LONDON. Capítulo III.

El piso perfecto era, según la foto, un pequeño estudio con la cama en una especie de altillo, situado en un barrio céntrico de los considerados “buenos”, y con un precio de alquiler más que razonable. Lo que se conoce con el nombre de “chollo”, vamos.

Así que lo primero que hicimos al salir del hostal el sábado fue ir corriendo a la inmobiliaria para preguntar por él. Nos confirmaron que el piso era real y concertamos cita para verlo a las cuatro de la tarde. Mientras tanto y para hacer tiempo hasta la una, hora en la que teníamos otro piso para ver por la zona de Manor House, montamos en un autobús hasta Archway para seguir viendo las agencias de la zona. Como buenos españolitos en Londres, nos subimos a la segunda planta del autobús, lógicamente. Desde ahí íbamos viendo los monumentos y lugares culturales de interés: “Mira, un Zara, un H&M, un HMV. Mira, otro Zara, otro H&M. Anda, mira, otro Zara, otro H&M, ¿hemos entrado en una especie de bucle?”.

Una hora después llegamos a nuestro destino. Al salir del hotel esa mañana había sentido molestias en el pie derecho, pero al empezar a caminar otra vez por Holloway Road, me comenzó a doler de verdad. Cada vez más. Así que entramos en una farmacia a comprar unos calmantes… ¿Sabéis cuando en los exámenes de inglés te sugieren una situación absurda para hacer la prueba oral? Pues fue algo parecido a esto.

Me: Pain, pain… in my foot. It hurts!
The Chemist: Do you want some pain killers?
Me: Yes, pain killers! Faster, chemist, kill, kill! Kill it with fire!

Bueno, en realidad la conversación no se pareció en nada a esto y fue de lo más anodina, pero es más divertido recordarlo así. Eso sí, el ibuprofeno inglés sabe a caramelo de fresa. Y llegó el momento de ver nuestro primer piso en Londres: un señor de la inmobiliaria más mugrienta del barrio nos montó en un coche y nos llevó hasta un lejano barrio y nos enseñó un piso que hacía que el piso perfecto pareciera una mansión digna de la reina.

El siguiente piso, el de la cita de la una, sólo lo vio Diego mientras yo leía el Times en una cafetería y trataba de no pensar en mi futura cojera. Cuando Diego volvió, la impresión de las cosas terribles que había visto aun estaba presente en sus ojos: extrañas manchas de humedad en el colchón, casa sin electricidad, un cuarto en el sótano donde estaban las lavadoras que parecía el decorado de una película de terror…

Casi corriendo llegamos a la inmobiliaria de Notting Hill unos minutos antes de la cita. La recepcionista nos confirmó que el agente llegaba en seguida, así que entramos en el local de al lado a comer un bocadillo mientras le esperábamos. El local, justo enfrente del palacio de Kensington, se llama “Diana’s” y sus paredes están llenas de fotos de la Princesa de Galas. Mientras yo miraba una en la que Diana de Gales posaba con los dueños del local, sonó el teléfono de Diego. El Acompañante Habitual respondió.

Drama.

El piso perfecto acababa de ser alquilado. “La persona que lo acaba de ver está firmando la señal ahora mismo”, le dijo el agente. Diego le atendió educadamente cuando en realidad se notaba que tenía ganas de estrangularle… Después me miró con ojos tristes y volvió a entonar el mantra ““novoyaencontrarpiso-viviredebajodeunpuente-yomevuelvoaMadrid”.

Nos volvimos al hotel para reflexionar sobre los pasos a seguir después de este golpe de mala fortuna. Pasamos la tarde mirando anuncios y más anuncios de pisos en Internet, buscando alojamiento para Diego por unos días más y abrazándonos en nuestra habitación.

Nubes negras de alzaban en nuestro horizonte.

11 comentarios en “LONDON. Capítulo III.”

  1. Dejaremos que el suspense se prolongue hasta mañana…

    Pues Diana’s estaba bastante bien, yo comí un rico sandwich de huevos revueltos con bacon a muy buen precio. Y puedes ir mirando las fotos de la Auténtica Princesa del Pueblo mientras tanto… :-D

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *