La fiesta (afónica) de Mika

Aun quedaba una hora para que se abrieran las puertas de La Riviera y la cola de personas que esperaban para entrar comenzaba a convertirse en una espiral sobre sí misma. Aunque pasar del Palacio de los Deportes en su último concierto en Madrid a la sala a orillas del Manzanares es un indicativo de la caída de su popularidad, creo que Mika conserva el tirón suficiente para poder llenar un recinto algo mayor.

Una vez dentro de La Riviera se notaba que el público tenía ganas de pasárselo bien. Algunos fans comenzaron a lanzar caramelos y a inflar globos mientras sonaban el Into the Groove de Madonna o el Meddle de Little Boots, entre otros temas. Pocos minutos después de las nueve se apagaron las luces y la banda salió al escenario, todos uniformados con pantalones grises, camisas blancas, tirantes y gorras. Con Relax, take it easy comenzó la fiesta pop de un Mika que no dejó de bailar y sonreír en toda la noche. Antes de empezar la segunda canción, tuvo que disculparse ante el público en su más que aceptable español por no estar en las mejores condiciones para cantar y explicó que había estado a punto de suspender el concierto, pero que había preferido arriesgarse y contaba con nuestra ayuda para salir airoso. Aunque hubo momentos en que temí que Mika tuviera que poner fin al concierto antes de lo previsto al verle sufrir con temas como Rain o Stardust, el chico que sabía demasiado suplió sus problemas vocales con su encanto personal y esa complicidad que consigue crear tanto con sus seguidores como con los músicos que le acompañan sobre el escenario, al que subieron también una veintena de fans para hacer una especie de coro en algunos momentos de la noche.

Al igual que The Origin of Love, el concierto fue un claro reflejo de que Mika está atravesando un buen momento en lo personal. La noche fue una fiesta en la que apenas hubo lugar para las canciones más tristes o melancólicas de su repertorio: no hubo Over my shoulder, ni Happy Ending, ni tampoco (inexplicablemente) Overrated o Make you happy. El repertorio se centró principalmente en las canciones de su último disco y en los temas más famosos de su ópera prima, mientras que The boy who knew too much sólo estuvo representado por Blue Eyes, Rain y We Are Golden, que tuvo el honor de cerrar el concierto. Era el punto final a una noche que tuvo grandes momentos como una versión prolongada hasta los diez minutos de Love Today, un tema que cada vez me parece mejor; un Love you when I’m drunk con el estribillo adaptado al español (“sólo te quiero, sólo te quiero, yo te quiero con una copa, una copa de más”) y un Elle Me Dit cantado en francés, como corresponde. Con canciones así y con la fidelidad a prueba de bombas (y afonías) de sus seguidores, Mika no debería preocuparse demasiado por su futuro en la industria.

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