminó de convencer de que en cualquier momento me encontraba una escotilla de la iniciativa Dharma en mitad de un rebaño de ovejas fue mi primera foto espectral. Atentos a la imagen. A ver si veis algo extraño entre los árboles.

Bienvenidos a la nave del misterio

Espero que mi fin de semana en Murcia se limite a luchar contra las medusas. Y que Godzilla no se pase por NY a finales de mes.

10 comentarios en “LOST EN LOS PIRINEOS”

  1. Es lo que tiene el norte … en cualquier momento te sorprende la furia de la naturaleza.

    Mola mucho una tormenta en medio del campo, pero siempre y cuando esté uno a resguardo en una cabañica o algo jejeje

    Besicos.

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