Gravity: Le voyage dans l’espace

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En 1902 Georges Méliès estrenaba una gran superproducción: Viaje a la Luna (Le voyage dans la Lune), inspirada en la novela de Julio Verne publicada unas décadas atrás. Tres meses le llevó rodar una película de quince minutos de duración, llena de multitud de decorados y decenas de trucajes y efectos especiales. Viaje a la Luna se convirtió en un gran éxito gracias a unas imágenes que cautivaron al público de entonces y que, más de un siglo después, siguen conservando ese poder de fascinación. Méliès hizo que el recién inventado cinematógrafo dejara de ser una simple atracción de feria para convertirse en una máquina capaz de crear obras de arte. Todo ello gracias a la historia de una nave que es lanzada a la Luna y se encuentra con dificultades en su viaje. Sus ocupantes tienen que escapar del satélite y vuelven a la Tierra en una arriesgada caída en picado. Su cohete cae al mar y se sumerge bajo las aguas, pero sus ocupantes consiguen sobrevivir. De vuelta a su destino, son recibidos por una multitud jubilosa que erige una gran estatua al impulsor de la misión. En el pedestal figura esta leyenda: “Labor Omnia Vincit” (“El esfuerzo lo vence todo”).

111 años después, el mexicano Alfonso Cuarón ha estrenado Gravity, una película que le ha exigido plena dedicación durante años para conseguir plasmar en la pantalla la historia de una nave lanzada al espacio y que se encuentra con dificultades en su misión. Sus ocupantes tienen que escapar del espacio y volver a la Tierra… Aunque Alfonso y Jonás Cuarón, guionistas de la película, han construido unos personajes con personalidad y pasado que sirven para darle profundidad y densidad dramática (e interpretados por un George Clooney y una Sandra Bullock que dan lo mejor de sí mismos, especialmente esta última), su creación no está muy lejos en espíritu e intenciones a la primitiva obra maestra de Méliès. Rodada gracias a los últimos avances tecnológicos y con una puesta en escena cuidada hasta el último detalle por sus creadores, Gravity es una película que funciona en gran parte gracias a la fascinación que sus imágenes crean en el público. Los antiguos telones pintados han sido sustituidos por pantallas verdes y efectos digitales, pero el resultado es el mismo: llevar al espectador hasta el espacio. Los planos de la Tierra desde el espacio, la imagen de un astronauta flotando contra un firmamento estrellado o el momento en que unas lágrimas flotan ingrávidas en el interior de una nave son poderosamente bellas y emocionantes en sí mismas y en el conjunto de la película.

Resulta difícil que la perfección tecnológica de Gravity pueda ser superada, pero sin duda lo será. De lo que no tengo duda es que, dentro de un siglo, seguirá siendo considerada un hito dentro de la historia del cine gracias a su excepcional tratamiento de las tres dimensiones, su espectacular acabado técnico y un argumento tan mínimo como eficaz dramáticamente. Gravity es una experiencia cinematográfica tan difícil de olvidar como lo fue Viaje a la Luna para los espectadores de principios del siglo XX.

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