FROM MADRID TO BERLIN

Sobrevolábamos los Pirineros en un avión de Lufthansa con destino a Berlín via Munich cuando las turbulencias empezaron a ser un poco más inquietantes de lo habitual. Recordé entonces los consejos del doctor Jack Shephard para afrontar el miedo a volar y aproveché que la azafata estaba repartiendo la comida para pedirle una cerveza. Cuando me la terminé, las turbulencias eran dulces sacudidas y pensé en lo absurdo que era haber pasado el control de seguridad mientras miraba el botellín vacío de cristal que me habían dado e imaginaba lo sencillo que sería convertirlo en un arma.

Días después comprobé que en el Metro de Berlín es relativamente frecuente ver que alguien abre su bolso o su mochila y saca su botellín de cerveza para darle un trago o dos. Tampoco me extrañó confirmar, como ya habíamos descubierto en Viena, que en los restaurantes la botella de agua es más cara que la jarra de cerveza, así que en más de una ocasión optamos por dejar el agua para los peces y consumir cebada fermentada. También pude comprobar que la comida más fácil de consumir en Berlín es la italiana: allá donde vayas hay una trattoria, pizzeria o similar. Y por supuesto, currywurst y salchichas variadas en los mercadillos navideños.

Nota para viajeros: si pides vino caliente y te lo sirven en jarras de barro a un precio desorbitado, ten en cuenta que estás pagando por el alquiler del recipiente. Al menos, esa es la hipótesis que barajamos para explicar la diferencia entre lo que nos cobraron y el precio que indicaba el letrero. ¿O será que la camarera, a pesar de su simpática y rubia apariencia, nos estafó aprovechándose de utilizar un lenguaje incomprensible?

“Berlín es una ciudad que no duerme nunca”. La foto superior, tomada en la avenida Kurfürstendamm poco después de cenar, nos hizo dudar de esta afirmación de la guía. Los tres millones y medio de berlineses parecían esconderse cuando el reloj marcaba las nueve de la noche, o al menos esa impresión nos llevamos los primeros días. Berlín es una ciudad muy extensa, grande y con una historia reciente bastante convulsa y esto hace que, en un primer momento, parezca algo desconcertante. Grandes parques, grandes explanadas, grandes plazas y… ¿dónde está el centro de la ciudad? ¿Es Postdamer Platz, con sus rascacielos modernos y sus luces de colores? ¿Es la (sosa y fea) Puerta de Brandemburgo? ¿Es Alexanderplatz, con su reloj universal?

Sí, como podéis comprobar a las cinco menos cuarto de la tarde ya es noche cerrada en Berlín. De hecho, uno entra a comer y cuando sale del restaurante piensa que acaba de cenar. Que alguien me explique en qué puede beneficiar al ahorro energético de los habitantes del Centro de Europa el cambio de horario de verano a invierno. Puede que sea esa la razón por la que las calles tengan una iluminación nocturna bastante escasa, tirando a inexistente en las calles secundarias. Salir de una estación de metro y encontrarte envuelto en tinieblas sin saber hacia donde tirar es algo un poco descorazonador. Pero son estos pequeños desafíos los que convierten un viaje en una aventura. Y al final, Berlín terminó cautivándonos. Hay mucho que contar sobre ella.

5 pensamientos en “FROM MADRID TO BERLIN

  1. ace76 Autor

    No, Joserra, es que no lo voy a contar todo de una sola vez, :-)

    Y sí, también creo que al final todos los caminos acaban pasando por Alexandeplatz y sus cercanías.

    Responder

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