ENORMES COSAS PEQUEÑAS

Aunque detrás de mi mesa hay una ventana, en este trabajo nunca veo el cielo. Escribo, navego y hablo por teléfono iluminado por luces artificiales, aislado del mundo exterior en un supuesto edificio inteligente. Por eso me sorprendió ver, en el único pasillo iluminado por el sol y que cuenta con la única ventana que podemos abrir, dos semillas de árbol, de estas con forma de pelusa blanquecina, como una estrella o un fuego artificial, flotando sobre el suelo de madera. En el diccionario de la Real Academia los llaman “vilanos”. Cada vez que pasaba por ahí los veía moverse, arrastrados por imperceptibles corrientes de aire, brillando a la luz del sol. Pensé en que, si hubieran caído sobre tierra fértil, de ellos podría brotar un árbol. Lo más grande se esconde dentro de lo pequeño. Es un misterio, como lo que se esconde en la mente de Olivia cuando, desde su silleta, ve flotar un globo delante de ella y chilla y se ríe a carcajadas mientras intenta atraparlo sin éxito.

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