Espejos negros

Ayer Cuatro emitió, de un tirón, los tres episodios que componen la primera temporada de Black Mirror (y además, en una decisión más que discutible, cambió el orden de los mismos). Al estilo En los límites de la realidad o Más allá del límite, cada uno de ellos cuenta una historia autoconclusiva con el poder de los medios de comunicación y las pantallas -esos espejos negros que cada uno tiene en su casa- como elementos en común. Los dos últimos son brillantes ejercicios de ciencia ficción ambientada en mundos distópicos, pero el que resulta verdaderamente provocador es el primer episodio, ya que tiene muchas lecturas a muchos niveles.

Titulado The National Anthem (El himno nacional), el episodio arranca con el secuestro de una popular princesa de la familia real británica. Un vídeo en el que la joven explica las condiciones que exige el secuestrador para liberarla aparece en Youtube: será ejecutada a no ser que, en pocas horas, el Primer Ministro de la nación mantenga relaciones sexuales con un cerdo, en directo y por todos los canales de televisión. Mientras los servicios secretos tratan de liberar a la princesa, los medios de comunicación se vuelcan en el seguimiento de la noticia y las redes sociales, con Twitter a la cabeza, debaten cada detalle del suceso entre el horror y el morbo. Escandalizados o no, cuando se cumple el plazo dado por el secuestrador sin que la princesa haya aparecido, todo el mundo está pegado a su pantalla de televisor.

Mientras tanto, en la vida real, escandalizado o no, el espectador del episodio también estaba pegado a su pantalla de televisor esperando que el clímax prometido desde el primer minuto del episodio se hiciera realidad. Varios usuarios de mi timeline de Twitter también comentaban el episodio y no fueron pocas las bromas sobre cerdos y políticos reales, una difuminación entre ficción y realidad que seguramente llenaría de orgullo a Charlie Brooker, el creador de Black Mirror. Al fin y al cabo, lo que debería ser un asunto repugnante se convierte, gracias al poder de las redes sociales, en un chascarrillo morboso donde da igual que se hable de personajes reales o ficticios. Y es que, si lo narrado en este episodio sucediera en la realidad, ¿seríamos espectadores del mismo o apagaríamos el televisor? Cuatro debe de creer que optaríamos por la primera posibilidad, ya que decidió poner su pausa publicitaria justo antes de que el Primer Ministro entrara en el plató…

4 thoughts on “Espejos negros”

  1. ¿La serie sólo tiene tres capítulos? ¿La han anunciado a bombo y platillo para cepillarsela en una sola noche? ¿Que clase de estrategia siguen en Cuatro?

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