LA NOCHE EN BLANCO

El sábado por la tarde las calles del centro de la ciudad parecían estar más abarrotadas de lo habitual. En algunas plazas habían montado pantallas al aire libre y en la Gran Vía habían instalado varias plataformas con focos y altavoces. Pocas horas después, miles y miles de personas pasearían por la ciudad, buscando alguna actividad cultural que no estuviera ocupada por la marabunta humana o no tuviera una cola infinita para acceder a ella. Al menos, eso me han contado, porque yo en esos momentos estaba muy lejos de allí…

Yo estaba en una casa unifamiliar, de estas con jardín y piscina, invitado a una barbacoa universitaria de jóvenes veinteañeros. Seguro que creéis que fue todo al más puro estilo “Física o Química”: sexo, alcohol, drogas y mucho drama. Bueno, alcohol sí que hubo, pero los únicos que se atrevieron a tirarse a la piscina lo hicieron con el bañador puesto. Alguna parejita se ausentó en algún momento de la noche, pero por lo que vi, sólo se dedicaron a hablar y cogerse de la manita. A las cuatro de la mañana el anfitrión se retiró a su habitación a tocar la guitarra y cantar canciones tristes en compañía de cuatro o cinco amigos. El resto del tiempo lo pasamos alrededor de la televisión, disputando un reñido maratón de Singstar. Empezamos con el Party, seguimos por el Pop, pasamos por el de OT y terminamos con el de Pop Hits a las seis de la mañana.

A esa hora, Diego y yo nos volvimos a casa en su coche. En las calles había controles policiales, mucha suciedad y mucha gente volviendo a sus casas… o siguiendo la fiesta, nunca se sabe. Parecía que La Noche en Blanco había sido un éxito. Aunque lo que me pregunto es porque la gente no irá a los teatros, los museos y las salas de exposiciones el resto del año.

11 thoughts on “LA NOCHE EN BLANCO”

  1. A mí es que las masas de gente también me repelen, así que no me importó no participar en La Noche En Blanco… Y soy adicto al Singstar, a pesar de que hice el ridiculo en el 95% de mis interpretaciones, jajaja. Claro, que si es con el Acompañante Habitual, mejor que mejor.

    Madrid tiene ríos y ríos de cultura todos los días y todas las noches.

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