La bipolaridad de Celine Dion: La diva en concierto

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Ver a una diva como Celine Dion en concierto no es algo que uno pueda hacer todos los días así que el anuncio de sus conciertos en París se convirtió en una oportunidad difícil de desaprovechar. Eso sí, a la hora de decidir ir a un concierto de la artista canadiense hay que tener en cuenta su bipolaridad artística, su doble cara y su doble troupe de fans: la angloparlante y la francófona. Y en este caso se iba a tratar de lo segundo.

Particularmente, yo soy de los que prefiero acudir a los conciertos sin conocer de antemano el tracklist que en ellos me espera. Me recuerda a cuando algún conocido te desvela la trama de una serie o te cuenta el final de una película dejándola absolutamente “inservible”. En esta ocasión, por razones ajenas a mi voluntad, algo había oído del listado de canciones que la Dion (así, con artículo, como las buenas divas) iba a interpretar en su mini gira parisina, supuestamente para presentar su último álbum en inglés, Loved Me Back to Life.

A las nueve de la noche comenzó el concierto . Sin grandes efectos especiales, Celine Dion apareció en un escenario grande pero sencillo, con el actual y “barato” recurso de la pantalla con proyecciones, que en algunos momentos, sinceramente, no pasaban de ser algo parecido al salvapantallas de iTunes (mi procesador de textos se empeña en que quiero poner atunes). Celine empezó a cantar y mis sospechas (que ya se habían alimentado cuando vi varias trompetas y cero violines) se confirmaron. Comenzó su recital entonando varias de sus canciones en francés para después regalarnos uno de sus primeros singles, Where does  my heart beat now, acompañado de un emotivo montaje audiovisual en el que veíamos a la cantante interpretando esa misma pieza en otros momentos de su carrera artística.

Durante una hora y tres cuartos (escasa duración para los escandalosos precios de las entradas) Celine Dion fue desgranando varias de sus canciones más conocidas en lengua gala intercalándolas con temas en inglés no precisamente de entre sus temas más actuales. En varios momentos del concierto dio la sensación de que Dion pedía disculpas a su público galo cuando se disponía a interpretar alguno de sus éxitos en inglés, a pesar de ser, seguro, consciente de la presencia en el París Bercy de muchos de sus fans más seguidores de sus comerciales singles en inglés que de los más minoritarios éxitos en la lengua del país vecino.

De ahí que en el momento de promocionar su single actual, el potente Loved me back to life compuesto para la de Quebec por la cantante SIA, Celine Dion se encontrara con un público frío, distante, incapaz en muchos casos de cantar con ella las estrofas de, sí, lo es, un singuelazo como Dios manda. Por el contrario, en el momento en el que Celine Dion lo daba todo cantando canciones como Ziggy o la muy tosta Terre el público francés se deshacía en alaridos y gestos de manos al más puro estilo conquistadores del final del mundo.

Y es que, a excepción de las baladas, los singles de Celine Dion en francés son más difíciles, más oscuros, más tenebrosos que sus éxitos en inglés. La sensación de coitus interruptus fue increíble. Acudir a un concierto de la diva y no encontrarse éxitos como A new day has come, I’m alive o, por pedir que no sea, Falling into you (por favor, si alguien localiza una interpretación en directo de esta canción que me la envíe) es algo muy decepcionante.

En lo más estrictamente musical, la interpretación de Celine Dion no deja lugar a la improvisación, perfección absoluta en su voz, que maneja sin ningún tipo de problema y, aparentemente, sin ningún tipo de esfuerzo físico. A ella lo de cantar le sale con la misma facilidad con la que a otros nos sale hablar. Se trata, eso sí, de una perfección interpretativa que, por el contrario, descarta la sorpresa si conoces al dedillo las canciones de la artista. Mismos giros, mismos requiebros, mismo tono, mismas expresiones… nada cambia en la interpretación de Celine Dion respecto a sus grabaciones, algo que, como buena diva que se precie, hace despertar las sospechas de playback tanto entre admiradores como entre detractores.

Lamentablemente, si a esta aburrida linealidad en su voz (siempre prefiero que un cantante haga variaciones, ligeras o no, en sus canciones respecto a lo escuchado en sus discos) le sumamos la selección de un repertorio mayoritariamente en francés y carente casi por completo de singles en inglés, nos encontramos con un aburrido recital más que un concierto. Todo ello hace que incluso cuando interpretó algún éxito en inglés, al estilo de All by myself (voz prodigiosa) o la inevitable My heart will go on ambas canciones se convirtieron en temas que para mí, anglofan, pasaron sin pena ni gloria (como cuando escuchas un random de la cantante en MP3 y pasas los baladones en busca de singles más moviditos).

Curioso fue el momento (que se puede “observar” en el siguiente vídeo) en el que comenzó a interpretar la canción de Titanic y su voz sonaba como si de un robot se tratara.

La Dion, ajena a todo, continuó con su sospechosa interpretación hasta que la orquesta decidió parar. Eso sí, después, interpretación completa de la redicha canción.

En resumen, un concierto imprescindible si amas su repertorio en francés y si en algún momento de tu vida quieres ver a Celine Dion y prescindible si tienes posibles y te puedes acercar a Las Vegas a disfrutar de su espectáculo A new day donde, ahí sí que sí, da rienda suelta a sus más conocidos y anglicistas éxitos.

Ay Celine, menuda noche me Dion.

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