El jardinero constante

El año pasado Diego y yo nos fuimos a vivir de alquiler a un pequeño adosado en un pueblo cercano a las montañas madrileñas. Como todo buen pequeño adosado, tiene su patio trasero adosado, que cuando lo alquilamos consistía en una superficie vacía recubierta del cesped artificial más barato que se haya puesto jamás a la venta en Leroy Merlin. Pero yo prometí que haría de ese horror un bonito jardín y me puse manos a la obra… Comencé por un estrecha franja lateral, la única no cubierta por el plástico verde, y planté un mandarino y semillas de flores. El mandarino terminó muriendo y lo único que creció fueron malas hierbas. Logré algo tan difícil como que se me secaran tres cactus en sus tres macetas que puse en un alfeizar de la ventana. Cuando llegó el otoño, decidí que ya había pasado la época de jugar a ser jardinero y que en primavera tendría una nueva oportunidad.

Y el otoño pasó y el invierno también. Los Reyes Magos me trajeron un invernadero para que jugara a los semilleros: plantaba cosas y para cuando brotaban, ya me había olvidado de si eran lechugas, tomates, sandías o tomillo. Luego me olvidaba de ellas durante un día o dos y ya sólo tenía hojas secas. Finalmente llegó el mes de marzo, caluroso y soleado en estos tiempos de cambio climático. Era un fin de semana en el que estaba solo en casa y me dije a mí mismo: éste es el momento. Arranqué el cesped falso para cubrirlo de semillas de verde hierba y me encontré un erial de arena y piedras. Uno espera que toda la tierra esté hecha de tierra oscura y esponjosa -al fin y al cabo, el planeta se llama Tierra, no Piedra, Gravilla o Arena-, pero no me desanimé. Cogí mi pala y mi rastrillo y empecé a quitar piedras y piedras. Y arena y arena. Y más piedras. Y algo de arena.

Una pequeña pausa para el postureo y sigo

Después llegó la hora de esparcir la tierra y las semillas. Aunque ahora que lo pienso… ¿quizás tendría que haber esparcido primero las semillas y luego la tierra? El caso es que lo más difícil ya estaba hecho: ahora sólo quedaba esperar a que la hierba brotara y verla crecer. El ciclo de la vida es maravilloso, un milagro lleno de luz, lleno de color… Todo mentira. Pasaban los días y ahí no crecía nada de nada. Quizás el hecho de que el invierno decidiera volver con una última e inesperada nevada tuvo algo que ver. O puede que influyera más el que todos los pájaros del vecindario decidieran que mi patio era un buffet libre de deliciosas semillas. ¿Venden espantapájaros en Leroy Merlin? ¿Dónde está el gato cuando se le necesita? Ah, sí, durmiendo o comiendo latas de atún.

Pero al final, por sorpresa, un día empezaron a brotar unas hojitas verdes del suelo. Y cada día eran más abundantes y más altas. ¡Había creado vida en las condiciones más desfavorables! Me sentía como Matt Damon en Marte. El mar de hierba se extendía hasta el horizonte.

Las verdes praderas de ace76

…bueno, no, en realidad había conseguido que crecieran algunos matojos, pero considerando el punto del que había partido, estaba más que satisfecho. ¡Había creado vida en las condiciones más desfavorables!

Hoy, en equipo de investigación, la verdad sobre las verdes praderas de ace76

La hierba fue creciendo y llegó ese día en la vida de todo ser vivo en el que hay que atravesar un ritual de madurez. Las palomas salen del nido, a los ciervos les salen cuernos, los adolescentes hacen su primer botellón y el cesped tiene que ser segado (“Como se cortal cespe, Yahoo Respuestas”). Desempolvé una cortacesped que había aparecido en el garaje durante la mudanza y me paseé por la hierba con la misma habilidad jardinera de Homer Simpson. Ay, quien fuera Ned Flanders o el vasco de Bricomanía… Google decía que al cesped hay que mimarlo después de cortarlo, ya que puede debilitarse al perder superficie para realizar la fotosíntesis.

¿Sabéis qué pasó después de cortar el cesped? Llegó la ola de calor. El fuego que caía del cielo. La Flama.

Ahora tengo un jardín de color amarillo (“Como se repoblal cespe seco, Yahoo Respuestas”). Me siento como el profesor Bacterio de la jardinería, experimentando con inocentes hierbecitas… pero a Dios pongo por testigo que algún día tendré un jardín recubierto de cesped verde y brillante, con árboles y flores y plantas trepadoras. Y gnomos y setas.

Pero sí, ser jardinero aficionado requiere constancia y esfuerzo. Como me dijo Diego un día: “Antonio, no basta con tener ilusión, para tener un jardín hay que trabajar y esforzarse”. Y yo pensado que, como decía Paulo Coelho, si deseaba con todas mis fuerzas que la hierba creciera, el Universo entero conspiraría en mi favor… De una cosa estoy convencido, los de Mister Wonderful tienen contratado a un jardinero profesional, seguro.

2 comentarios en “El jardinero constante”

  1. Jajaja, me ha encantado, periplo de jardinero en proceso. Las plantas son pura paciencia, me regalaron 9 cactus pequeños hace un año… Quedan dos. Definitivamente no me regaléis plantas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *