EL MUSEO DE LA INOCENCIA

Ayer terminé de leer “El museo de la inocencia”, el último libro del escritor turco Orhan Pamuk, ganador del Nobel de Literatura en el año 2006, y me dio la sensación de haberme pasado las dos últimas semanas recorriendo las calles y las casas de Estambul, viviendo el Bósforo y viendo como iba evolucionando la ciudad desde los años setenta hasta nuestros días: los lujosos restaurantes para la minoría privilegiada rica y supuestamente occidentalizada, las mansiones de madera a orillas del mar, los cines de verano al aire libre donde se proyectaban melodramas populares, las casas humildes del barrio de Cukurkuma, tan cerca de Taksim y la torre Galata, por donde yo he tenido la suerte de pasear varias veces en la vida real…

“El museo de la inocencia” es una historia de amor entre puro y desquiciante, el que siente Kemal, un hombre de clase alta que, poco antes de la fiesta de compromiso con su novia, se reencuentra con Fusum, una pariente lejana más joven y más pobre que él por la que se siente inmediatamente atraído. Con este material, Pamuk podría haber escrito un melodrama monumental de pasiones desatadas pero convencionales. En su lugar, nos encontramos con el relato de un amor saboteado por su propio protagonista, víctima de sus miedos y su sometimiento a las convenciones sociales de su entorno, una pasión enloquecida hasta lo enfermizo y que Kemal sublima a través de los pequeños objetos cotidianos que le recuerdan a Fusum y con los que va construyendo su museo personal, mucho menos inocente de lo que su nombre dice.

Pamuk participa en su novela como un personaje más, interviniendo como mero cronista de los recuerdos y pensamientos de Kemal, narrador absoluto de los hechos. El lector se enfrenta a la disyuntiva de optar entre creer si, como dice su protagonista, vivió una historia de amor hermosa que le llenó de felicidad o si, en realidad, nos encontramos ante el relato de una obsesión egoísta que destruyó la vida de todos los que se vieron implicados en ella. Los verdaderos sentimientos y deseos de Fusum nos permanecen siempre ocultos y sus acciones y palabras son siempre interpretadas por Kemal de manera que reafirmen su amor. ¿Pero es Kemal un narrador fiable?

Al fin y al cabo, lo que ocurre en el interior de la cabeza y el corazón de la otra persona siempre termina siendo un misterio para nosotros. Todo aquel que haya vivido un amor oculto o unidireccional (es decir, prácticamente todos) sabrá entender y justificar a Kemal. ¿Quién no ha terminado guardando algún objeto vulgar e inservible, convirtiéndolo en una pieza de valor incalculable, sólo porque fue tocado, usado o tuvo relación con esa persona, ese momento especial? Nuestras casas terminan convirtiéndose en museos de nuestras propias vidas.

2 pensamientos en “EL MUSEO DE LA INOCENCIA

  1. luxaurumque

    Me lo apunto para pedirlo al círculo de lectores, que luego no sé qué pedir y además me he quedado sin libros que leer.

    Gracias! ;-)

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  2. ace76 Autor

    Precisamente yo la compré en el Círculo, :-)

    La parte central de la narración pierde un poco de ritmo, pero merece la pena seguir leyendo. La primera parte y la última son muy buenas.

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