LA ISLA MALDEN

Esta historia comienza cuando el joven rey de Hawaii, Kamehameha II, y su esposa, Kamamula, viajaron a Inglaterra en mayo de 1824. Ahí fueron recibidos con grandes honores por la aristocracia londinense, fueron a fiestas y a la ópera. Incluso el rey Jorge IV iba a recibirles, pero el encuentro tuvo que ser suspendido debido a que Kamehameha y Kamamula contrajeron el sarampión, una enfermedad para la que los nativos de Hawaii no tenían inmunidad en aquella época. Ambos murieron en pocas semanas. En septiembre de ese año, una enorme fragata de la marina británica, el HMS Blonde, capitaneada por George Anson Byron, primo del famoso poeta, partió del puerto de Woolwich para repatriar sus cuerpos.

La fragata llegó a Hawaii en mayo de 1825, donde se enterró a los reyes con gran solemnidad y boato. Durante su viaje de regreso a Inglaterra, el Blonde descubrió uno de los lugares más misteriosos del Pacífico: la pequeña Isla Malden. Fue el 30 de julio de 1825.

isla malden

La isla Malden, llamada así en honor a Charles Robert Malden, uno de los oficiales del Blonde y primer explorador del territorio, tiene una forma triangular y una superficie que no supera los 40 kilómetros cuadrados. Playas de fina arena rodean su costa. Su interior está formado por una llanura cuyo punto más alto apenas alcanza los diez metros por encima del nivel del mar y por una laguna de agua salada poco profunda conectada con el mar por túneles subterráneos. La isla es árida y no crecen árboles en ella, sólo hierbas, flores y arbustos propios de Oceanía. Un par de especies de lagartos y aves marinas migratorias fueron los únicos habitantes del lugar con los que se encontraron los tripulantes del Blonde.

Ruinas de la Isla Malden

Sin embargo, al explorar el terreno de esta pequeña isla sin árboles ni fuentes de agua dulce, Malden y sus hombres descubrieron ruinas prehistóricas que demostraban que el lugar había sido habitado en tiempos anteriores. La isla Malden alberga un total de 21 yacimientos arqueológicos donde se han encontrado restos de poblados, tumbas, pistas y plataformas donde se levantaban templos megalíticos así como un pie gigante. Aunque no son tan famosas como los moais de la isla de Pascua, los ocultistas de la época consideraron que estas ruinas eran una prueba evidente de la existencia de Lemuria o de la Tierra de Mu, un supuesto continente perdido que se habría hundido en las aguas del océano Pacífico en tiempos remotos. Estudios científicos más fiables indican que son los restos de una cultura polinésica que habitó el territorio durante varios siglos y que podía haber estado formada por unas cien o doscientas personas. El agotamiento de los recursos naturales de la zona -algo que también sucedió a los pobladores de Rapa Nui, quienes talaron todos los árboles de la isla y estaban al borde del colapso cuando llegaron al lugar los navegantes europeos- podría haber sido la razón por la que desapareció esta civilización. O quizás un tsunami arrasó la isla.

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Durante la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, la isla Malden fue visitada por balleneros y recolectores de guano. Estos llevaron consigo diversos animales domésticos: cerdos y cabras terminaron muriendo, pero actualmente aun subsisten en la isla gatos y ratones. Sin embargo, debido a la aridez de la isla y la escasez de agua potable, la isla dejó de ser explotada a principios de la década de los 30. En 1956, el Gobierno británico la utilizó como lugar para hacer tres pruebas termonucleares atmosféricas. Finalmente la isla quedó bajo el control de la República de Kiribati cuando el archipiélago se independizó en 1979. Actualmente es una reserva natural y apenas recibe visitantes.

7 pensamientos en “LA ISLA MALDEN

  1. Jgts

    Que el rey se llamase “Kamehameha” (en español “Ooon-daaa-viii-taaal-¡yaaa!”) me ha impedido seguir leyendo hasta que me he dejado de reir… xD

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  2. ace76 Autor

    Sí, creo que por esa razón el artículo de la Wikipedia sobre esta isla obvia el nombre del rey, jgts, :-)

    Atlántida no, mce, Lemuria!

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  3. ace76 Autor

    Se sobrevuela la isla en un avión y se espera a que alguien deje de pulsar los números, claro.

    No, se va en barco privado. De hecho, nadie vigila la isla y nadie la controla. Pero tampoco hay nada que ver.

    Ni siquiera hay lemures.

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