LONDON. Capitulo II.

El despertador sonó a las ocho. O un poco antes. O quizás un poco después. Lo que sí sé es que sonó a una hora indecentemente temprana, pero buscar piso requiere ciertos sacrificios. Aun medio dormidos bajamos a desayunar a una salita diminuta. Ahí el café, ahí el té, ahí la leche. Mira, cereales, tostadas, mermelada, zumo de naranja. ¿Qué habrá ahí, en ese calentador? Levantemos la tapa…

El horror.

Salchichas. Huevos revueltos. Alubias.

Alubias. De color rojizo. De apariencia blanduzca. En una especie de caldo.

¿Por qué alguien querría desayunar unas alubias? Mi horror aumentó aun más cuando descubrí el modo de empleo del desayuno británico: en un mismo plato, troceas la salchicha, pones los huevos revueltos, colocas las alubias en un extremo… ¡Y a revolver! En fin, llamadme continental, pero prefiero mezclar la mantequilla y la mermelada sobre una tostada.

Una vez desayunados, nos fuimos a una zona de la ciudad que no aparece en las guías turísticas donde Diego había recopilado las direcciones de varias agencias inmobiliarias. Estaban en Holloway Road, así que nos fuimos en metro hasta la estación del mismo nombre. Una vez ahí, tuvimos esta conversación:

-Bien, ya estamos en Holloway Road. ¿Dónde está la agencia?

Diego comenzó a hojear su cuaderno.

-Pues… a ver… Sí, está en Holloway Road 19A 56W.
-Eh?
-19 A 56W
-¿A hora vamos a jugar a “Hundir la flota”?
-Era lo que ponía en la web…
-Habrá que preguntar a alguien a ver qué significa eso. 19A, 56W… Tocado.
-Eeeer… Ah no, jejeje, lo tengo aquí apuntado: Holloway Road, 721
-Ajá, pues estamos en el portal 243…
-Habrá que caminar.

Y ahí comenzó nuestra larga caminata por las calles del norte de Londres. Unos quinientos portales más tarde llegamos a la inmobiliaria. Nos atendió una chica rubia y borde que nos dijo que “no, no tenemos ningún piso que se ajuste a ese presupuesto”. Esta respuesta fue, más o menos, la que recibimos en las otras agencias de la zona a la que entramos. Hartos de sentirnos como Julia Roberts cuando va a buscar ropa sin Richard Gere en “Pretty Woman”, decidimos aprovechar la mañana en algo productivo y entramos a un Phone House (en UK, “The Carphone Warehouse”) para que Diego comprara un móvil prepago inglés. El más barato posible. Salimos de la tienda con un teléfono de diez libras y entramos en el BurgerKing a reponer fuerzas con una nutritiva hamburguesa. Sin alubias.

Holloway Road se cruza con Camden Road, así que decidimos seguir por ahí, en búsqueda del piso adecuado. Muchas casas y pisos tienen los anuncios con el teléfono de la agencia decorando la fachada, así que en poco tiempo nos aprendimos los nombres de una decena o más de inmobiliarias. También descubrimos que en Londres hay iglesias que han sido desacralizadas y convertidas en apartamentos y estudios. En Londres, puedes vivir en un campanario de estilo gótico y tener el cuarto de las lavadoras en una antigua sacristía. También hay casas que, por necesidad, tienen que tener un fantasma. Esos torreones, esas chimeneas y esas altas y estrechas ventanas lo piden a gritos.

Al avanzar en nuestro paseo, entramos en más oficinas de inmobiliarias y, por fin, pudimos concertar alguna cita para el día siguiente. Diego se tranquilizó un poco y abandonó el mantra “novoyaencontrarpiso-viviredebajodeunpuente-yomevuelvoaMadrid” (aunque el mantra terminaría volviendo con más fuerza posteriormente, pero no quiero adelantar acontecimientos). Decidimos ver la zona donde está la Escuela de Farmacia de la Universidad y seguimos caminando. Pasamos cerca de la British Library y vimos el espectacular edificio de la estación de Saint Pancras.

San Pancracio

Sentados en un banco delante de la Facultad, en Brunswick Square, Diego llegó a la conclusión de que Londres es una bonita ciudad donde apetece vivir y me dio un beso para celebrarlo. Desde ahí seguimos caminando hacia el Museo Británico y terminamos la caminata en Piccadilly Circus, donde mi madre había pedido que nos paráramos a pensar en los hippies y los años sesenta. Lo hicimos un momento y nos montamos en el metro, de vuelta al hotel.

En la habitación, Diego volvía a estar un tanto preocupado por el mantra “novoyaencontrarpiso” y estuvo un buen rato navegando por Intenet buscando anuncios propicios. Yo le dije que saliéramos a la calle para airearnos y a cenar algo de comida hindú. Caminamos hacia Notting Hill, a través de bonitas calles de casa victorianas, iluminadas como si fueran a rodar una película de época en cualquier momento. Vimos decenas de restaurantes donde nos hubiera apetecido entrar, un cine donde proyectaban “The Secret of your Eyes”, de Campanella, y más oficinas de agencias inmobiliarias. Dimos por hecho que los precios de la zona serían prohibitivos, así que nos pusimos a ver los escaparates por simple curiosidad.

Y de repente, ahí estaba.

El Piso Perfecto.

9 comentarios en “LONDON. Capitulo II.”

  1. Qué asco, yo que desayuno un cortado y media tostada o un “croissant”, como mucho.

    Y qué agobio, por dios, no quisiera verme en la piel de Diego … o sí, porque bien acompañado la cosa es taaaaaaan distinta!!!

    Esperamos ansiosos la continuación de la aventura.

    Besicos!

  2. sí, turismo sí, pero de shopping nadaaaaaa, jajajaaja

    No me imagino viviendo en una iglesia, en plan “tengo el altar hecho un desastre”, además lo de desacralizada suena a que la dejan demoniaca perdida.

  3. ¿Turismo? Pues excepto el rato en el que paseamos por la zona de Piccadillyy el paseo nocturno por Notting Hill, apenas pasamos por zonas turísticas. Eso sí, hemos visto zonas de Londres que no salen en las guías. Estuvo muy bien.

    Buscar un piso es un drama con mucho suspense, además así es más entretenido contarlo, jejeje

  4. Londres es bonita, pero no viviría allí… otra vez.
    Yo trabajé en un restaurante en Notting Hill Gate que se llamaba Calzone.
    Y vivía al sur sur sur en un barrio residencial llamado Forest Hill…

    Qué pasó con el piso de Diego?????

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