LAS ARENAS DEL TIEMPO

A finales de los 90, coincidieron en la cartelera una serie de películas que cuestionaban si nuestra realidad era efectivamente real o si era una simulación producida por máquinas (“The Matrix”), un sueño convertido en la pesadilla de un coma inducido (“Abre los ojos”), un juego en el que nos vemos involucrados contra nuestra voluntad (“The Game”) o la grabación de un programa de televisión (“El Show de Truman”), por citar algunos de los ejemplos más famosos. Teorías de la conspiración y estados de ánimo paranoicos eran argumentos habituales en ficciones de éxito como “Expediente X”. Otras películas cuestionaban la fiabilidad del narrador principal (“Sospechosos Habituales”) o su existencia tangible (“El club de la lucha”), e incluso manipulaban los esquemas básicos de la narración cronológica (“Memento” o “Pulp Fiction”, por ejemplo). La realidad virtual era un recurso narrativo que aparecía en películas tan distintas entre sí como “El cortador de cesped”, “Acoso” o “Strange Days”.

Los períodos de fin de siglo suelen considerarse sociológicamente como épocas de crisis y desasosiego espirituales, en las que el miedo al futuro se hace especialmente patente: si en el año 999 mucha gente creía que el año 1000 traería el Segundo Advenimiento de Cristo y el inicio del Apocalipsis, en el año 1999 mucha gente creía que el año 2000 traería la rebelión de las máquinas (vía “Efecto 2000”) y el inicio del Apocalipsis. Cuestionar los fundamentos básicos de la realidad sólo es una expresión más de ese estado de ánimo crítico y de ese miedo. No hace falta leer ensayos y tratados para comprobarlo, es suficiente ver qué las películas que pongo como ejemplo eran superproducciones para todos los públicos, expresiones del arte más comercial, popular y masivo…. y como tales, reflejo hasta cierto punto de las inquietudes de las masas.

Diez años después, las superproducciones se han convertido en un festival de efectos especiales donde la realidad se manipula hasta extremos inverosímiles: los héroes saltan distancias imposibles, caen desde las alturas sin hacerse un rasguño, se recuperan de sus heridas en un tiempo fugaz, sobreviven a explosiones capaces de demoler edificios y además lo hacen todo en cámara lenta. No es de extrañar que para justificar tanta fantasía muchos de los protagonistas de las películas de éxito sean superhéroes o personajes enfrentados a algún tipo de poder mágico o sobrenatural, ya sean fantasmas, ángeles o islas misteriosas. Edificios, ciudades, paisajes enteros son reinterpretados en clave digital para aumentar su espectacularidad, su belleza o su grandiosidad, sobre todo a la hora de destruirlos en pantalla. Paradójicamente, el 3D, antiguamente considerado un recurso que aumentaría el realismo de la narración audiovisual, se está utilizando para hacer más tangibles mundos imaginarios como Pandora o El País de las Maravillas.

Si a este hecho añadimos que nos estamos acostumbrando a que toda la publicidad gráfica (y lo que no es publicidad también) esté filtrada digitalmente para eliminar cualquier imperfección, sombra o defecto, nos encontramos con que, en unos años, hemos pasado de ver narraciones que cuestionaban la realidad a entregarnos a narraciones donde la realidad es sustituida por un simulacro artificial… sin que ello perjudique a la credibilidad o verosimilitud de la película o serie.

¿Cómo interpretarlo en clave sociológica? ¿Dentro de poco, la realidad nos parecerá insoportablemente pobre, gris y triste comparada con las propuestas audiovisuales? O quizás en estos tiempos en que el miedo se ha hecho real (miedo al terrorismo, miedo al colapso económico) nos lo parezca ya, de ahí el éxito de todas estas propuestas escapistas, intrascendentes y artificiales. Con el tiempo, llegará un momento en que la realidad en sí misma parecerá menos auténtica que las imágenes que los medios nos ofrecen de ella. Lo falso se habrá convertido en lo verdadero. ¿Qué haremos entonces?

6 thoughts on “LAS ARENAS DEL TIEMPO”

  1. Yo, particularmente, me seguiré fijando en lo que me cuentan y no tanto en cómo me lo cuentan, y así preferiré, por verosímil y coherente, el sentimiento de amistad de Toy Story antes que el realismo pretendido de Closer.

  2. Depende de cuál sea, algunas realidades paralelas son “Universo de Dolor”, :-D

    Ángel, pero el cómo es muy importante, ya que marca cánones y estándares. Por lo demás, no creo que “Closer” tenga un realismo pretendido, ya que habla de emociones tan reales como las que pueden mover a los personajes de “Toy Story” o “Up”. Realismo pretendido es el del señor Hanecke, por ejemplo. Aunque aquí hablo de arte para las masas, no de arte para minorías.

  3. Que no se destapa ni un poquito en toda la peli??? Pues no pienso ir a verla, ea!

    Y lo de la evasión de la realidad es una constante, en la historia y en las vidas personales de cada uno, al menos para mí, el medio es lo de menos.

    Besicos.

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