El eterno retorno

Anoche, 16 años después de su estreno y 6 desde aquella desastrosa edición presentada por Pilar Rubio y que ganó Nahuel, TVE estrenó la novena edición de Operación Triunfo. Hubo gallos, hubo desafines, hubo drama y hasta hubo algo de música. ¿Qué más se puede pedir?

Los cinéfilos han disfrutado como niños con Blade Runner 2049, algo que no debería haber sucedido si nos atenemos a lo que ha pasado con las puesta al día de otros clásicos de los 70 y 80 como Alien o Tron. En televisión algunos también hemos disfrutado mucho con la resurrección de Twin Peaks y esperamos con ansia el estreno de la siguiente temporada de Expediente X. Otros cuentan las horas hasta el estreno de este viernes de los nuevos episodios de Stranger Things, un producto mediocre cuyo éxito reside en su componente referencial y la nostalgia forzada por los años ochenta.

Vivimos en un eterno retorno en el que todo vuelve, incluso Dinastía. La palabra “remake” se ha incorporado sin problemas a nuestro lenguaje cotidiano. La pregunta es: si todo es una reiteración de algo ya hecho, ¿qué podrá resucitar dentro de diez años? ¿Qué será verdaderamente representativo de nuestros días?

Lo que me preocupa es que, sin darnos cuenta, estemos haciendo lo mismo con nuestras vidas. ¿Vivimos un eterno retorno en el que repetimos continuamente los errores del pasado mientras que, a la vez, intentamos revivir nuestros grandes éxitos personales? Mucha gente vive los cambios en su rutina diaria como una situación desagradable que le produce desazón y nervios, ¿será por eso que preferimos vivir en esta constante repetición de acciones, hábitos y referencias? ¿Estamos intentando, por todos los medios, que el escenario no cambie?

Y sin embargo, todos sabemos que la resistencia es fútil. Al final, todo acabará en ruinas.

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