High Hopes

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¿Cuál es el status actual de Bruce Springsteen? Está claro que la época en que era una superestrella y hasta un icono de los ochenta ya quedó atrás y que seguramente su último éxito entre el gran público fuera la ya lejana Streets of Philadelphia, pero el caso es que el Boss sigue conservando un amplio número de seguidores que hacen que sus discos alcancen buenas cifras de venta y, sobre todo, que sus giras sigan siendo multitudinarias. Liberado del peso de tener que ser un superventas a toda costa como en los tiempos de Born in the USA y Tunnel of love, Springsteen puede dedicarse a publicar los discos que le apetezca cuando quiera y como quiera, ya sea una colección de versiones de Pete Seeger o su visión de la realidad estadounidense del momento: Springsteen nunca ha tenido miedo a cantar sobre el mundo y la gente que le rodea y ahora no iba a ser menos.

Toda esa libertad y esa personalidad se nota en High Hopes. Ajeno a cualquier sonido de moda y a cualquier necesidad de ser moderno, Springsteen sólo es fiel a sí mismo. Su manera de hacer rock y de cantar ya son intemporales, clásicos en sí mismos. Pero eso no evita que High Hopes resulte ser un disco un tanto desconcertante, por su combinación de antiguos temas regrabados, canciones descartadas para otros discos ahora recuperadas y versiones de otros artistas. El sencillo que da título al disco es un buen ejemplo de esta diversidad temática: Bruce Springsteen ya habría grabado High Hopes, un tema compuesto por Tim Scott McConnell -artista que se denomina a sí mismo “el maestro del blues gótico”-, para el EP Blood Brothers, de 1996, cuando volvió a juntarse con su banda de siempre, la E Street Band, para grabar una serie de temas nuevos para su primer recopilatorio de grandes éxitos. Otros temas que se recuperan en este disco son American Skin (41 shots), tema incluido en su disco Live in New York City de 2001 y que aparece aquí en su versión de estudio, y The Ghost of Tom Joad, regrabado en una versión donde cobra un especial protagonismo la guitarra de Tom Morello, miembro de Rage Against The Machine y acompañante de Springsteen a lo largo de su última gira. El mensaje de la canción, publicada originalmente en 1995 e inspirada en el protagonista de Las uvas de la ira, sigue estando de plena actualidad en estos tiempos de crisis económica.

Además de High Hopes, dos son las versiones que aparecen en el disco: Just like fire would, un tema de 1986 del grupo de punk australiano The Saints, y Dream Baby Dream, versión de la canción publicada por Suicide en 1979. Mientras que la primera apenas aporta nada al original, la segunda es toda una recreación en clave folk-rock de un tema synthpop y una buena manera de cerrar este disco. Del resto del disco, descartes de las sesiones de grabación de los trabajos de Bruce Springsteen de los últimos años, encontramos temas con sabor al rock clásico americano, que van desde los coros de Heaven’s Wall hasta las reminiscencias de I’m on fire que podemos encontrar en Down in the hole. Especialmente destacables son Hunter of invisible game y The Wall, inspirada por una visita del rockero de New Jersey al monumento en memoria de los soldados caídos en Vietman de Washington. Todas ellas son un buen reflejo del talento de Springsteen, pero también una prueba de que, para lo bueno y para lo malo, sus canciones están por encima de modas: realmente da igual cuando fueron compuestos estos temas, ninguno de ellos suena antiguo… pero tampoco novedoso.

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