El retorno a la inocencia

A veces leo textos del estilo “carta a mi yo adolescente”: Querido yo de 15 años, no te preocupes, todo va a ir bien, esa de ahí acabará siendo tu mujer y por favor, deja de llevar pantalones campanolos e invierte en Google, blablabla. No está mal, es bonito. Quizás no sea cierto del todo, porque no siempre todo mejora… pero también es verdad que si podemos escribir a nuestro yo del pasado es porque hemos sobrevivido.

En todo caso, a veces a mí me gustaría que me escribiera mi yo de 20 años para que me pusiera los puntos sobre las ies o, por lo menos, me recordara cómo era esos tiempos en los que uno tenía decenas, centenares de proyectos, ideas e ilusiones. Esos tiempos en los que parecía más sencillo entusiasmarse con las cosas y no tendía a relativizarlo todo. Esa época en la que predominaban los absolutos y tenía claro que, a pesar de que el futuro estaba lleno de incertidumbre, había un destino brillante esperándome en el horizonte. Sí, la adolescencia es una tragedia y sí, crecer es aprender lecciones de la vida. Pero a veces echo de menos la alegría inconsciente del empezar a ser adulto.

La ventaja es que, mientras que nuestro yo futuro aun no existe, nuestro yo pasado está encerrado dentro de nosotros mismos. Sólo hay que ser capaz de descubrirlo en nuestro interior, pararse a escuchar a ese niño interior… y dejar que te pregunte por qué has dejado de hablar con el acento de la mamma. Sí, no he podido resistirme a hacer un chiste de Los Simpsons. Esto es lo que decía del relativizarlo todo cuando uno tiene 40. Se ve que la inocencia es la capacidad de tomarse las cosas en serio, sin dobles lecturas.

Enigma, el proyecto ideado por el alemán Michael Cretu, había conseguido un apabullante éxito en todo el mundo a principios de 1991 con su primer disco, MCMXC A.D, gracias a una ingeniosa -aunque quizás algo cansina a la larga- mezcla entre electrónica, new age y canto gregoriano. Sinceramente, nadie esperaba que el grupo pasara de la categoría de One Hit Wonder, pero los caminos del Pop son inescrutables y el segundo disco de Enigma, The Cross of Changes, lanzado a finales de 1993, conseguía igualar prácticamente el éxito del primero.

La formula consistió esta vez en mezclar música tradicional asiática con electrónica y cambiar al Marques de Sade, los principios de la lujuria y la sensualidad de su ópera prima por una relajada espiritualidad casi paulocoelhiana. “No tengas miedo a ser débil, no seas demasiado orgulloso por ser fuerte” canta Andreas Harde en Return to innocence, el primer sencillo del disco y el mayor éxito del grupo en las listas de Estados Unidos. Le acompañaban la cantante alemana Sandra, esposa por aquel entonces de Cretu, a los coros, y un pegadizo sampler de una canción popular de la tribu Amis, de origen taiwanés. Sus intérpretes eran Difang e Igay Duana, un matrimonio de granjeros que había grabado la canción durante un intercambio cultural en Francia en 1988 cuando ambos superaban los 65 años de edad. La grabación cayó en manos de Cretu, quien creyó que estaba libre de derechos y la utilizó sin pedir autorización. Los Duana le demandarían en 1998, llegando a un acuerdo confidencial por el que cobraron una buena cantidad de dinero en royalties y el reconocimiento como coautores de la canción. Ambos morirían, con pocas semanas de diferencia, en el año 2002.

Seguramente, gran parte del éxito de la canción se deba a su videoclip, que debió de fascinar a algún directivo de la MTV Europea, donde era muy fácil verlo en cualquier momento del día. Como todo en la carrera de Enigma, la idea es tan sencilla como eficaz: rebobinar la vida desde la vejez hasta la infancia en un entorno mediterráneo (no consigo que Internet me confirme si se grabó en España, pero lo sospecho). El director es Julian Temple, director de películas como Absolute Beginners o Las chicas de la Tierra son fáciles, así como de videoclips como Do you really want to hurt me, de Culture Club; Come on Eileen, de Dexys Midnight Runners; Smooth Operator, de Sade; Free Fallin’, de Tom Petty; I’m your baby tonight, de Whitney Houston; Everything I do, I do it for you, de Bryan Adams; For tomorrow, de Blur; o Mary, de Scissor Sisters. Seguro que habéis visto alguno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *