LA GRAND FINALE

Anoche, después de mis cinco horas en el bus de vuelta de Pamplona, me dispuse a ver el final de la cuarta temporada de “Perdidos”. No voy a contar nada sobre el argumento, pero sólo diré que hay que ser muy fan de la serie para no sentir que a uno le han tomado el pelo durante esta cuarta temporada. De ser “la mejor serie que se ha hecho nunca” pasó a ser “una gran serie” en la tercera temporada, y ahora podríamos definirla como “una serie estupenda”.

Confesaré que del mismo modo que la ridícula muerte del señor EKo a manos de un montón de humo negro me pareció un gran error, la repentina y absurda muerte de uno de mis personajes favoritos durante estos últimos episodios me desagradó bastante. Más que nada porque no era una muerte a la altura de su carisma. Eso sí, de otras muertes me alegré bastante, jejeje. También me alegré mucho de que otro de mis personajes favoritos lograra culminar su objetivo vital en la serie y sobreviviera para contarlo (^^).

Lo que está claro es que, desde que decidieron convertir los FlashBacks en FlashForwards (un recurso que es bastante difícil de emplear, por cierto), la serie se puede alargar hasta el infinito. De hecho, se podría hacer “Lost” sin que apareciera la isla en ningún momento. En fin, espero que en la Quinta Temporada nos cuenten de una vez quienes son Los Otros, y en especial las cremas antienvejecimiento que usa Richard…

Eso sí, el departamento de efectos especiales y decorados debería habérselo currado un poco más, que en algunos momentos parecía que estaban reutilizando planos de los teasers de “Cloverfield”.

En 2009, más misterios. Yo, para matar el rato, voy a sumergirme en Lostpedia y comprobar que frikidetalles me he perdido. Good Luck and Namaste!

Y aquí, un bonito mobisodio de Lost (miniepisodios de Lost para moviles, hay 13) para que os entretengáis.

PLATINO

Gracias a un año de frapuccinos y galletas de chocolate blanco de Starbucks (que ya no puedo comer, inmerso como estoy en el plan “volviendo a los setenta”), de cenas cada vez más caras y menos satisfactorias en el Vips (pero siempre acabo volviendo), de raviollotos del Gino´s (ñam), de Woks del Wok (siempre me defraudan), de alguna incursión en el Friday´s (donde sólo con los aros de cebolla que sirven como entrante comería una familia entera) y de alguna visita al Root (el único sitio de todos estos donde te sirven comida), he acabado consiguiendo la tarjeta de platino del Grupo Vips, que debe de ser algo equivalente a que te den el carnet de madrileño de verdaj. Eso sí, como las ventajas sean tan buenas como la de la tarjeta oro (un 50% más de puntos vips los martes y jueves a partir de las ocho de la tarde), me sentiré bastante timado.

…enlazando tema…

Y si es por sentirme timado, he de confesar (aunque lo negaré después), que los últimos episodios de la cuarta temporada de “Lost” (aun me falta el gran final) me empiezan a decepcionar un poquito bastante. Los guionistas han llegado a un punto en el que “todo vale” y optan por las soluciones más descabelladas y fantásticas posibles. Sí, lo reconozco, desde el primer capítulo había un monstruo en la isla y unos números recurrentes, pero una cosa es admitir la posibilidad de la existencia del Destino, el Azar y la Casualidad, de campos de fuerza electromagnéticos y de iniciativas científicas ultrasecretas, y otra que todo se solucione recurriendo a la magia, con personajes fantasma, gente con poderes y distorsiones espaciotemporales innecesarias. Además, el recurso de matar a personajes de la trama, cuando se abusa mucho de él, acaba perdiendo eficacia, y en “Lost” hace ya mucho que cruzaron esa línea: la muerte de Boone fue traumática, la de Shannon fue inesperada, las de AnaLusia y Libby fueron impactantes, pero la de Eko ya empezó a resultar grotesca, y las de la cuarta temporada acaban resultando rutinarias. Y eso que todos suponemos que la serie va a terminar con una carnicería de supervivientes y otros. De todas formas, sigue habiendo grandes episodios, personajes interesantes y aun estoy esperando a que vuelva a aparecer la escultura del pie gigante con cuatro dedos. Sigue siendo una serie genial.

…seguimos enlazando temas…

Además, hay que empezar a asumir que la vida real está llena de pequeños misterios. En agosto vino el tasador y ese día la casa decidió tener cincuenta metros cuadrados aunque la escritura diga que sólo tiene treinta y seis. Hace un par de días me encargué yo mismo de medirla y obtuve una cifra en torno a los treinta y nueve. Esta tarde el tasador vuelve a visitarme para resolver tanta discrepancia. Debe de ser que la casa no sólo tiene fantasmas en el altillo, sino que un inquilino anterior estuvo acelerando partículas en el dormitorio y ha roto la continuidad espacial de los espacios. Miniagujeros negros auténticos: una razón más para comprarla!

SHE´S THE ONE

Ganadora!

Virginia ha sido la ganadora de esta edición de OT. Ha sido la final más sosa y menos emocionante de la historia del programa. Lo más entretenido ha sido ver a la pandilla basura formada por Iván, Noelia y Mimi intentando conseguir algo de protagonismo histriónico desde la segunda fila. La cuchipandi se ha retratado al no ir a felicitar a Virginia cuando Jesús ha leido su nombre. Sólo lo han hecho, creo recordar, las dos Tanias, Paula y Reke. Es decir, los concursantes que han sido vistos por el público como más auténticos, sinceros y buenos.

Porque mola que ganen los buenos.

Y sí, además, tienen talento, una voz con personalidad y un estilo propio, mejor que mejor. Con todos sus deslices vocales y todos los temblores en la voz, Virginia le ha aportado brillantez y una luz especial a este formato ya agonizante. Ahora empieza la vida real. Veremos qué les depara el futuro a estos chicos. Yo, por lo pronto, me compraré el disco de Virginia.

PD. Estoy viendo el chat en estos momentos, ¿dónde se pueden reunir firmas para expulsar a Iván de este país?

ACTO DE DESAGRAVIO III

Hace ya unos años me llegó un mail que me hizo sonreir. Seguro que lo habéis leido, hablaba de nosotros, los nacidos entre los 70 y 80 como la última generación cuerda, porque jugamos en la calle, vimos nacer el Walkman, conocimos a Mazinguer, la Bruja Avería y a Espinete y otras zarandajas variadas. Hace un año o así, CocaCola hizo un anuncio que fusilaba bastantes de las cosas que decía ese mail, aparte de contar con Camacho y Mayra Gómez Kemp como estrellas invitadas. Y sí, me gustó el anuncio, como también me hizo gracia que la gente se volviera loca con los lanzamientos en DVD de “La bola de cristal”. Pero de repente los anuncios se llenaron de referencias nostálgicas a los 80, viniera a cuento o no, y hablaban de Heidi, de la madre de Marco, de Willi Fogg, de la muerte de Chanquete o de cualquier otro elemento iconográfico de nuestra infancia. Y yo empecé a hartarme.

Pero el último anuncio de CocaCola sólo consigue ponerme de mala leche. Primero, por haber convertido “Gold” de Spandau Ballet en una cosa que dice “Cha-val”.

Spandau Ballet eran Nuevos Románticos y nunca se vestirían de mamarrachos como los que salen en el anuncio. Es más, los videoclips que se parodian en el anuncio son uno de Police (“Wrapped around your finger”, con su laberinto de velitas), otro de Wham! (“Wake me up you before you go-go”, con sus pantalonetas) y otro al estilo de DuranDuran (“Wild boys”, creo… y meter en el mismo saco a Duran Duran y Spandau Ballet es como intentar hacernos creer que Liam Gallagher nunca deseó que Damon Albarn muriera de Sida. ¿O fue Noel quien dijo esto?).

Por si fuera poco, cuando el coro dice lo de “anuncios cantados” suenan las notas del “No tengo tiempo”, de Azul y Negro, que nunca fue la sintonía de un anuncio, sino de la Vuelta Ciclista a España (aparte de ser una de las primeras canciones que recuerdo).

Y de lo patético que es ver a Loquillo diciendo “rocanrol” rodeado de clones absurdos de unos grupos de música que representan todo lo contrario, mejor no decir nada.

Tener que refugiarnos en la nostalgia por el pasado y la infancia es distraernos con colorines y melodías fáciles para que no nos demos cuenta de que somos una generación ya superada, por mucho que supuestamente tengamos poder adquisitivo. Y no, no hay nada de revolucionario en comprarse una consola a los 35, lo siento.

En fin, ahora entiendo a mi madre cuando se enfadaba al ver los años 60 trivializados en películas, programas y anuncios.

SEXO EN TELEVISIÓN!

Ayer por la noche vi el estreno de “Californication” en Cuatro. Vi el estreno, el segundo y el tercer episodio. Esta manía española de sentirse obligados a rellenar una franja de dos horas con cualquier producto audiovisual es uno de los mayores obstáculos que tenemos para disfrutar de una televisión de calidad: las series estadounidenses no están pensadas para verse de dos en dos episodios (y mucho menos de tres en tres), mientras que las series y programas españoles se ven obligados a alargarse hasta el infinito como un chicle excesivamente mascado.

Pero volvamos a California, Los Angeles y el sexo. Siempre había pensado que David Duchovny era un actor mediocre, que había hecho de Fox Mulder el papel de su vida. Pero no, a los cinco minutos de visionado, Duchovny ya había dejado de ser el pulcro agente del FBI para convertirse en Hank Moody, un escritor que lleva años sin escribir, un nihilista sarcástico más preocupado por las mujeres, el alcohol, el tabaco y la única mujer que significa algo para él, interpretada por Natasha McElhone, actriz que me fascina y que da vida a Karen, la madre de Becca, la hija adolescente pseudogótica de Hank. Ella se acaba de prometer a Bill, un hombre aburrido y responsable, quien, por si fuera poco, es el único en la ciudad que le ha dado trabajo a Hank como escritor de un blog para la revista Hell-A. Sí, es un poco como “Sexo en Nueva York” pero visto desde una óptica masculina y sustituyendo el glamour, la sofisticación y los Long Island Teas por sexo guarro, nocturnidad y whisky a palo seco.

Quitando alguna subtrama un tanto forzada como la de la secretaria sadomasoquista del agente de Hank (y que, bueno, digamos que suena un poco al argumento de “Secretary”), la serie me pareció más que notable, con una realización brillante y unos personajes que nos muestran en que se han convertido los miembros de aquella generación X de los 90. En una conversación, hablando del pasado, Becca recuerda que su madre, cuando conoció a Hank, tenía la intención de “viajar a Seattle para casarse con Chris Cornell”. De repente fui consciente de lo lejos que queda ya 1991…

EL PRINCIPIO DEL FIN

Anoche, después del parentesis kiliminoguiano de la semana pasada, volvimos a organizar una cenOTa. Pero resultó que en vez de ver el programa musical por excelencia del nuevo milenio, decidimos, por primera vez desde octubre de 2001, ver otro canal.

A las nueve y media, Cuatro estrenó, por fin, Ugly Betty, esa serie tan novedosa cuyo argumento nadie conoce. A los cinco minutos, ya estábamos enganchados por esa mezcla entre “El diablo viste de Prada” y el culebrón original. Me pareció de las series más divertidas que se han estrenado últimamente, con esa visión exagerada del mundo de la moda (“¿Una foto sin retocar en la revista?”) y de la comunidad latina estadounidense, con sus telenovelas y su salsa “chimichurro”. Por no hablar de sus cameos (Salma Hayek, Lupita Ferrer y una irreconocible Gina Gershow haciendo de una especie de Donatella Versace), y sobre todo, de su rirmo narrativo, esa cosa que saben hacer también en Estados Unidos y que en España brilla por su ausencia, como pudimos comprobar al ver una hora y media final de OT interrumpida continuamente por videos sin sentido y publicidades sin fin.

En la única pausa publicitaria que hubo en Cuatro vimos a Manu cantar un tema absurdo, obsoleto, de letra ridícula y completamente olvidado. Con todas las canciones que hay, ¿es necesario rescatar del baul de los recuerdos horteradas como ésta? Para la próxima semana, sugiero que canten “Cara de Gitana” de Daniel Magal, “Yo caminaré” de Fausto Leali; y algún tema de los repertorios de Rafaela Carrá y Junco.

También pudimos ver a los dos nominados. Anabel hizo una actuación brillante, aunque quizás recordó demasiado en gestos y actitud a Rocío Jurado. Iván hizo una gran actuación, incluso emocionante, aunque sigue sonando a cantante de musicales. Me gustó lo que le diría después Coco Comín acerca de sus dudas sobre los motivos por los que ha decidido entrar en OT (también serían validos respecto a Noelia), y yo, como ella, también hubiera preferido que Iván abriera la boca en la Academia sólo para cantar.

Chipper volvió a hacer una actuación excelente, en su línea habitual. Sandra, en cambio, hizo una actuación bastante deplorable, con unos graves subterráneos que daban miedo, y convirtiendo en soporífera una canción emblemática del género musical.

Virginia salió favorita, así que me imagino que su actuación fue sumamente buena y de una coreografía espectacular… por mucho que Noemi Galera la confundiera con Idaira y estuviera a punto de lanzarle el bolígrafo a la cara. Lo de Virginia ya se ha convertido en un fenómeno extramusical, y a mí me parece que esto terminará perjudicándola. A mí me da rabia que no brille tanto en las galas como podría… y debería. Aunque si Vicente gano OT3 con una sucesión de actuaciones en las que se combinaba lo mejor con lo peor, ¿por qué no va a ganar la Niña Azul de voz temblorosa?

En las nominaciones, descubrimos que Noelia no sabe perder, ya que no dejó de llorar desde que la nominaron. Eso sí, si tan buena fue su actuación, ¿por qué no la salvaron a ella en vez de a Sandra? (Respuesta: porque la chica se ha dedicado durante estas semanas a comer y caer antipática a la audiencia en vez de aprovechar las canciones que le han dado) Mimi se picó, y comprobamos una vez más que Pablo es un idiota que va de sobrado y cree que su mierda huele a perfume. Me da rabia que alguien con tanto potencial y tantas cualidades no sepa, a estas alturas, que para triunfar en un reality hay que saber vender otra imagen. Ojalá hubiera sido él el nominado, pero los profesores le salvaron.

Ahora sólo nos queda saber cuál será el porcentaje con el que Manu permanecerá en la Academia… ¿Superará el 90%?