ESE PEQUEÑO ESFUERZO

Hace unas semanas, cenando, ella comentó lo mucho que le gustaría cambiar de vida, dejarlo todo y buscar nuevos aires junto a otra persona en otro país. Otro de mis amigos dijo que, si no lo hacía, era porque realmente no le apetecía. Estas palabras no fueron nada bien recibidas. Incluso yo se las discutí y le dije que en realidad no es que no nos apetezca hacer ciertas cosas, sino que más bien no nos atrevemos. Él me respondió que lo que no nos apetece es hacer “ese pequeño esfuerzo” que exigen unos planes que termina quedándose en el mundo de lo soñado e irrealizable.

Aunque creo que “esos pequeños esfuerzos” se mezclan y se confunden mucho con “esos grandes miedos a la incertidumbre”, anoche me vi en uno de esos dilemas. Yo me esfuerzo por decir que no a los alimentos ricos en lípidos e hidratos de carbono, y me esfuerzo por visualizarme a mí mismo paseando por la piscina de Lago sin flotador y con tableta. Pero la carne es débil, y si estás cenando en Mastropiero, una pizzeria argentina donde el postre va incluido en el precio y la dueña del local no hace más que sacar platos con tarta de chocolate, bizcocho y dulce de leche, ¿cómo resistirse? Total, uno no se gana la vida con su cuerpo serrano y en realidad, tampoco está tan mal, ¿por qué no permitirse un capricho? Y así es como esos pequeños esfuerzos se convierten en misiones imposibles…

¿Solución? Hoy toca quedarse en casa y comer lechuga con atún. La calle está llena de demasiadas tentaciones peligrosas y deliciosas.

12 thoughts on “ESE PEQUEÑO ESFUERZO”

  1. pero si estás genial, para qué tanto estrés alimenticio? de todos modos, yo tengo fácil evitar el dulce de leche porque le cogí tanto asco en mi periplo argentino, que desde entonces, nunca mais, ni gratis.

  2. La verdad es que estrés alimenticio no tengo, jajaja. Lo que pasa es que no quiero que el flotador se me descontrole… y si puedo hacer que se deshinche un poco, mejor que mejor. :-)

    Pues sí, Adidas, el sitio hay que pelearlo, jajaja. Yo comí una pizza con pimientos, huevo duro y anchoas que estaba deliciosa.

  3. Iba a contestarte Ace, pero es que el último comentario de Remené me ha dejado KO … que la culpa te persigue???? A tí????
    Dios, que mal repartiro está el mundo … :-(

    Y que, a falta de matizar, estoy de acuerdo con tu amigo. Muchas veces ese “no puedo” realmente significa, “no quiero arriesgarme”, o “no quiero perder lo que tengo”, o “es mucho más cómodo quedarme como estoy que intentarlo” o … bueno, vale, ya lo dejo.
    A mí al menos así me pasa. Pero ya te digo, hay mucho que matizar, porque las cosas no son blancas o negras, no vivimos en solitario en un mundo ideal y muchas veces nuestras decisiones afectan a muchos otros y blablabla…

    Besicos!

  4. Dándose uno un capricho de vez en cuando se consigue ser persona, además uno no es culpable hasta que se demuestre lo contrario y por lo que leo aun no eres culpable.

  5. La conclusión que saco es que hay que atreverse a darse caprichos! :-D

    Eso sí, lo bueno de lo caprichos es dárselos de vez en cuando, para que no pierdan la gracia.

    Y Lux, sí, yo creo que muchas veces llamamos “miedo” a lo que en realidad es haberse acomodado en una determinada situación. A no ser que uno no esté rematadamente mal, es más fácil no cambiar que cambiar.

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