La teoría del todo

La Teoría del Todo

Cuando uno ve el trailer de La teoría del todo, se teme que va a encontrarse con una película al más puro estilo The Imitation Game, pulcramente dirigida, brillantemente interpretada, pretenciosamente escrita y emocionalmente glacial. Afortunadamente, esta película basada en la vida de Stephen Hawking y su esposa Jane Wilde acierta en todo lo que su compañera de nominación a Mejor Película en los Oscars de este año fracasa.

Aunque sólo sea por sus apariciones en Los Simpsons, la figura de Stephen Hawking forma parte de la cultura popular y tanto sus teorías científicas como su vida privada son bastante conocidas por el público. La teoría del todo, basada en el libro de memorías de Jane pero narrada principalmente desde el punto de vista de Stephen, hace un recorrido por sus vidas equilibrando hábilmente su carrera como físico, desde su tesis en la Universidad de Cambridge hasta la publicación del famoso libro Breve historia del tiempo, con lo que realmente interesa a su guionista Anthony McCarten y su director James Marsh, autor del documental Man on Wire: contar una historia de amor sencillo, duradero y real entre dos personas tan diferentes como complementarias, sin eludir los momentos oscuros y conflictivos.

Sin embargo, el gran mérito de La teoría del todo es mantener los pies en el suelo en todo momento, evitando caer en la grandilocuencia típica de películas que hablan de los grandes temas como Amor, Dios o Universo. No hace falta envolver estos conceptos con grandes despliegues pirotécnicos para que resulten emocionantes y por eso ni el trabajo como director de James Marsh abusa de grandes efectismos ni la delicada y sutil banda sonora del islandés Jóhann Jóhannsson alcanza tonos épicos. Tampoco sus actores se dedican al histrionismo, como buenos seguidores de la tradición de los intérpretes británicos, y eso que no hay nada más tentador que un personaje aquejado de una grave enfermedad para dar rienda suelta a la gestualidad exagerada. Eddie Redmayne, más que posible ganador del Oscar al Mejor Actor, interpreta a Hawking como al propio científico le habría gustado, dando más importancia a su sentido del humor, su trabajo diario y su relación con Jane que a su progresiva parálisis. Junto a él Felicity Jones interpreta el papel de su esposa Jane con una sutileza y discreción propia de las actrices que saben llenar la pantalla con su sola presencia.

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