LONDON. Capítulo I.

-Y ahora, el momento más esperado del viaje -anunció el aeromozo por los altavoces con entusiasmo-. ¡La lotería de Ryan Air!

Dos azafatas comenzaron a recorrer el pasillo entre los asientos agitando en el aire fajos de tarjetas para rascar. Me lo habían contado, pero yo no terminaba de dar crédito a las historias que describían los vuelos de bajo coste como mercadillos y bazares a miles de metros de altitud. En aquel momento comprobé que esas anécdotas se quedaban cortas. Por supuesto, compré un par de tarjetas, pero no hubo suerte. Diego y yo nos dedicamos a estudiar la revista de la compañía, que debe ser lo único por lo que no te cobran. Entre las opciones gastronómicas destacaba un combo “botellón” que incluye varias bolsitas con alcoholes diversos, refrescos y cosas para picar. Por 40 euros te montas la fiesta en el avión. Perfecto para aquellos que tienen pánico a volar o aspiran a emular a Melendi.

Al aterrizar en Gatwick, sonó una corneta para celebrar que el avión aterrizaba con unos minutos de adelanto sobre el horario previsto. Por si fuera poco, el aeromozo aprovechó para felicitar al pasajero sentado en el asiento 4A por su cumpleaños. Algunos pasajeros aplaudieron y hasta le jalearon un poco. Supongo que eran los consumidores del combo “botellón”. En el próximo vuelo me llevo una vuvuzela.

Sabes que has llegado a Londres cuando intentas comprar un billete de metro y te encuentras delante de una máquina que te ofrece miles de posibilidades y decenas de tipos de pases que no sabes para que sirven exactamente. ¿Dónde está el Metrobus? Ah, que aquí no hay metrobús. ¿Qué es una Tarjeta Ostra? Cuando decides que es demasiado tarde para ponerte a leer el reglamento del Metro de Londres y optas por comprar un billete sencillo para salir del paso, descubres que cuesta cuatro fucking libras (casi cinco euros, ¡ostras! Ah, de ahi el origen del nombre de la tarjeta.) y que las leyendas que decían que “Londres es muy caro” eran tan ciertas como las que contaban sobre los vuelos locos de Ryan Air. Por supuesto, comprar un billete para Gatwick Express queda descartado desde ese momento. Y puede que también haya que prescindir de comer tres veces al día.

Y así, haciendo cuentas mentales sobre el dinero y alegrándonos de que la libra ha bajado respecto al euro, llegamos a nuestra minúscula habitación en el hostal en la capital de la Pérfida Albión, preparados para vivir emocionantes aventuras. Más en el próximo episodio.

16 thoughts on “LONDON. Capítulo I.”

  1. Por supuesto! Había que participar en el surrealismo del momento. :-D

    Este capítulo, en realidad, es sólo un teaser. Osos no habrá, de momento, pero sí visitas al cementerio victoriano.

  2. La lotería, esos asientos amarillos ¿a que es como estar en el avión más cutre del mundo? Yo recuerdo que en una de las ocasiones que volé con ellos sonaba por el altavoz “se recuerda a los señores pasajeros que tenemos la colonia de Jenifer López tirada de precio” :)

  3. La verdad es que volar con RyanAir es como estar dentro de una teletienda. Y sí, tienen la colonia de Jennifer Lopez y otros productos estelares, como los cigarrillos de vapor de agua…

    La combinación de colores azul y amarillo me recordó al logotipo de Ikea. Siendo irlandeses deberían haber apostado por el verde, ¿no? (Di, Ikea es maravilloso, jajaja, en tu proxima visita a la capital deberías ir!)

    La verdad es que los sitios de comer no son caros. Al Starbucks no fuimos, pero los menus del BurgerKing están más o menos como aquí. De todas formas, se agradece que la Libra esté en crisis. No es lo mismo multiplicar por 1’5 que por 1’2.

  4. Yo tampoco he volado nunca con Ryanair.. y la verdad es que a mi estas cosas me dan vergüenza ajena, no puedo dejar de pensar en los pobres trabajadores y en lo que deben hacer para ganarse el sueldo, que también debe ser low cost claro.

  5. Pues por lo visto es low low low, sí. Por esta noticia, nos hacemos una idea:

    “Un piloto de Ryanair ha respondido a la idea del presidente de la aerolínea, Michael O’Leary, de prescindir del copiloto en los vuelos de corta distancia proponiendo a su vez la sustitución del polémico empresario por un auxiliar de vuelo en prácticas. “Propongo que Ryanair sustituya a su consejero delegado por un auxiliar de vuelo en prácticas cuyo sueldo anual es de unos 13.200 euros”, escribe el comandante Morgan Fischer en una carta al diario Financial Times.”

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