La espuma de los días

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-Siento que toda mi vida depende de este momento preciso. Y si fallo…
-Yo pienso lo contrario, si se falla, lo intentamos al momento siguiente, y al siguiente. Tenemos toda la vida para conseguirlo.

La Espuma de los Días es la película más reciente de Michel Gondry, director francés de anuncios publicitarios, videoclips y películas a los que se les puede calificar fácilmente de maravillosos. Gondry es un creador de imágenes oníricas donde el mundo real y el imaginario se mezclan sin ningún problema y sin ninguna razón evidente. Se puede decir que sus creaciones son algo parecido a sueños filmados, pero nunca lo había hecho de forma tan evidente como en La Espuma de los Días. Con sus antecedentes creativos, era evidente que esta novela francesa, escrita por Boris Vian en 1947, era un material perfecto para él. No en vano, el propio Vian explica en la introducción del libro: “Cette historie est entièrement vraie, puisque je l’ai imaginée d’un bout à l’autre (Esta historia es completamente verdad, porque me la he imaginado de cabo a rabo)”.

Desde el comienzo de le película, Gondry sumerge al espectador en este universo enloquecido donde todo parece posible y las reglas de la lógica no se cumplen. Los primeros cinco minutos no dejan respiro: la vida cotidiana de Colin, el joven protagonista de esta historia, se nos muestra a un ritmo vertiginoso. Apenas sabemos de él otra cosa que tiene dinero suficiente para no tener que trabajar y que es joven y guapo como Romain Duris. Tiene un abogado que cocina para él, un amigo fanático de Jean Sol Partre, a todos les gusta el jazz, un ratoncito recorre la casa a través de túneles transparentes… una casa que, por cierto, parece un vagón de tren suspendido entre dos edificios, y donde el timbre cobra vida como un insecto metálico cada vez que alguien llama a la puerta y donde la comida se retira de la mesa tirándola al suelo y parece que por las ventanas se puede ver cualquier sitio de París y… Está claro que tanto Vian como Gondry proponen un desafío al lector y al espectador: si se acepta ese universo, se disfrutará de la propuesta. Si, en cambio, la cabeza del lector y del espectador empieza a dar vueltas… mejor que lo deje.

Porque La Espuma de los Días es una sucesión de momentos donde los personajes se juegan algo importante, especialmente conforme avanza el relato y Colin conoce a Chloé, una mujer con la cara y el cuerpo de Audrey Tatou de la que se enamora locamente en una fiesta, con la que tiene una hermosa cita por los cielos y los suelos de París, con la que se casa en una ceremonia con coches y cohetes y por la que tiene que empezar a trabajar cuando ella enferma en su luna de miel. La Espuma de los Días es un festival de imágenes evocadoras, muchas de ellas conseguidas gracias a efectos especiales y trucos de cámara tan artesanales como efectivos que habrían entusiasmado a George Melies, y de diálogos surrealistas y detalles de crítica social que pueden recordar al Godard de Pierrot, el Loco. Pero aunque el mundo de Colin y Chloé no tenga lógica ni coherencia, hay algo en ellos que sí la tiene: sus sentimientos. Y es a través de ellos por los que La Espuma de los Días acaba siendo una de las películas más emocionantes de la temporada.

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