Canciones para un anuncio de coches: Sexx Laws

Renault ha renovado su Twingo lanzando la tercera generación de su modelo. Para su campaña de publicidad ha optado por un tema que, aparentemente, poco tiene que ver con el mensaje del anuncio: Sexx Laws, de Beck. En el videoclip, sexo entre electrodomésticos, platillos volantes, piratas del espacio exterior, Beck con flecos y Jack Black.

Sexx Laws fue el tema con el que se presentó al mundo Midnite Vultures, el séptimo disco de la carrera de Beck, publicado en noviembre de 1999. Durante la grabación del mismo, inicialmente ideado como un disco doble, Beck y sus músicos escucharon Hip Hop y R&B, lo que explicaría el toque funky que lo impregna. El propósito era hacer un disco animado que fuera divertido de tocar en directo, lo que acabó causando cierta confusión entre la crítica y el público, que no sabían si tomárselo en serio o no. Aunque no tuvo las ventas millonarias de Mellow Gold u Odelay, Midnite Vultures funcionó correctamente y consiguió una candidatura al Grammy al Mejor Disco del Año. Sexx Laws también sonó en Futurama en el episodio en el que Bender se estropea y se incorpora como músico a la banda de la cabeza conservada de Beck.

Curiosamente, en España Beck permanece en la memoria como una One Hit Wonder de los noventa gracias a que los 40 incluyeron Loser dentro de su programación allá por el año 1994. En el resto del mundo civilizado, sin embargo, todos sus discos posteriores a Midnite Vultures han debutado dentro del Top10 tanto en Estados Unidos como en Reino Unido.

Twin Peaks: Music Walk with Me

Esta semana Showtime anunciaba que en 2016, 25 años después de la emisión de su último capítulo, estrenará la tercera temporada de Twin Peaks, la serie creada por David Lynch y Mark Frost y que, junto a otras producciones de los noventa como Expediente X o Murder One, podría considerarse antecesora de esta Edad de Oro para las series de televisión, convertidas en productos culturales devorados igualmente por intelectuales y frikis.

Aunque, en realidad, siempre se han producido grandes series de televisión, hay que reconocer que Twin Peaks marcó un antes y después en acabado técnico, complejidad narrativa y ambiciones estéticas. Twin Peaks nos trajo un reparto lleno de nombres relacionados con el cine de David Lynch, alguna que otra estrella de los 50 y 60 venida a menos y un puñado de actores y actrices jóvenes y guapos; nos anticipó que los lluviosos alrededores de Seattle serían el escenario de la década graciasa sus exteriores rodados en los bellos parajes de Snoqualmie Falls; y nos descubrió que se podía ser seguidor de una serie de televisión basada en un misterioso asesinato y diversos enredos sentimentales manteniendo intacto nuestro prestigio intelectual entre nuestros semejantes. Twin Peaks fue una serie para gafapastas muchos años antes de que los gafapastas se atrevieran a salir a la calle con gafas de pasta.

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Pero Twin Peaks fue también un fenómeno pop, un hito en la cultura popular cuya huella ha pervivido a través de los años. Las referencias que podemos encontrar a ella en series como >The Killing son más que evidentes, por ejemplo. Y gran parte del secreto de su pervivencia a través del tiempo está en su banda sonora: Twin Peaks demostró también que la música de una serie de televisión puede ir más allá de su sintonía de cabecera y estar a la altura de la de cualquier película. Compuesta por Angelo Badalamenti y con el propio David Lynch como autor de las letras cantadas por la etérea Julee Cruise, la banda sonora de Twin Peaks consiguió algo tan insólito como estar durante meses entre los discos más vendidos de nuestro país, donde, por cierto, fue emitida por TeleCinco en una de las primeras demostraciones de que una televisión privada podía competir con la estatal a la hora de comprar los derechos de emisión de producciones internacionales de éxito. Falling se coló en las listas de medio planeta y ha sido versionada en númerosas ocasiones, una de las últimas por nuestro querido Bright Light Bright Light. Por su parte, la melodía en la que se basaba la canción y que acompañaba los títulos de crédito de la serie le sirvió a Angelo Badalamenti para ganar un Grammy en la categoría de Mejor Interpretación Instrumental Pop. Aunque parezca mentira, no son muchos los galardones que Badalamenti guarda en su casa: increíblemente ni siquiera ha sido candidato al Oscar.

