GO WEST!

Mientras miles de personas se manifestaban en Madrid llenas de Orgullo, yo cumplía mis obligaciones como hermano mayor y me trasladaba a Badajoz para los preparativos de la ya casi inminente boda de mce79. Orgullo hay uno al año, pero a mi hermanito sólo lo voy a casar una vez en la vida.

Aunque ya lo empecé a comprobar cuando fuimos al Contempopranea, este fin de semana he ha servido para confirmar que la imagen que se suele tener de Extremadura no se corresponde con la realidad. Ni es una tierra sin pan llena de cretinos ni una serie de pueblos atrasados y pobres. El paisaje es verde: la autovía atraviesa campos de olivos y dehesas donde los toros pastan con tranquilidad al sol. Prácticamente en cada poste eléctrico o campanario hay un nido de cigüeñas. A los norteños nos llaman la atención, pero a los del lugar les resultan tan novedosas como las palomas.

Los norteños también estamos acostumbrados a que un pueblo tenga unas decenas o centenares de habitantes y nos desconcierta que los haya con 2000 habitantes. El pueblo de la novia es de ese tipo. Tiene una iglesia de color blanco, diáfana, luminosa y llena de santos. Las señoras se abanican durante la misa y terminan haciéndolo todas casi al mismo ritmo. Es como ver el aleteo sincronizado de muchas mariposas. Al salir, me fijo en que por los muros laterales del templo corretean las salamanquesas. “Ligeras”, así las llama la familia de la novia. Mi hermano y yo nos acercamos a ver uno de los pequeños y escurridizos reptiles. Como las cigüeñas, ellas también despiertan nuestra curiosidad. El sol termina de ponerse tras el horizonte. Sopla aire fresco mientras tomamos un granizado de limón.

(Continuará…)

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