EL AÑO QUE NOS CAMBIÓ LA VIDA

2011, año cuarto de la Crisis, ha tenido 365 días que han marcado un antes y un después para mucha gente que conozco. Nacimientos, muertes, crisis existenciales, reinvenciones, matrimonios, amores locos y otros estados de ánimo han sido noticias habituales durante estos doce meses. Parecía que yo iba a permanecer al margen de tanto tsunami vital, pero el día de los inocentes la ola de los acontecimientos llegó a mi vida.

Todo comenzó con la llegada a mi móvil de un sms digievolucionado, también conocido como whatsapp. Una compañera del trabajo me informaba de que por fin teníamos noticias de la empresa. Algunos afortunados habían recibido una llamada de nuestro jefe de personal, mientras que otros menos afortunados se tenían que conformar con un e-mail de contenido vago y promesas de las que no valen nada. Con los nervios a flor de piel, encendí el portátil y me conecté a Internet. Mientras introducía mi contraseña en el servidor de correo externo de la empresa, miraba al teléfono móvil enviándole por telepatía la orden de que sonara. Pero no sonó. En la bandeja de entrada de mi correo, con letras en rutilante negrita, estaba el mensaje fatídico.

Durante un segundo sentí que mi mundo se derrumbaba y me entraron ganas de llorar. Pero sólo fue durante un segundo. En seguida me salvó mi sentido del humor. “Podía haber sido susto, ha salido muerte”, me dije.

El resto de la tarde lo dediqué a informar a los amigos de mi nueva situación y a departir con los que ya eran mis excompañeros de trabajo, tanto con los renovados como con los estrellados como yo. Intentar descifrar los mecanismos mentales que rigen la mente de un jefe de personal es un enigma que no tiene nada que envidiar a los que planteaba la esfinge.

Y es por eso que yo también recordaré 2011 como el año que me cambió la vida. Aunque también lo recordaré por aquel día de febrero en que vi por primera vez a Diego desde su vuelta de Londres y sentí que éramos invencibles, un sentimiento que volví a tener cuando dábamos vueltas a 206 metros de altura en el cielo de Berlín. O por aquel caluroso día de agosto en que mi hermano esperaba en la puerta de una iglesia de Badajoz la llegada de su futura mujer. O por el día en que fui al hospital a conocer a la hija recién nacida de Esti. O por el día de octubre en que, varios años después, volví a celebrar una fiesta de cumpleaños por todo lo alto en mi casa y vinieron muchos de los amigos que hacen que valgan la pena vivir en Madrid. O por la noche de abril en que, por fin, mi madre y mi novio -el que gana puntos con mucha facilidad- se conocieron. O por ese triste día de marzo en el que tuve que abrazar a Diego con más fuerza que nunca.

9 comentarios en “EL AÑO QUE NOS CAMBIÓ LA VIDA”

  1. Es que solemos equivocarnos y nos ponemos nerviosos… pero no nos damos cuenta de que en realidad los cambios son buenos!
    El 2011 te cambió la vida… y eso de por sí es lo mejor que te podía pasar!
    Un beso y ánimo!

  2. Eres encantador Antonio, como siempre lo has sido. Espero que tengas mucha suerte. Estoy segura de que te espera algo bueno o muy bueno. Eres muy buena persona y te lo mereces.

  3. CT, yo, en el fondo, estoy convencido de que este cambio va a ser a mejor.

    Nils, ya te pasaré mis tarifas como biógrafo, :-)

    Muchas gracias, Peach!

  4. Bueno, los cambios a veces son traumáticos, a veces son buenos, a veces regulares, a veces no se sabe ni lo que son … pero yo creo que es mucho peor, muchísimo peor el inmovilismo. Ver la vida pasar a tu alrededor y no poder alcanzarla …

    Muchos besicos y mucho ánimo :-)

  5. Desde luego, Lux, no hay nada peor que el inmovilismo. Muchas veces no elegimos los cambios, pero sí podemos intentar controlar qué actitud tenemos ante ellos.

    Viva el 2012! :-)

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