Lo que nos dejó la Operación: Parte I

Para bien o para mal, no se entiende la música popular del siglo XXI sin la aparición de los talent-shows protagonizados por jóvenes (o no, vease el caso de Susan Boyle) aspirantes a triunfar en el mundo de la canción. Ya sea a través del Factor X inglés, el American Idol estadounidense o los distintos formatos de La Voz, el universo Pop se ha llenado de nuevos artistas, muchos de ellos de carreras efímeras como la de Gareth Gates y algunos convertidos en superventas como One Direction, Kelly Clarkson, Adam Lambert, Leona Lewis, David Bisbal… Sin embargo, me atrevo a afirmar que ningún país enloqueció tanto con un programa de este género como España con la primera edición de Operación Triunfo.

15 años después, los dieciséis participantes de aquel primer OT se han vuelto a juntar para grabar tres programas documentales en TVE -que estética y temáticamente están siendo mucho mejores de lo que uno podía esperar, convertido en una especie de terapia de grupo colectiva y una reflexión sincera sobre el paso del tiempo y el peso de la fama- y un concierto conjunto que se celebrará el próximo lunes en el Palau Sant Jordi. Como decía Alejandro Parreño en OT. La película, “España se volvió loca”. Millones de espectadores pegados cada lunes a la pantalla, una gira por todo el país que acabó llenando dos noches seguidas el Santiago Bernabeú, discos vendidos como rosquillas el mismo día en que salían a la venta y un fenómeno fan que prácticamente rozaba la histeria colectiva, eso fue parte de lo que nos dejó Operación Triunfo y que forma parte de la vida de todos los españoles: no creo que nadie fuera capaz de escapar al fenómeno, ya fuera para adorarlo o para odiarlo profundamente. Y bajo su capa de espectáculo televisivo y gallina de los huevos de platino, la base de todo era algo tan sencillo como la música y las ganas de cantar. Porque de eso trataba Operación Triunfo, de demostrar talento sobre el escenario cantando clásicos del pop, del soul y del bolero.

Pero, terminado el concurso y con sus discos y carreras en el mercado, ¿qué nos han aportado los triunfitos al mundo musical y la cultura pop? Vamos a verlo.

Fórmula abierta: y hablo con la Luna a solas

Con los cuatro primeros expulsados, Geno, Mireia, Javian y Alex, ValeMusic formó un grupo, lo bautizó como Fórmula Abierta, les grabó un disco con una portada criminal y lo sacó al mercado a un precio de 9.95 euros. Se puede decir que las expectativas no eran elevadas. Se puede decir también que Te quiero más se ha convertido 15 años depués en un tema que se sigue bailando en bodas y verbenas donde la gente aun recuerda cuatro pasos de la coreografía. Eso es pasar a la Historia.

Después Alex fue tocado por el dedo mágico de ValeMusic para lanzar un disco en solitario, siendo sustituido en el grupo por Miguel Ángel Silva y sus biceps, segundo expulsado de OT2… y futuro padre de los hijos de Mireia. Fórmula Abierta aun sacó dos discos más, con sencillos que seguían la fórmula de Te quiero más como Hello My Fiends y Ya llegó el carnaval. Aunque se quedaron muy lejos de repetir el éxito de aquél, Fórmula Abierta se aseguró un par de años de conciertos en las fiestas de los pueblos de la mitad de España. Después Geno lanzó un disco en solitario y acabó entrando en la última edición de Operación Triunfo, convirtiéndose en la primera y última expulsada (de momento) de la historia del programa y regalando al mundo el hashtag #SufroComoGeno. Javián trabajó en musicales, colaboró con La Década Prodigiosa y abrió dos heladerías. Mireia tiene un grupo llamado La Banda de Mireia y también ha sido parte de La Década Prodigiosa. ¿Y Alex? Alex no triunfó con su disco en solitario -se llamaba Inquietudes, quesito rosa en el Trivial-, pero sí con Los Lunnies. Y su dueto con David Bustamante, Dos hombres y un destino, ha sido destruido en miles de karaokes de toda España a grito pelado: por el amor de esa mujeeeeeEEEEEErrrrr…

Natalia: voy a volverme loca (como Britney)

La benjamina de la Academia fue la primera en publicar su disco en solitario y la verdad es que no se puede quejar: la llevaron a Londres a grabar varios temas salidos del ordenador sueco del pop. No es de extrañar que por eso el Vas a volverme loca se podía confundir fácilmente con el Ven conmigo baby de Christina Aguilera. Sin embargo, Natalia quería ser la Britney española y, más o menos, lo consiguió: Britney presentó Club Disney, Natalia fue presentadora de Megatrix; Britney grabó una versión de I love rock and roll, Natalia iba aun más lejos y versionaba el Highway to Hell de AC/DC (en su tercer disco, verdad verdadera); Britney se refugió en Las Vegas, Natalia en Sanlucar de Barrameda para ir lanzando un par de sencillos anuales (y algunos han entrado en la lista Promusicae); Britney se rapó el pelo al cero, Natalia pasó la peor noche de Reyes de la historia, llorando sola en un piso de Barcelona. Y por si fuera poco, fue de las pocas que consiguió que su segundo disco tuviera un éxito a la altura de su début: Besa mi piel, que es como la versión cañí del I’m a slave 4U. Oops, lo hizo otra vez.

Juan Camus: mi música es mi voz

Juan fue el requetenominado de la Academia y el requetesalvado por la audiencia hasta que decidió sacrificarse y pedir el voto para Verónica (ésta es su versión de la historia, no la del resto del mundo). Juan iba a ser parte de Fórmula Abierta para grabar clásicos como La Colegiala de Gary Low, pero decidió abandonar el proyecto y lanzar su carrera en solitario. Casi coincidiendo con el arranque de la segunda edición de Operación Triunfo, publicó su disco de debut titulado Las cosas que nunca te dije. No vendió mucho, pero por lo menos puede presumir de haber sido el único triunfito de su edición en lanzar un sencillo compuesto por él. Mía era un intento de RnB a la española (¿podemos llamarlo arembi?) y el videoclip estaba dirigido por su peor enemigo.

Juan publicaría meses después un segundo disco de estilo latino del que mejor no acordarse demasiado, entraría en Gran Hermano Vip, grabaría un disco de canciones de Navidad y varios sencillos, el último, una versión del Me Cuesta Tanto Olvidarte de Mecano dedicada a su padre con una portada a la altura del Dangerous de Michael Jackson. Ahora vive en Londres y triunfa con sus empresas de ropa (Camus London), cosmética (Genetica Cosmetics) y joyería (Crystarella). Al menos eso es lo que cuenta en su Twitter e Instagram, lo podéis comprobar fácilmente… a no ser que estéis entre las miles de personas a las que ha bloqueado.

En todo caso, Juan fue quien tuvo la idea de hacer una canción junto a todos los compañeros y de ahí nació el himno generacional Mi música es tu voz (aunque, si la memoria no me falla, el estribillo “A tu lado me siento seguro, a tu lado no dudo” se lo añadió después Alejandro Abad, asegurándose así una posterior lluvia de millones).

Alejandro Parreño, perdido en el paraíso

Alejandro era diferente. Él era rockero, llevaba boina y tenía una novia polaca. No duró mucho en el concurso, su foro de Portalmix estaba siempre desierto, pero consiguió grabar un disco en solitario y hasta grabar dos videoclips: Ellas y Perdido en el paraíso. Siempre sospeché que lo de “perdido en el paraíso” se refería también a su situación extraña dentro del programa. Su debut, producido por Pablo Pinilla (productor también de Modestia Aparte, David de María, Pastora Soler, Platón, Tess y el disco de Miriam Diaz Aroca, entre muchos otros), tenía algo que faltaba en muchos de los discos de sus compañeros de promoción: coherencia interna. En otras palabras, no daba vergüenza ajena. Después llegaría Me Río, al que le servía de carta de presentación Si los ángeles se rinden. No tuvo tanto éxito, pero por lo menos seguía sin dar vergüenza ajena.

Alejandro ha estado un tiempo retirado del mundo de la música debido a la muerte en 2012 de su hermano Gonzalo Parreño, con el que había publicado un disco en 2007 formando el grupo Nómada y que antes había particado en las grabaciones y giras de sus trabajos en solitario. Ahora prepara su regreso y yo, desde luego, espero que le vaya bien.

Naim Thomas: Vale Music no cree en mí, ¿y qué?

Naim Thomas entró en la Academia sin decirle al mundo que era actor y que había protagonizado de adolescente una película tan interesante como Caricias, de Ventura Pons. Terminó el programa en una especie de tierra de nadie, ya que nunca estuvo entre los favoritos del público ni entre los marginados prenavideños. En la gira cantó Adoro junto a David Bisbal subido a una cesta que se elevaba sobre el público provocando el delirio de las masas. Consiguió un número uno en la lista de sencillos española gracias a que hizo una versión del Cruel to be kind, de Nick Lowe, para un anuncio de cervezas.

Por razones que se me escapan a entender, Naim Thomas decidió por aquel entonces que su estilo era el Funky (adelantándose en casi década y media a Mark Ronson) y su discografía luce temas con nombres como Ven a Funky Street o Funkmenco. Si alguien sospechaba que Naim no estaba muy contento con el trato recibido por su productora, acertaba: su tema Vas a entender, de su segundo disco, era un acróstico en el que se leía “Vale Music no cree en mí y qué”. Su madre, por su parte, coescribió un libro titulado OT. La cara oculta en la que sacaba a la luz los trapos sucios del programa y el mobbing que sufrió su hijos y cuya publicación fue paralizada por una demanda judicial de Gestmusic. Si alguien tenía motivos para no ir al reencuentro era él. Y sin embargo, ahí está. Supongo que querrá sus royalties por Mi música es tu voz. O quizás ya le dé igual todo lo relacionado con OT, al fin y al cabo lleva años trabajando en musicales.

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