COMO NO HACER NADA

Madrid, invierno de 1998, un bello e ingenuo jovencito salió de su pequeña y norteña ciudad de provincias para probar suerte en la gran ciudad. Deslumbrado por las luces de neón y el hechizo de la noche capitalina, descubrió que sin una madre que le despertara los domingos por la mañana, no había razón alguna para salir de la cama antes de la hora de comer… o de merendar… o de cenar. De lunes a viernes, los días tenían 24 horas. El sábado llegaba a tener 32 y el domingo… el domingo era una tarde que transcurría viscosa y lenta.

Una década después, el jovencito, convertido en un aun bello y un poco menos ingenuo treintañero, pasa sus fines de semana entre cafés, sesiones cinematográficas, algunas cervezas en una terraza y esporádicas barbacoas. Todo transcurría plácidamente hasta que recibí una invitación para el evento social de la temporada: el cumpleaños de Proudstar, la fiesta que se celebra por fascículos. A mí me correspondió la segunda entrega. Nervioso, me interné en la legendaria Proudville. Ahí estaban blogueros, tuiteros y otros glamourosos invitados. Sophie, Kylie, Stefania Germanotta, Beyoncé y los Hermanos Calatrava se encargaron de la banda sonora. El anfitrión estuvo toda la tarde pelando patatas y batiendo huevos para deleitarnos con deliciosas tortillas. Incluso las envolvió cuidadosamente en plástico para guardarlas en la nevera antes de introducirlas en el microondas. El chico es así de detallista. La fiesta prosiguió en el exclusivo local de Mordor donde, entre orcos y elfos, el tiempo avanzó más rápidamente de lo que pensaba. Cuando dejé a Proudstar buscando un taxi, el cielo empezaba a clarear y las pizzerías 24 horas estaban repletas de gente desayunando trozos de pizza cuatro quesos.

Al llegar a casa, Diego me esperaba en la cama. Él a su vez había estado en una Wii Party con sus amigos y la verdad, sospecho que acababa de llegar a casa. Me tumbé a su lado y caí dormido hasta que, a las once, mi hermano me llamó para invitarme a ir de excursión a la sierra madrileña. Recibí la propuesta con escaso entusiasmo, excusé mi asistencia y volví a la cama. Finalmente salí de la cama a la hora de comer y medio dormido recolecté cebada en Farmville mientras escuchaba la única música que mis tímpanos aguantaban en ese momento: Bon Iver y Fleet Foxes. A las cuatro ya empecé a preocuparme por Diego, así que fui a ver si salía de la cama. No tuve éxito en mi misión ni en las siguientes. Así que, cuando ya se acercaba la hora de la merienda y después de que la diplomacia fracasara, decidí iniciar una maniobra ofensiva e infalible. Seleccioné en Spotify la canción que Diego más detesta, la puse a todo volumen e improvisé una coreografía en el dormitorio con los pasos aprendidos en “Fama, a bailar!” y “Cisne Negro”.

-Wake up in the morning feeling like P Diddy…

Porque si algo me ha enseñado mi ingenuidad es que hay que ir por la vida sabiendo que la fiesta no empieza hasta que no entro en la habitación. Y así, haciéndole reír a carcajadas, conseguí que Diego saliera de su deprimido domingo. Todo gracias a Ke$ha.

6 thoughts on “COMO NO HACER NADA”

  1. Eso, bien por mí! :-D

    Mi madre nunca nos ha dejado que durmiéramos más allá de las 12, que a las 12 y media había que ir a misa.

    Mce, ya repetiremos excursión, será por lugares de interés en la Comunidad de Madrid!

    Proud, gracias a ti! Me lo pasé muy bien, :-)

  2. Uf! Uf! No puedo ni ver a Ke$ha desde que la vi en el vídeo ese de la bañera con unas botas sucísimas. No puedo con la gente que lleva el calzado sucio, de verdad… (qué superficial me ha quedado esto)

    Frivolidades aparte, ¡qué finde más estupendo! :D

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