HISTORIAS POR TELÉFONO

A principios de octubre me trasladaron durante unas semanas a otro departamento de la empresa en el que, básicamente, me dediqué a vender nuestro producto por teléfono y organizar actitividades para nuestros socios. Durante mes y medio habré marcado cerca de cinco mil números de toda España y habré hablado con unas tres mil personas. Cuando me anunciaron mi nuevo destino mi entusiasmo fue nulo, pero he de reconocer que ha sido una experiencia bastante interesante y mucho más entretenida de lo que supuse.

Una de las primeras conclusiones a las que llegué al poco tiempo de empezar mi odisea telefónica fue que, al igual que la primera norma del club de la lucha es no hablar del club de la lucha, la primera norma del teleoperador es que no se le note que es un teleoperador. Hay que hablar con la gente, no recitarles absurdos textos. Si no, te puede pasar que estés llamando a una señora madura de Sevilla y que al otro lado de la línea te encuentres a una señora madura de Sevilla quien, al llamarla por su nombre de pila, te responde que te has equivocado creyendo que le vas a ofrecer una maravillosa oferta de telefonía fija con ADSL y satélite privado. Y claro, no queda muy bien dudar de la palabra de la gente aunque notes que te están mintiendo descaradamente.

También descubres que los tópicos sobre la simpatía de la gente de ciertas regiones de España frente a la sequedad de algunos oriundos de la cornisa cantábrica tienen algo de verdad. Vamos a ilustrarlo con un ejemplo inspirado en la milenaria cultura nipona: Una Cantabria salvaje aparece. ¡Granada, te elijo a ti! Granada utilizó “amabilidad”. Es muy efectivo.

Curiosamente, las peores reacciones vienen de la gente que, en principio, más interesadas deberían estar en tu propuesta. Las personas a las que tu llamada les interesa tanto como el contenido de la carpeta de Spam en una cuenta de Hotmail son, por lo general, mucho más educadas y agradables. También puede deberse a que las llamadas spam se hacían a números fijos y en estos casos, ocho de cada diez personas que te contestaban superaban los 150 años de edad. Los teléfonos inmóviles están en peligro de extinción.

Con el tiempo desarrollas una especie de sexto sentido por el que, a los cinco segundos, adivinas cómo te va a responder tu interlocutor y qué personalidad debes de adoptar con cada uno de ellos. ¿Serio oficinista? ¿Simpático joven? ¿Autómata sin sentimientos? ¿Teléfono de la esperanza? ¿Qué llevo puesto en este momento?

Aunque los resultados globales de la empresa no hayan sido los esperados, la oficina en la que he estado trabajando sí que ha cumplido con la misión que le encomendaron, así que, en cierto sentido, estoy satisfecho con mi trabajo.

Además, trabajar en turno de tarde me ha permitido dedicar las mañanas a ir al gimnasio. En unos meses, solicitaré mi ingreso en alguna manada de hombres lobo de Bon Temps o similar.

2 comentarios en “HISTORIAS POR TELÉFONO”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *