La banda que quemó un millón de libras

Bill Drummond y Jimmy Cauty son dos tipos raros. Drummond trabajaba en la industria discográfica como manager de grupos como Echo & The Bunnymen, además de haber sido guitarrista del grupo punk Big in Japan y cofundador del sello discográfico independiente Zoo Record, cuando en 1986 decidió abandonar su puesto en WEA diciendo que a los 33⅓ años de edad (la velocidad a la que gira un LP en el tocadiscos) era hora de hacer una revolución en su vida. Jimmy Cauty, por su parte, era artista y guitarrista. Ambos eran fanáticos seguidores de la trilogía de novelas de los Iluminati e, inspirándose en ellas, formaron un grupo llamado The Justified Ancients of Mu Mu (“furthermore known as The JAMs”), publicando una serie de discos en los que investigaban con los samplers (sin pedir permiso a los artistas sampleados, ya fueran The Beatles, Abba o Withney Houston) para después ir acercándose a la música house. Con el nombre de Timelords, consiguieron su primer número 1 en la lista de sencillos británica con Doctorin’ the Tardis, una mezcla entre la sintonía de Doctor Who y un viejo tema de Gary Glitter que fue (merecidamente) masacrada por la crítica de la época. Pero el éxito de verdad no llegaría hasta que en 1991, ya con el nombre de The KLF, publicarían una de las grandes canciones de la década: 3 a.m. eternal.

Con temas como éste o Last Train to Trancentral, The KLF crearon un sonido al que llamaron “Stadium House” donde a la música house se le daba un estilo de producción más cercano al pop-rock y se utilizaba el fondo sampleado del ruido ambiental de un concierto en directo (extraído de discos como el Rattle and Hum de U2, entre otros), un estilo de música dance que sería imitado hasta la saciedad durante la primera mitad de los noventa. Con estos sencillos y su disco The White Room, The KLF alcanzaron el éxito a ambos lados del Atlántico, convirtiendo a sus dos integrantes en millonarios. Entonces, por sorpresa, el 12 de febrero de 1992, después de una actuación en los premios Brit junto al grupo punk Extreme Noise Terror en la que Drummond disparó al público con una metralleta cargada con balas de fogueo, el grupo anunció que abandonaba la música (no sin antes lanzar una oveja muerta en una de las fiestas que siguieron al evento).

Aunque al principio la noticia de su retirada fue considerado un numerito más del grupo, lo cierto es que Drummond y Cauty no volvieron a publicar más discos y, de hecho, eliminaron todo su catálogo en Reino Unido, además de enterrar su premio brit al mejor grupo del año en Stonehenge. Con todo el dinero ganado durante su carrera músical, crearon la Fundación K para realizar distintos proyectos artísticos, como la creación del premio al peor artista del año -entregado en 1994 a Rachel Whiteread el mismo día en que ganaba el premio Turner a mejor artista del año- y que culminaron con la quema de un millón de libras. La idea original era exhibir el dinero enmarcado en varios museos del mundo, pero como ninguna compañía aseguradora ni ninguna galería quiso hacerse cargo del mismo, Drummond y Cauty, acompañados de su amigo Alan Goodrick (alias Gimpo) y el periodista Jim Reid, volaron hasta la isla de Jura, se instalaron en una cabaña, encendieron el fuego y, uno a uno, fueron lanzando billetes de cincuenta libras a la hoguera, mientras Gimpo lo grababa todo y Reid miraba la escena, “primero con culpabilidad y luego con aburrimiento”, según sus propias palabras. Era el 23 de agosto de 1994 y tardaron más de una hora en quemar todo el dinero. Esa tarde, algunos habitantes del lugar se encontraron billetes a medio arder que habían salido volando por la chimenea.

Exactamente un año después se haría la primera proyección pública de la película Watch the K Foundation Burn a Million Quid. En 1997, la pareja estrenaría el cortometraje The Brick, un plano de tres minutos de un ladrillo hecho con las cenizas del millón de libras. A pesar de que su intención era hacer un acción artística provocadora y anarquista que hiciera reflexionar al público sobre el papel del dinero en la sociedad (o quizás sólo lo hicieron como impulso artístico, nunca ha quedado muy claro), con el tiempo lo único que ha pasado al subconsciente colectivo es que fueron, simplemente, “los hombres que quemaron un millón de libras”. Y aunque en 1995 disolvieron la fundación K y proclamaron que en 23 años no harían declaraciones sobre sus actividades, en una entrevista publicada en 2004, Drummond afirmó que se arrepentía de haber quemado todo ese dinero. Al fin y al cabo, su “obra de arte” sólo ha servido para eclipsar todo su legado musical.

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