Horror al éxito

Hace unas semanas fuimos a ver a The Horrors en la Sala But. Hacía mucho que no íbamos a un concierto y Diego me regaló el disco y las entradas por mi cumpleaños. No es que sea mi grupo favorito, pero me gusta la música que hacen, entre rock, pop y electrónica. Yo creí que llegarían al gran público con su tercer disco, Skying, que incluso tenía ecos de épica ochentera a lo Simple Minds, pero finalmente se quedaron en tierra de nadie, como tantos otros. Y viendo como se comportó el público durante el concierto, parece que casi todo el mundo los ve así: son correctos pero no entusiasman. Las canciones de V, su último disco, se sucedieron con eficacia, con un sonido distorsionado pero a la vez limpio: todos los elementos del fondo sonoro se distinguían de manera clara. Hubo guiños al pasado, como los ocho minutos de duración de A sea within a sea, el tema que cerraba su segundo disco y que hizo que muchos comenzáramos a prestarles atención.

También cantaron Still Life, canción de Skying y su tema con más reproducciones en Spotify. Sin embargo, me dio la impresión de que el grupo la interpretó con cierta desgana, como por obligación, sin ningún placer. ¿Son The Horrors un ejemplo más de esos artistas que odian su mayor éxito?

¿Será que nos horroriza que lo que mejor hacemos no sea lo que más nos gusta?

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