La influencia de la banda sonora de Twin Peaks no acaba aquí, ya que, además de muestras de “cool jazz” y otras dos canciones de Julee Cruise, uno de sus cortes más minimalistas, electrónicos y oscuros, el llamado Laura Palmer’s Theme, fue utilizado como base por Moby para el que sería su primer éxito, Go.

Así pues, Twin Peaks no sólo subió el listón de calidad para las series de televisión que le seguirían, demostrando que la pequeña pantalla estaba preparada para alcanzar una madurez artística que hasta entonces se consideraba exclusiva del cine, sino que es también, en cierta moda, responsable de que el público descubriera los encantos de la música electrónica.

The Leftovers: Bienvenidos a La Gran Tribulación

Poster The Leftovers

Cuando estudiaba Guión en la Escuela de Cine se estrenó una peliculilla llamada The Body que partía de una provocativa premisa: una arqueóloga aseguraba haber encontrado en Jerusalén los restos del cuerpo de Jesús de Nazareth. Si esto fuera así, los cimientos de la Iglesia se derrumbarían. Sin embargo, la película en ningún momento era capaz de exprimir las posibilidades que ofrecía esta idea. Hablando con mis compañeros de clase fue surgiendo el debate de que hay narraciones que arrancan con un punto de partida tan fuerte que es prácticamente imposible que el desarrollo posterior esté a la altura.

No sólo fumamos: estamos aquí para recordar lo que ha pasado. O eso es lo que se supone que somos.
No sólo fumamos: estamos aquí para recordar lo que ha pasado. O eso es lo que se supone que somos.

Algo parecido puede que suceda con The Leftovers. La base de su planteamiento argumental es tan poderosa que es muy complicado que la narración que arranca de ese punto de partida pueda igualar su fuerza, su capacidad evocadora y sus concomitancias. Aquí el publico español parte con una dificultad de entrada y es que el concepto del Arrebatamiento (The Rapture) no forma parte de la tradición católica ni está tan extendido popularmente como si lo está en los Estados Unidos. Inspirándose en unos versículos sueltos de la Biblia, diversas corrientes fundamentalistas cristianas creen que un grupo selecto de personas será elevado a los Cielos en cuerpo y alma para salvarse del dolor y sufrimiento que padecerá el resto de la Humanidad durante un período indeterminado de tiempo denominado la Gran Tribulación y que finalizará con el Segundo Advenimiento de Cristo. Aunque sus responsables (entre los que figuran el guionista Damon Lindelof, el director Peter Berg y el autor de la novela en la que se basa la serie, Tom Perrotta) han dejado claro que en ningún momento se va a dar una explicación a la desaparición del 2% de la población mundial con la que arranca el episodio piloto, los mediocres títulos de crédito de The Leftovers dejan claro que la idea de un Arrebatamiento de origen religioso está presente en sus mentes y en las de sus personajes, de tal manera que ver The Leftovers pensando que su intención es contar un trama de misterio y ciencia ficción a lo Flash Forward o The Event es el primer paso hacia la decepción.

Y aquí es donde comienzan los problemas para estos primeros episodios de la serie. Un mundo que, de repente, se ha visto obligado a plantearse que quizás exista un Dios que le ha abandonado a su suerte o que, por lo menos, se ha tenido que enfrentar a un fenómeno inexplicable que ha afectado directamente a la vida de muchas personas, no puede seguir siendo el mismo. Los apuntes del hundimiento de la Iglesia vistos en el comienzo del capítulo tres pueden ir por el buen camino, pero todo lo relacionado con ese mundo de adolescentes nihilistas o la secta de personajes que visten de blanco y fuman en honor a sus creencias se mueven peligrosamente en una delgada linea entre lo manido y lo ridículo (personalmente, ese mundo de escolares salvajes y perdidos me resulta especialmente enervante). Resulta además extraño que los creadores de The Leftovers hayan decidido mantener las dos sectas que aparecen en el libro, aunque queda por ver que da de sí la trama del hijo mayor, la chica asiática y el líder carismático negro ¿con mágicos poderes curativos? y donde parece que en cualquier momento vayan a aparecer la crisálida del aire y la Little People del Murakami de 1Q84.

Justin Theroux preguntándose si está en la secuela de Mulholand Drive
Justin Theroux preguntándose si está en la secuela de Mulholand Drive

No parece que la serie haya tenido una acogida especialmente calurosa entre los espectadores y es posible que no vaya más allá de su primera temporada. Hasta el momento The Leftovers no ha sabido aprovechar la potencialidad de su argumento y en lo referente a su estética y acabado formal está mucho más cerca de lo que nos podría ofrecer una televisión generalista que un canal que sabe apostar por lo diferente y lo arriesgado como es la HBO. Sin embargo, también ha ofrecido elementos defendibles como el tono objetivo y casi documental empleado en la presentación de sus personajes a lo largo del capítulo piloto, una narración de ritmo pausado y una sutileza que se ha perdido en momentos tan excesivos como las visiones comatosas del sacerdote interpretado por Christopher Eccleston que cerraron el último episodio emitido hasta el momento; algunas ideas argumentales interesantes como esos perros que se van asilvestrando o la entrevista a los padres del hijo con síndrome de Down desaparecido; o el buen hacer interpretativo de actores como Justin Theroux, Liv Tyler o Amy Brenneman. The Leftovers aun puede remontar, todo dependerá de si sus creadores saben dotar de profundidad a sus personajes y saben evitar conflictos tópicos y caminos argumentales manidos. Si no lo consiguen, serán culpables de haber tirado a la basura uno de los mejores puntos de partida que se hayan visto en la televisión contemporánea. Después de lo que Lindelof perpetró en Prometheus tampoco sería de extrañar…

Juego de Tronos: la cuarta temporada.

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Ayer acabó la cuarta temporada de Juego de Tronos y comienza la larga espera hasta que HBO estrene la quinta. Ha sido una tanda de diez episodios en las que, como en las anteriores entregas, hemos atravesado una montaña rusa de sucesos inesperados, muertes de refinada crueldad, su dosis habitual de sexo y una larga serie de memorables escenas a cargo de memorables personajes.

¿Qué sería de una boda sin su tarta?
¿Qué sería de una boda sin su tarta?

Sin embargo, como espectador me quedo con la extraña sensación de que esta temporada no ha estado a la altura de sus predecesoras. Estaba claro que después del clímax dramático que fue la Boda Roja, un momento cumbre para el que nos llevaban preparando durante tres temporadas, nada iba a ser capaz de acercarse al impacto que nos causó aquel episodio. Poco importa que haya habido muertes de todos los tipos en esta cuarta temporada (muerte por veneno, muerte por aplastamiento de cabeza, muerte por flechazo de niño, muerte por despeñamiento, muerte por lanzamiento a través de puerta cuya ubicación debería ser reconsiderada…), porque llega un momento en que empiezan a darnos igual, ya que uno comienza a sospechar que responden a un propósito del autor de la saga, George R.R. Martin, por sorprender continuamente a sus lectores que a verdaderos mecanismos narrativos. Se alaba a Martin por su capacidad para transgredir los principios básicos de la narración heroica, pero llega un momento en que este deseo continuo de epatar acaba perjudicando a la historia. Es difícil prestar credibilidad o concentrarse en una narración donde todo parece quedar reducido a un ardid para despistar: si todos estos personajes están condenados a morir en el momento más inesperado, ¿qué sentido tiene prestar atención a sus peripecias? Las convenciones narrativas no son un mero capricho, sino que existen como armazón necesario para dar cuerpo y consistencia a las historias que se nos cuentan. Jugar con ellas es interesante e incluso necesario, pero uno corre el riesgo de que la estructura se termine viniendo abajo.

¡Yo fui la que comenzó todo este lío! ¿Nos puede importar menos?
¡Yo fui la que comenzó todo este lío! ¿Nos puede importar menos a estas alturas?

Las limitaciones temporales corren también en contra de la adaptación televisiva del libro. Martin tiene a su disposición centenares de páginas donde, además, muchos personajes acaban teniendo una presencia -que no importancia- mucho menor que en la serie (Cersei o Robb Stark serían buenos ejemplos de esto último), mientras que la serie ha creado un reparto coral en donde hay personajes que han evolucionado y madurado cuidadosamente, mientras que otros apenas han tenido dos o tres secuencias a su disposición en esta última temporada (Margaery, Theon, Stannis y su corte, incluso Bran merecería algo más de desarrollo). También uno empieza a tener dudas sobre el sentido de algunas subtramas. ¿Cuándo se lanzara Daenerys, un personaje que comienza a ganar en oscuridad y a sembrar dudas después de haber conquistado los corazones del público, a la conquista del Trono de Hierro? ¿Qué ha hecho Arya durante tres temporadas paseando por el bosque mientras que otros personajes han tenido tiempo para recorrer los Siete Reinos de principio a fin? ¿Qué ha pasado con esos cuervos que mandaban mensajes de punta a punta de Westeros y que parecen haberse extinguido?

¿Dónde está Thoros of Myr cuando realmente se le necesita?
¿Dónde está Thoros de Myr cuando realmente se le necesita?

Y sin embargo, a pesar de estas dudas que empiezan a invadirme, sigo considerando que cada episodio de Juego de Tronos acaba siendo una brillante hora de narrativa audiovisual, en la que un tópico relato de caballeros, dragones y espadas de fuego acaba convirtiéndose en una interesante reflexión sobre el poder oscuro de las pasiones humanas, poblado por personajes fascinantes generalmente bien interpretados (aunque es evidente que algunos actores están bastante más capacitados que otros. No se puede comparar a Lena Headey, Charles Dance Diana Rigg con Kit Harrington o una Emilia Clarke que se ha encontrado con el personaje de su vida, pero de cuya versatilidad dudo bastante) y una puesta en escena que sabe utilizar las limitaciones de la pantalla televisiva a su favor, incluso cuando decide tirar la casa por la ventana con mamuts y gigantes.

Canciones para cerrar una temporada: The best things in life are free.

Mad Men (digan lo que digan, la mejor serie de los últimos años) ha llegado a su última temporada. La última tanda de episodios será emitida en primavera de 2015, mientras que la primera parte terminó hace un par de semanas. Ambientada en 1969, hemos visto como Don Draper y compañía afrontan el final de la década tal y como lo empezaron: intentando buscarse a sí mismos en un entorno donde el aparente éxito profesional -mucho más inestable de lo que parece- esconde miserias personales y grandes desencantos. A estas alturas, la serie creada por Matthew Weiner se puede permitir todo, incluso no tomarse a sí misma demasiado en serio. En estos últimos episodios ha habido sitio para el humor y la ironía… pero creo que sólo Mad Men podía permitirse cerrarlos con un número musical a cargo de Bertram Cooper, interpretado por Robert Morse.

Antes de dar vida a Bertram Cooper, papel que le ha valido varias candidaturas al Emmy, Robert Morse, veterano actor de 83 años, era conocido principalmente por su trabajo en Broadway, donde ha interpretado múltiples musicales a lo largo de su carrera, siendo especialmente recordado por su papel en How to Succeed in Business Without Really Trying, tanto en los escenarios como en su versión cinematográfica de 1967, rebautizada en España Cómo triunfar sin dar ni golpe. La canción que canta, The best things in life are free, es de un musical aun anterior: se trata de una composición de Lew Brown, B.G. DeSylva y Ray Henderson para Good News, estrenado en 1927, y que ha sido cantada a lo largo de las últimas décadas por artistas como The Ink Spots, Bing Crosby o Sam Cooke. La sencillez de la melodía y su letra ingenua (The moon belongs to everyone. The best things in life are free… La Luna pertenece a todo el mundo. Las mejores cosas de la vida son gratis) son una clara llamada de atención para Don Draper por parte de Cooper. Al fin y al cabo, el trabajo de Don es hacernos creer que las mejores cosas de la vida se pueden comprar con dinero.

¡Maldito tatuaje!

Sé qué nunca me haré un tatuaje porque soy demasiado consciente de que son para toda la vida. Los protagonistas de Maldito Tatuaje no lo eran y tienen que pagar las consecuencias de una decisión poco meditada… o de un tatuador especialmente torpe.

Ambientada en Las Vegas, Maldito Tatuaje sigue las aventuras de Dirk Vermin, renombrado artista de los tatuajes, y Ruckus, su leal escudero, compañero de trabajo y mejor amigo desde hace 20 años. Ambos verán desfilar por su taller a una serie de curiosos personajes con aun más curiosos tatuajes. Gracias a ellos conocemos los más tremendos y vergonzosos, así como lo sucesos y ocurrencias más disparatados que inspiraron esos errores ¿sin solución?, todo contado con un tono de comedia picaresca. Podéis verlo en BioTV todos los miércoles a partir de las 22.30.

Canciones para un anuncio de lotería: Always on my mind

Dirigido por Pablo Berger, responsable de Blancanieves y Torremolinos 73, y protagonizado por Marta Sánchez, David Bustamante, Niña Pastori, Montserrat Caballé y Rapahel, el anuncio de la Lotería de la Navidad se ha convertido en un fenómeno en la red por todas las razones equivocadas. Parece que el único apunte de buen gusto que tuvieron sus creadores fue escoger como banda sonora un clásico de la altura de Always on my mind… para después convertirlo en un vulgar jingle publicitario. Eso es lo que en general parece que ha sucedido con la pieza: toda una sucesión de buenas ideas e intenciones plasmadas de la peor forma posible.

Always on my mind es un clásico, pero no es un tema tan antiguo como se podría pensar. Compuesta en 1972 por Johnny Christopher, Mark James y Wayne Carson, fue cantada por primera vez por la cantante country Brenda Lee, pero alcanzó el éxito por primera vez en la voz de Elvis Presley. Presley la grabó pocas semanas después de divorciarse de Priscilla como cara B de su sencillo Separate Ways.

Diez años después, en la primavera de 1982, Willie Nelson publicaba su versión de Always on my mind, convirtiéndose en un gran éxito en las listas de country de Estados Unidos y consiguiendo ganar posteriormente el Grammy a Canción del Año. Sin embargo, hay que reconocer que muchos miembros de mi generación conocimos este tema gracias a la versión en clave de pop electrónico grabada por Pet Shop Boys en 1987. Acompañado de un videoclip con imágenes de la película del dúo It Couldn’t Happen Here, el tema consiguió estar cuatro semanas en lo más alto de la lista británica, incluyendo la emblemática semana navideña, y convirtiéndose en el sencillo más vendido del grupo.


Pet Shop Boys – Always On My Mind por zocomoro

En total existen unas 300 grabaciones de este tema a cargo de artistas tan diversos como Julio Iglesias, Michael Bublé, Chris de Bourgh, Australian Blonde o Alvin y las ardillas. La de la Lotería sólo es una más… y esperemos olvidarla pronto.

Canciones para un anuncio de ropa: All day and all of the night

Consideraciones estéticas sobre su ropa aparte, hay que reconocer que H&M sabe cómo hacer una buena campaña de publicidad. Después de Lana del Rey y Vanessa Paradis, los suecos han contratado este otoño a la modelo Gisele Bundchen, quien además de posar por las calles de Londres se ha atrevido a grabar una versión de un clásico del rock británico de los 60: All day and all of the night, de The Kinks. Ya sabemos que, en nuestros días, cualquiera puede cantar con la ayuda del Autotune.

All day and all of the night fue el sencillo que publicaron The Kinks después del éxito de You really got me a finales de 1964 y es evidente que sigue su estela. La base de la canción son, una vez más, unos acordes de guitarra potentes y distorsionados que acompañan a la voz de un Ray Davies mucho más descarado y salvaje que los Beatles o los Rolling Stones de la época. All day and all of the night igualó prácticamente el éxito de su predecesor y ambos temas se han convertido en dos de las canciones más emblemáticas del grupo, versionadas en múltiples ocasiones y utilizadas en centenares de anuncios, series y películas. Ambas ocupan también un destacado lugar en la historia del rock, ya que son muchos las que las consideran piezas determinantes para el nacimiento de subgéneros como el heavy metal y el punk. ¿Con qué nos sorprenderán los creativos suecos en su próxima campaña publicitaria?

Artistas para un anuncio de refrescos: Dani Martin

Música y publicidad siempre han ido de la mano. Una buena campaña puede ayudar a vender una canción y una buena canción puede ayudar a vender una campaña. La industria y los artistas lo saben y cada vez son más los que acceden gustosamente a colaborar con las marcas más importantes del mercado. Éste es el caso de Dani Martin, que siguiendo los pasos de Maldita Nerea, Dover, Russian Red y su compañero en El Canto del Loco, El Pescao, pone rostro y voz a la campaña mas reciente de Trina.


Como sucedía en otros anuncios englobados en la campaña “Al Natural”, el artista invitado realiza una versión acústica, “al natural”, de uno de sus temas. En este caso se trata de Cero, sencillo de adelanto del que será su segundo disco en solitario. Canción ya se ha colocado en lo más alto de la lista de Itunes a pesar de que no se lanza hasta el 3 de junio. Es curioso como Dani Martin ha pasado de hacer pop-rock gamberro con su antigua banda a convertirse en un baladista.

Glee, la cuarta temporada

...and that's what you missed on Glee
…and that’s what you missed on Glee

Lo peor que le pudo pasar a Glee es haber tenido tanto éxito cuando se estrenó. Audiencias multimillonarias, discos de versiones vendidos como rosquillas, una gira protagonizada por sus principales actores, nominaciones y galardones en los Emmy y los Globos de Oro… Ahora, cuando la serie ya ha dejado atrás sus mayores cotas de popularidad, parece que sus defectos son mayores de lo que son: falta de coherencia interna en los argumentos, personajes que aparecen y desaparecen sin la más mínima lógica, versiones descafeinadas de grandes clásicos… En realidad, todos eso ha sucedido desde los comienzos de la serie, que ni entonces era tan buena ni ahora es tan mala. Glee es, simplemente, un divertimento, una excusa para pasar una hora agradable delante del televisor, un genuino placer culpable. Y en el fondo, los guionistas de la serie son conscientes de ello, no hay más que ver los comentarios sobre el propio producto que incluyen en la misma, muchas veces a través de Sue Sylvester.

La tercera temporada terminó con la graduación de varios de los principales protagonistas de la serie, así que la cuarta temporada ha supuesto un gran cambio con respecto a las anteriores. La acción ya no se circunscribe solamente al instituto McKinley de Lima, Ohio, sino que también vemos como los antiguos alumnos intentan cumplir sus sueños en Nueva York. Esto hace que las tramas de Rachel y Kurt en NYADA nos recuerden más a Fama que a Glee, pero supongo que los creadores de la serie no se atrevieron a prescindir de las grandes estellas del programa, como quizás hubiera sido lo lógico. Esto también les ha obligado a introducir nuevos personajes en la serie para interpretar a los nuevos integrantes del coro. Hasta el momento, no parece que ninguno de ellos haya calado demasiado entre el público. Además, el hecho de que algunos de ellos (Ryder, Joe, Unique…) provengan del reality The Glee Project, cuyo premio es participar en una trama episódica de la serie, no ayuda demasiado a dar credibilidad al producto final. También ha sido el momento de dar mayor protagonismo a personajes como Sam, Tina o Blaine. Darren Criss se ha terminado convirtiendo en uno de los pilares de la serie (y su personaje, por fin, ha dejado de ser el gay perfecto para convertirse en un ser humano), mientras que Jenna Ushkowitz no ha terminado de aprovechar sus oportunidades para brillar en esta temporada.

En lo referente a la banda sonora, esta temporada de Glee ha seguido la línea habitual de recuperar grandes clásicos (especialmente acertado fue dedicar un capítulo a Stevie Wonder) y éxitos actuales. Cabe preguntarse que sentido tiene que se canten temas como Call me maybe o Locked out of heaven, pero se agradece que a veces apuesten por artistas menos conocidos en USA como Tegan & Sara (Closer), Ellie Goulding (Anything can happen), Emeli Sandé (Next to me) o A great big world (This is the new year). Esta última ha sido lo más parecido a un tema original que ha tenido Glee, porque de las canciones auténticamente originales que se han cantado en ella (un error en el que han vuelto a caer en esta temporada) es mejor olvidarse.

A cambio, hemos tenido que sufrir versiones de temas como Celebrity Skin, de Hole, o A Change Would Do You Good, de Sheryl Crow, reconvertidas en temas inofensivos más propios de un telefilm de Disney. Especialmente dramático fue lo que hicieron con Creep, de Radiohead. Es de estas cosas que hay que verlas para creerlas.

Aunque ha habido episodios de esta temporada que han tenido su carga dramática (las rupturas de varias parejas, una boda frustrada y, sobre todo, un tiroteo en el instituto), muchos otros han terminado siendo un desfile de número musicales unidos por una mera excusa argumental. Eso sí, ha habido varios que han destacado por tener una puesta en escena y una coreografía por encima de lo habitual. Mi favorito ha sido el número que montaron en torno a How to be a heartbreaker, de Marina & The Diamonds.

A pesar del descenso en las cifras de audiencia, ya se ha anunciado que Glee tendrá, como mínimo, dos temporadas más, así que aun nos quedan unos cuantos números de Santana por disfrutar. Aunque comenzó como una secundaria casi reducida al papel de figurante con frase, Naya Rivera ha terminado convirtiéndose en un elemento esencial para seguir viendo Glee.

¡Y esto es todo lo que os perdisteis en Glee este año!