Frozen: El reino del hielo

FROZN_014M_G_ENG-GB_70x100.indd

Cuando Pixar estrenó Toy Story en 1995 comenzó una nueva etapa en la historia del cine de animación, en la que los tradicionales dibujos eran sustituidos por los gráficos generados por ordenador. Disney, que venía de acumular una trayectoria de grandes éxitos comerciales como La bella y la bestia o El rey león, vería como sus siguientes largometrajes de animación tradicional no conseguían atraer a las masas como antaño, sumergiéndose a principios de la primera década del siglo XXI en un cierto desconcierto, con películas claramente fallidas como Zafarrancho en el rancho. Sus primeros intentos de producir largometrajes de animación digital tampoco se saldaron con buenos resultados. Ni Dinosaurio, ni Chicken Little, ni Descubriendo a los Robinsons son especialmente memorables. Mientras productoras como Pixar, Dreamworks o Blue Sky se hacían con el mercado, la veterana productora de cine de animación parecía haber perdido el norte.

Pero todo eso fue cambiando con el estreno de películas como Tiana y el Sapo, Bolt, Enredados o Rompe Ralph. Puede que la incorporación de John Lasseter a la plantilla de Disney haya tenido algo que ver, pero quizás se deba también a que la empresa ha dejado de preocuparse por la competencia y ha decidido volver a sus propias raíces. El secreto del éxito de Enredados reside en gran parte en su recuperación de los elementos clásicos del canon Disney y su adaptación a la animación digital (un cuento de hadas, una princesa en problemas, un villano carismático, animales como personajes secundarios y canciones), mientras que Rompe Ralph demostraba la importancia decisiva que un buen guión y un buen diseño tienen a la hora de conseguir un resultado brillante. Digna heredera de ambas, Frozen: El reino del hielo está a la altura de ambas, pero no consigue superarlas.

Adaptar al cine el cuento de La Reina de las Nieves de Hans Christian Andersen ha sido un proyecto largamente acariciado por la Disney. Después de múltiples intentos y cancelaciones, la producción se puso en marcha por fin a comienzos del 2012. El argumento final tiene muy poco que ver con la narración original del autor danés, aunque en cierto punto respeta su esencia: nieve, frío y un corazón helado. Jennifer Lee, guionista también de Rompe Ralph y codirectora de Frozen junto a Chris Buck (director de Tarzán o Locos por el surf), ha construido una historia en torno a dos hermanas: Elsa y Anna. Cuando Elsa accede al trono y sus poderes mágicos se descontrolan sumergiendo al reíno en un invierno eterno, Anna saldrá en su búsqueda con la ayuda de un muñeco de nieve con vida propia, un vendedor de hielo de anchas espaldas y carácter rudo llamado Kristoff y su reno Sven. Estamos, en efecto, ante una historia tradicional de Disney, protagonizada por princesas, donde la magia hace acto de presencia en cada momento y el amor verdadero termina triunfando… Es lo que Disney sabe hacer mejor, pero eso no significa que la fórmula funcione por sí sola. En Frozen hay aspectos que se salen de la norma, como el hecho de que no exista un villano claro o que el protagonismo de la historia esté bastante dividido entre un cuarteto de personajes centrales, rodeados de unos secundarios perfectamente definidos en un par de brochazos… o píxeles. Como sucedía en Rompe Ralph, las cosas no son tan sencillas como parecen a simple vista y Frozen reserva un par de interesantes sorpresas en su argumento.

Cierto es que por momentos le falta la chispa que tenía Enredados o la complejidad en el retrato de personajes que hacía de Rompe Ralph una gran película, pero Frozen suple esa “frialdad” con un acabado técnico exquisito. La labor de dirección artística, inspirada en motivos artísticos escandinavos -entre otras referencias- es espectacular, tanto como el aspecto técnico y esa minuciosa recreación digital de la nieve y el hielo. Mención aparte merece la banda sonora, heredera de la tradición musical de Disney, con una vibrante y variada partitura a cargo de Christophe Beck (autor de la banda sonora de Buffy Cazavampiros, el corto Paperman y películas como Resacón en las Vegas, Crazy Stupid Love o Los Muppets) y canciones compuestas por Robert Lopez (compositor del musical Avenue Q, entre otros trabajos) y su mujer Kristen Anderson-Lopez, que le dan a la película cierto aire de espectáculo de Broadway… aunque quizás la inclusión de las canciones en la banda sonora esté un tanto desequilibrada, echándose de menos alguna de ellas en su parte final. En este sentido, Let it go, cantada por Idina Menzel cuando Elsa se aleja del castillo y da rienda suelta a sus poderes, tiene todos los números para convertirse en un clásico de las canciones con sello Disney.

Como demuestra Get a Horse! el simpático cortometraje que precede a Frozen, Disney sabe perfectamente que el éxito de sus propuestas reside en respetar los cimientos establecidos a lo largo de décadas de trabajo pero sin tener miedo a ponerlas al día con los últimos avances tecnológicas y los gustos del público de cada momento. Disney tiene una historia brillante detrás y un futuro cercano que los amantes del cine de animación esperamos con ansia, con Big Hero 6 como su próximo estreno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *