ESTE INSTANTE SERÁ SÓLO UN RECUERDO

Ayer por la tarde me quedé solo en el jardín, mientras los demás dormían la siesta en la cama o en el sofá del salón. Hacia calor y me metí en la piscina. El agua estaba fría, pero terminé sumergiéndome entero y dando un par de brazadas. También salté desde la terraza, provocando un maremoto a pequeña escala en el borde de la piscina. Después, con la piel mojada, me tumbé en la toalla, sobre la hierba, bajo el sol de la sierra madrileña. Cerré los ojos y recordé la película que había visto la noche anterior: “Habitación en Roma”, la última de Julio Medem. Pensé en que es verdad que puede bastar una noche para enamorarse perdidamente de una persona, o incluso menos tiempo. O al menos, para creer que lo estás sintiendo. Qué bonito es amarse en una bañera de agua caliente.

Me acordé entonces de mi propia habitación en Roma, aquel cuartucho de una pensión para mochileros en la que pasé dos noches durante mi interail en solitario del verano de 2005. Pequeño y oscuro, pero en su momento, después de varios días compartiendo habitación y literas en varios albergues, me pareció todo un lujo tener cuatro o cinco metros cuadrados para mí solo: una cama, una mesita, un armario, una tele en lo alto y en una esquina, separados del resto por una mampara no demasiado limpia, una ducha y pequeño lavabo con su espejo. El retrete estaba en una habitación distinta. Por la noche me acerqué a una especie de supermercado que había en la cercana estación de tren y compré leche y galletas para cenar. Al llegar a la habitación descubrí que no tenía ningún vaso a mano y me dio cierta vergüenza tonta pedir uno en la recepción, así que abrí del todo el brick de medio litro para convertirlo en una especie de improvisado tazón. En la tele sonaba “Dare”, de Gorillaz. A la mañana siguiente desayuné las galletas restantes y me fui a ver el Vaticano. ¿He comentado ya que cuando acabé mi paseo por Europa había perdido tres o cuatro kilos? En aquella habitación descansé, escribí y me dejé olvidada mi toalla amarilla en un cajón, cosa que no descubrí hasta llegar a Atenas, dos días de trenes, ferrys y más trenes después. Me limpié la mugre en un lavabo y me sequé con una camiseta.

Mi corriente de pensamientos nostálgicos se detuvo por un momento. Abrí los ojos y me senté sobre la toalla. Miré la sierra, los árboles, la hierba, la piscina, el edificio, las ventanas, el cielo reflejándose en ellas. Escuché el ruido del agua, el zumbido de los insectos, los ladridos esporádicos del perro de los vecinos… Pensé entonces que ese era un instante de mi vida, un momento del presente, que quería disfrutar y retener para recordar después. No era un momento en que quisiera seguir pensando en el pasado. Me levanté y aun algo mojado entré en la casa. Al entrar en su habitación, mis pies dejaron en el suelo un rastro de huellas de agua que iban desde la puerta hasta la cama.

5 thoughts on “ESTE INSTANTE SERÁ SÓLO UN RECUERDO”

  1. Y a mí que me da por llorar leyendo estos posts tan chulos que escribes …

    … como no me quite pronto este bajón no sé qué voy a hacer … algún voluntario?

    Besicos :-)

  2. Gracias, Rocío!

    Lux, un besazo muy grande para ti! Animate! :-)

    Trabajar tiene su cosa, Joserra, sólo hay que saber vérsela (frases hechas sin poco sentido), :-D

    Nils, a no ser que se asuste, jajaja

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *