DON’T LOOK BACK IN ANGER

No tenía puente, pero me fui a Pamplona. Atocha era un hervidero bullicioso de viajeros y maletas. No sólo la web de Renfe tiene un funcionamiento más que deficiente, sino que cuatro de cada cinco máquinas para comprar o imprimir billetes estaban estropeadas. Tuve que ir corriendo a Atención al Cliente para que me dieran el mío. Pude tomar un café en la sala VIP antes de entrar en mi vagón. Mi asiento era de Preferente porque cuando lo compré ya no quedaban en clase Turista. No me importó demasiado, aunque la cena que me dieron estaba peor que en anteriores ocasiones. También es cierto que me gustaba más el Altaria que el Alvia. ¿Todo era mejor antes? ¿Soy cada vez más quejica? Nos cantan que no miremos atrás con ira… quizás lo que haya que evitar es mirar al futuro con ira. O al presente.

Viajar a Pamplona es, cada vez más, viajar al pasado. A veces recupero trozos de ese tiempo y me los traigo a Madrid para que los lazos no se pierdan del todo. Al fin y al cabo, yo soy el que fui y perder el pasado sería como perder una parte de mí mismo. En esta ocasión, vinieron en mi maleta mis viejos vinilos, algunos libros de la carrera y las dos orlas. Una es de toda la facultad y otra es de mi especialidad. Veo las fotos de mis compañeros de clase y me doy cuenta de que sé qué ha sido de la vida de bastantes de ellos, aunque sólo sea por un par de fotos colgadas en su perfil de Facebook. Han pasado diez años enrolladas dentro de un armario. Sólo ahora he sentido el momento de enmarcarlas y colgarlas en la pared de una de las habitaciones de mi casa madrileña. Será una señal, aunque no sé de qué.

Recuerdo perfectamente la mañana en que me hice la foto. Era un día que había prácticas de alguna asignatura y me había olvidado por completo de que tenía que hacérmela. No me había afeitado y un compañero tuvo que prestarme su camisa blanca. Ahora miro la foto y compruebo que estaba más delgado, pero en realidad no me veo tan cambiado aunque sé que lo he hecho. O al menos, eso creo.

10 comentarios en “DON’T LOOK BACK IN ANGER”

  1. 74! No me pongas más años, ornitorrinco! :-D

    Otto, con Madrid está muy bien conectada… Con Barcelona, peor. Con el resto de España, creo que no muy bien. Pero es un problema generalizado de nuestra red ferroviaria. Y tengo ganas de que cuentes tu periplo por nuestra sacrosanta ciudad, seguro que sacaste alguna fotografía de estilismos impactantes…

    Algunas cosas de nosotros mismos no cambiarán ni en diez, ni en veinte, ni en cincuenta años.

  2. Yo tengo las orlas aún enrolladas, y las fotos, perdidas. No por voluntad propia. Aquellas fotos de orla en las que aparecía en Ángel XXL bien me podrían servir en estas fechas para recordarme lo que puedo llegar a convertirme de no moderar mis hábitos alimenticios.

    Y yo sí he cambiado desde entonces. Muchísimo. A Dios gracias.

  3. Yo es que acabé por el 94 … y eso sí es una eternidad.
    Cambiar, lo que es cambiar, creo que sigo siendo el mismo, eso sí, mi vida ha cambiado y mucho, es más, no ha parado de cambiar.
    La orla? Aquí, en casa de mi madre, colgada. Supongo que es una especie de orgullo materno, aunque la carrera a su hijo no le haya servido de nada …

    Besicos!

  4. Si hombre eso sí. Conste que yo defiendo mis años universitarios, como “experiencia vita”, a muerte. Me refería a que no me ha servido para nada en el terreno laboral, obviamente :-)

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