Givenchy en el Thyssen

Que la alta costura, al igual que el cine, tiene tanto de arte como de industria es algo que debería estar fuera de toda duda a estas alturas. Por eso no es de extrañar que las puertas de los museos y salas de exposiciones se abran cada vez más para albergar retrospectivas sobre modistos como Gaultier, Armani o Yves Saint Laurent. El Thyssen ha sido el último en sumarse a este tipo de iniciativas, anunciando como su primera incursión en el mundo de la moda la retrospectiva sobre Hubert de Givenchy que podrá verse en su sede hasta el próximo 18 de enero.

Givenchy en el Thyssen

Hubert de Givenchy abrió su propia casa de costura en París en 1952, ganándose pronto la atención y el aplauso de las publicaciones de moda y consiguiendo una clientela fiel, entre las que destacaban nombres como los de Jackie Kennedy, Farah Diba, los Grimaldi, Wallis Simpson y, como no, la que fuera musa y amiga personal de Givenchy, Audrey Hepburn. Él la vistió fuera y dentro de la pantalla, encargándose de los modelos que la actriz lució en película como Sabrina, Charada o Desayuno con Diamantes. Incluso elaboró para ella un perfume exclusivo llamado L’intedit (El prohibido). También se encargó de vestir a Elizabeth Taylor en Hotel Internacional y a Capucine en La pantera rosa.

Givenchy en el Thyssen

Sin embargo, poco de esto acaba viéndose en esta exposición comisariada por el propio Givenchy. Sin seguir una estructura cronológica que permite seguir la evolución del diseñador, con información escasa e incompleta y dividida en salas con títulos genéricos de suplementos dominical como “Novias felices” o “La elegancia del negro”, la muestra no consigue transmitir la personalidad propia de Givenchy, mostrando más sus carencias que sus virtudes. Entre el centenar de piezas expuestas están algunos conjuntos icónicos, como el famoso vestido negro que lució Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes, pero terminan desapareciendo entre un exceso de propuestas desconcertantes de finales de los ochenta y principios de los noventa. Con una presentación que confunde sobriedad con sosería, a esta retrospectiva sobre Hubert de Givenchy le falta espectacularidad, originalidad y glamour… precisamente los elementos que nunca deberían faltar en la Alta Costura.

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