I CAN HEAR THE BELLS

Ayer, por la noche, si uno prestaba atención y escuchaba en silencio, podía oir, por encima del ruido del tráfico y de la ciudad, un rumor sordo y lejano. Era el ruido de Wall Street desplomándose, la economía estadounidense engullida por agujero negro de suprimes y pelosis. Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando.

Yo bajé la persiana que da a América y me acosté en el dormitorio con vistas a Europa. Me metí en la cama y antes de dormirme en mi mente tintineaban como campanas de boda miles de monedas de euro entrechocándose las unas con las otras.

Las campanas seguían sonando en mi mente cuando, como un novio acompañado por su madrina, mi madre y yo hemos llegado esta mañana al notario con quince minutos de adelanto. Algunos de los propietarios ya estaban ahí, y mi ya excasero no ha tardado en llegar. Hemos arreglado un asunto de última hora y nos hemos sentado a esperar. Ha llegado el del banco, el último invitado. Y por fin, el gran sacerdotiso investido en su traje de notario. Sentados en torno al altar, hemos escuchado las lecturas, hemos firmado nuestros votos y han recibido sus cheques. Mi madre estaba nerviosa y orgullosa y yo, cuando los dueños se han ido con su dinero y el notario con sus papeles y nos han dejado solos, he hecho una pequeña danza de la alegría.

11 comentarios en “I CAN HEAR THE BELLS”

  1. Felicidadessssssssss, ¡¡¡enhorabuena!!

    P.D.: yo busco piso para comprar, así que si alguien sabe. Porque sí, porque me apetece comprarme un piso, que sea mío, que el alquiler estará muy bien pero no quiero estarme toda la vida dependiendo de los caprichos y tonterías de los caseros.

  2. Felicidades Antonio!!!! y ahora con qué te entretienes….en fin…creo que con ver cómo anda el Euribor y si se desploma algún que otro banco tendrás más que suficiente.

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