LONDRES EN DICIEMBRE

Si tuviera que hablar de Londres en diciembre, lo primero que diría es que es una ciudad gélida. Cuando llegué había nieve en las calles y hielo en el aire. Cero grados, ni frío ni calor. En los canales de Camden placas de hielo flotaban sobre el agua. Por la noche, después de cenar una hamburguesa, envueltos en nuestras bufandas, caminábamos entre las mansiones de Apple Park Road, deslizándonos sobre el hielo como si lleváramos patines invisibles. En un coche cubierto de nieve, alguien había dejado escrito un mensaje de amor. Quizás Scott y Ramona.

Si tuviera que hablar de Londres en diciembre, tendría que hablar de los gorros con forma de animal que llevan algunos londinenses. Hay mercados navideños a la orilla del Tamesis y en Hyde Park. En ellos venden vino caliente, corbatas de madera, complicados puzzles y relojes de bolsillo. Yo quería uno, como el buen caballero decimonónico que en el fondo soy, pero al final no me compré ninguno. En la feria, los más valientes se montaban en atracciones vertiginosas. Yo, en esas situaciones, soy decepcionantemente cobarde.

Si tuviera que hablar de Londres en diciembre, tendría que hablar de la niebla que oculta los últimos pisos del espantoso Centre Point y las agujas del Big Ben. Por la noche, la niebla difumina las luces de la noria y hace que el Priorato de San Domingo adquiera un aire de edificio gótico encantado y encantador. Londres de noche parece el decorado de una película. Sobre todo cuando no hay gente en las calles.

Pero si tuviera que hablar de Londes en diciembre, tendría que hablar también de las masas que llenan las calles comerciales del centro. Tiendas y tiendas. Paseamos entre la ropa, entre las zapatillas, entre los adornos navideños en Liberty. Compré una bola de cristal para mi futura cuñada. Abercrombie & Fitch parecía una discoteca. Las tiendas más lujosas tenían cierto aire de caja de bombones o de caja de caudales.

No podría hablar de Londres en diciembre sin mencionar el brillo del diamante Cullinan, incrustado en el cetro de la Corona, o de las inscripciones grabadas en las paredes de roca de la Torre de Londres por los que ahí estuvieron prisioneros. Tampoco podría hablar de la ciudad en diciembre y no referirme a los tesoros de la National Gallery, a la sonrisa del matrimonio Arnolfini, los misterios que ocultan los embajadores, las bailarinas de Degas, la intimidad de Delft pintada por Vermeer, los girasoles de Van Gogh, la voluptuosidad de la venus del espejo…

Hay muchas más cosas que podría contar del diciembre en Londres, pero las dejaré para más adelante. ¿Cómo será Londres en enero?

11 thoughts on “LONDRES EN DICIEMBRE”

  1. tengo un reloj de bolsillo antiguo. era de mi abuelo y me lo dio mi padre. excepto cuando me pongo el chaqué, nunca lo saco del cajón, así que no te has perdido nada.

    te he dicho que soy muy fan tuyo y de estas entradas? leyéndolas me vuelven unas ganas locas de volver a tener un blog y de juntar más de dos letras para algo que no sea demandar a alguien.

    un abrazo!

  2. pues la tate… que seguro que en enero es igual de bonita que en diciembre :) o la expo de bowie… es lo que vimos nosotros en el gélido diciembre … seguro que con un “ciudadano” de allí las cosas se llevan mejor :)

  3. Si tu chico se va a vivir sin ti a Londres…, mucho me temo que la diferencia de edad hace mella en vuestra relación. Eso es lo que ocurre, que por muy bien que os llevéis, él es mucho más pequeño que tú y ha vivido muchas cosas que tú no has vivido. Así que prepárate para sufrir.

  4. Ángel, pero Scott y Ramona puede viajar por el subespacio y llegar a Londres sin problemas, seguro.

    Álvaro, la verdad es que me gustaría tener un reloj de bolsillo… pero claro, luego, ¿cuándo lo usaría? :-D

    Ros, la Tate ya la vi en la visita anterior… La Tate Modern, me queda la Tate Britain, que también quiero verla.

    Joserra, y además por la noche están iluminados como decorados de películas.

    Lux, jijiji

    Arroz, qué pesimista. Si él se va a vivir a Londres… pues me voy con él! :-) De todas formas, la diferencia de edad es la misma aquí que ahí, y sí, yo he vivido cosas que él no ha vivido… y él ha vivido cosas que yo no. Si me toca sufrir, ya sufriré. No pienso en ello ahora.

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