LA VIDA DE LOS OTROS

En una iglesia, las gentes de la alta burguesía ocupan los bancos con mucha antelación para no tener que estar de pie durante la celebración de la misa del gallo. En uno de ellos, mientras esperan a que comience la ceremonia, dos hermanas hablan:

-¿Sabes que X hizo una cena en su casa con toda su familia para decirles que es homosexual?

La otra mujer permanece en silencio un momento, traga saliva y responde:

-Yo también.
-Tú también, ¿qué?
-Que yo también soy… homosexual.

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En otra etapa de su vida, una amiga trabajó durante una temporada cuidando un comedor infantil en un colegio. Los niños eran especialmente traviesos y se dedicaban a corretear de un lado a otro en vez de obedecerla. Un día, uno de ellos se despellejo el dedo con una puerta de seguridad. Llorando a moco tendido, se lo enseñó:

-Señorita, me he hecho daño en el dedo.

Mi amiga vio el dedo del niño, despellejado de tal manera que se veía el hueso a través de la carne ensangrentada, y se desmayó.

-Ve a donde la directora y di que te lleve al hospital, rápido -dijo desde el suelo, incapaz de levantarse.

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Hace décadas, mi madre tuvo un accidente de coche. El vehículo se salió de la calzada, dio un par de vueltas de campana y terminó en medio de un campo de trigo recién segado. Cuando fueron a socorrerla instantes después, a pesar de que tenía la cabeza abierta y la cara ensangrentada, lo único que decía era algo así como “mis zapatillas, donde están mis zapatillas”. Los que la ayudaban debieron de pensar que el golpe la había dejado medio atontada. Ella contó después que lo único que sentía era como las briznas de espigas cortadas se le clavaban en la planta del pie.

Hace poco una amiga tuvo un accidente de moto y su primera preocupación al levantarse del suelo fue que le habían roto las medias y el vestido.

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En una fiesta a la que una amiga trajo bocadillos de chorizo en una bolsa de Carolina Herrera, tuve esta conversación telefónica con Diego:

-¿Y cuándo vuelves?
-Mañana, por la noche, que el tren sale muy tarde de Pamplona.
-¿Y qué harás todo el día?
-Pues estar con mi madre, así le cuento que vas a venir a la boda.
-¿Cómo? ¿Que aun no le has dicho que vas a la boda? No me lo puedo creer, perdona pero te voy a colgar.

Dicho y hecho, me colgó y nos dedicamos a discutir por sms, como hacen las parejas bien avenidas en estas situaciones. Volvimos a hablar por Skype la noche siguiente:

-Bueno, pues ya le he dicho a mi madre que vienes a la boda.
-Ah, ¿y qué dijo?
-Pues al principio se sintió incómoda, tardó un poco en reaccionar…
-¿Cómo?
-Bueno, es que ella se toma estas cosas de forma muy melodramática. Pero bueno, yo le dije que en algún momento tendría que conocerte y que la boda de J. era una buena ocasión para ello…
-¿La boda de quién?
-De mi amiga J.
-Aaah, yo pensé que hablabas de la boda de tu hermano.
-¿Cómo? Pero si mi madre sabe que vas a la boda de mi hermano desde antes de Navidad o así…
-Jajajaja, ¿y ahora voy a tener que ir a Pamplona en mayo?
-Pues sí, jajajaja.

Con estos materiales que me rodean, ¿cómo escribir algo que no sea autobiográfico o basado en hechos reales?

9 comentarios en “LA VIDA DE LOS OTROS”

  1. Qué bonito todo. No sabía lo del accidente materno. Tres cosas:
    -En lo del accidente me he imaginado a Ruth Fisher en el coche.
    -El segundo párrafo de esa anécdota debería ser off the record.
    -Las siglas CH a lo mejor eran de chorizo y no de Carolina Herrera.

  2. Muy buenas todas, pero para mi gusto la mejor la primera, me ha encantado imaginar a las hermanas en la iglesia esperando la misa del gallo y teniendo semejante conversación.
    Me la quedo para un corto ;-)

  3. me han encantado todas las historias, escribe sobre la que quieras.
    Yo tuve un accidente de moto hace mil años y mi preocupación era que mis padres no se enfadaran por ser tan torpe de haberme hostiado con ella….

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