El regreso

Después de tres semanas de vacaciones en Japón, he regresado a la realidad, a la oficina, a la rutina. El trayecto desde casa al trabajo es como un proceso de depuración por el que vas volviendo poco a poco a la normalidad. Compruebas que nada ha cambiado, que todo sigue igual, la autovía, los semáforos, las rotondas… Agradeces que aun sea agosto, gran parte de la población haya huido de Madrid y no haya atascos y sí muchos sitios libres en el aparcamiento. Enciendes el ordenador, dudas un momento mientras tratas de recordar cuál fue la última palabra absurda que elegiste como contraseña y tus manos sobre el teclado recuperan los movimientos de siempre. Abres el correo y allí están esperándote decenas y decenas de mails por leer. Abres el navegador y allí está la intranet de siempre, con sus bases de datos esperándote alborozadas. Y las redes sociales, claro, pero ésas se fueron de vacaciones contigo.

En unas horas, las vacaciones parecen un recuerdo lejano. Sin embargo, hay tanto qué contar sobre ellas…

Pero hoy no, hoy sólo toca aterrizar lenta y suavemente en la vida cotidiana.

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