LAS REGLAS DEL JUEGO

Desde el Código de Hammurabi a la Constitución Europea, la sociedad humana ha intentado organizarse según una serie de reglas y de principios. Platón y los filósofos hablaban de la justicia. Jesús y otros líderes religiosos hablaban del amor y del perdón. Los revolucionarios franceses cantaban a la libertad, la igualdad y la fraternidad. Los bolcheviques querían colectivizar la propiedad privada. Después de la derrota de los totalitarismos en la Segunda Guerra Mundial se fundó la ONU y se promulgó la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Todo esto y mucho más nos han enseñado a todos desde pequeños.

Pero no. Estábamos todos equivocados. El ejército de un país autoerigido en líder del mundo occidental y presidido por un ganador del premio Nobel de la Paz puede realizar una operación militar en un país extranjero, ejecutar a un líder terrorista y lanzar su cadáver al mar. El Nobel de la Paz lo cuenta después por televisión, se despide con un “Dios bendiga a Estados Unidos” y ninguno de sus aliados occidentales hace la más mínima objeción. Ni siquiera esos que miran mal a Israel cuando se deshace de algún que otro terrorista palestino con un lanzamiento de misiles inteligentes.

Se supone que nosotros, los buenos de esta historia, nos distinguimos de los malos porque nosotros respetamos una serie de leyes y de principios. No nos saltamos las reglas del juego. No actuamos movidos por un “ojo por ojo, diente por diente” que no funciona correctamente ni en los patios de colegio. No nos tomamos la justicia por nuestra mano. Y no podemos renunciar a estos principios escudándonos en el pragmatismo o en un “seamos realistas, el mundo funciona así”. Porque el mundo funciona de la manera en la que nosotros lo hacemos funcionar.

Hay temas en los que no podemos ser relativistas. Hay cosas que están bien o mal. Si aceptamos que Estados Unidos puede matar a su enemigo sin que medie un juicio previo, ¿con qué autoridad nos podemos oponer a otros actos que vulneran la legalidad internacional (pienso en Guantánamo, por ejemplo: si está bien ejecutar al líder supremo, está bien encarcelar a sus supuestos seguidores) y los derechos humanos? ¿Y por qué un Estado puede hacerlo y yo, como ciudadano particular, me tengo que someter al imperio de la ley? Cuando se empiezan a poner excepciones a las normas, cuando hacemos trampas, la libertad y la justicia comienzan a verse amenazadas.

11 comentarios en “LAS REGLAS DEL JUEGO”

  1. Completamente de acuerdo contigo.

    Pero lo que a mi me ha resultado tremendamente curioso de todo este asunto es ver aplaudir a los mismos que con lo mismo hace más bien poco se rasgaban las vestiduras.

    Da mucha pena ver hacia donde nos dirigimos.

  2. No te voy a quitar la razón, porque la tienes, pero vamos, que no me verás manifestándome en ningún sitio porque se ha cometido una injusticia más de las que se cometen a diario en este mundo.

    No sé, es como si la madre de Sandra Palo asesina al Rafita, por poner un ejemplo tonto. Pues sí, está mujer ha obrado fuera de la ley, pero no voy a ser yo la que la denuncie si soy el único que me he enterado del asesinato.

  3. Di, Raquel, yo también me he quedado muy sorprendido al ver la reacción de políticos, prensa y redes sociales. Sorprendido y preocupado.

    CT, ains, del tema de Bildu no quiero hablar, porque tengo sentimientos enfrentados. Pero siendo racional, espero que les dejen participar en el proceso electoral (y que luego les vote poca gente, pero ello ya está en manos de los electores y su decisión es soberana).

    Joserra, no sé qué decirte, durante el mandato de Obama ha seguido muriendo mucha gente en Afganistán. Y Bush capturó a Sadam Husein y lo entregó a las autoridades de Irak para que lo juzgaran.

    Dani, yo puedo entender lo que ha pasado con Bin Laden y podría entender a la madre de Sandra Palo asesinando al Rafita. Pero entonces también entendería a la novia/madre/hermano del Rafita asesinando a la madre de Sandra Palo… y si no queremos entrar en círculos viciosos de venganza y de violencia, tenemos que respetar las reglas.

  4. Más que venganza, es un castigo, diría yo. Hay matices. Y sí, regulado, con posibilidad para defenderse o explicarse y con unas reglas y unos códigos públicos.

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