Hablemos

La conversación está dominada por el tema catalán. Todo el mundo tiene una opinión sobre el asunto y tiene que expresarla. Hablan en voz alta y, sin embargo, muy pocos parecen tener interés en escuchar al otro. Menos aun parecen dispuestos a cambiar su postura. Y así el ambiente va enrareciéndose y algunos terminan por creer que tienen derecho a todo. Los últimos en aparecer han sido los que creen tener derecho a comportarse violentamente por las calles. Leer las noticias nacionales es cada vez más preocupante y triste.

Por eso deberíamos relajarnos y hablar y pensar antes de actuar. Podemos hablar de Cataluña y España, claro, pero hay muchos otros asuntos en el mundo. Sí, la política internacional, la economía, el Brexit, los refugiados, el cambio climático… Sobre todo, el cambio climático.

Pero echo de menos la época en la que hablábamos de cosas pequeñas e insignificantes, cuando éramos personas y no aspirantes a gurús. No hace falta ser trascendentes, no hace falta trascender. Opinemos menos y narremos más: contemos nuestras pequeñas historias. La verdad está en ellas, en que la segunda palabra que haya aprendido a decir tu sobrino sea “aipad”; en que han aparecido pequeños brotes en la esquina del jardín donde planté semillas de trébol, un lugar donde nunca conseguí que creciera la hierba; en las agujetas que dejan los ejercicios de gemelos; en las risas al volver, medio borrachos, de madrugada en autobús de la boda de la hermana de Diego; en todo eso que no nos podrán quitar.

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