La caza

La Caza

Cuando Lars Von Triers se sacó de la manga el manifiesto Dogma’95, lo que promulgaba era la búsqueda de un lenguaje cinematográfico puro, reducido a unos elementos esenciales donde, por ejemplo, no tenían cabida la música extradiegética, los focos de luz o los trípodes. En realidad, lo que consiguió es que se estrenaran en nuestras salas y se proyectaran en los festivales de medio mundo toda una colección de películas danesas y de otras filmografías que respondían a los principios de ese movimiento y que, con el tiempo, han terminado cayendo en el olvido, muchas de ellas de forma más que merecida (Los idiotas, Mifune, Un hombre de verdad, Italiano para principiantes…). Sin embargo, el primer título Dogma era Celebración, un potente drama familiar directo a las entrañas que nos permitió descubrir el trabajo del director Thomas Vinterberg.

Catorce años después se estrena en España La Caza, su octava película y un título que, en cierta manera, podemos relacionar con Celebración. Donde ahí se hablaba de los abusos sexuales a niños desde el punto de vista de las víctimas, aquí la narración se centra en el acusado de dichos abusos. Lucas es un hombre de cuarenta y pocos años, recientemente divorciado, que trabaja en la guardería de la localidad donde vive. Es un hombre plenamente integrado en la comunidad: va a cazar con sus amigos, se lleva estupendamente con los niños y está empezando a salir con una guapa compañera de trabajo. Sin embargo, todo se viene abajo cuando una de las niñas de la guardería, la hija pequeña de su mejor amigo, hace un comentario sobre Lucas que desencadena una espiral de sospechas y acusaciones que le convierten en un apestado social. La Caza narra la pesadilla de un hombre corriente que no sabe cómo demostrar su inocencia ante una sociedad que le ha condenando de antemano. Sin grandes aspavientos dramáticos ni sorprendentes giros de guión, la película muestra este proceso de una forma natural, con una trama que avanza de forma tan previsible como inevitable hacia su final. Vinterberg, además, crea una cierta sensación de ambigüedad e incomodidad, al lograr que el propio espectador, sin tener ninguna evidencia en la que basarse, llegue a sospechar que Lucas, quizás, no sea tan inocente como parece…

Hay muchos elementos en La Caza que nos hacen pensar en ciertas constantes temáticas que relacionamos con cierto cine de Europa del Norte. Ahí están la presencia de una pequeña comunidad donde la aparente calma y armonía esconden oscuros secretos; la relación entre los personajes y su entorno natural, donde la caza del ciervo se convierte en una clara metáfora de la caza del acusado; o la influencia de la religión en la sociedad, introducida de forma sútil en un clímax dramático que tiene lugar durante la celebración de la misa de Nochebuena. Vinterberg sabe manejar dichos elementos con naturalidad, sin que resulten impostados. La naturalidad es también la clave de la interpretación de su actor protagonista, Mads Mikkelsen, a quien hemos visto como villano de la saga Bond en Casino Royale o en la serie televisiva Hannibal y que ganó de forma más que merecida el premio al mejor actor en el último Festival de Cannes por su trabajo en este film.

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