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36

Hoy cumplo 36 años y me parece una buena excusa para, por un día, volver al estilo antiguo del blog. Nada de listas, de discos, de canciones antiguas, películas o exposiciones. Hoy hablaré de mí.

36 suena contundente. Esto de estar ya más cerca de los cuarenta que de los treinta empieza a pesar. Además, mis circunstancias personales son bastante diferentes respecto a cumpleaños anteriores: hoy hace diez meses que trabajé por última vez. Empieza a ser también una cifra contundente. Si soy sincero, confiaba en estar trabajando en algo estable cuando llegara esta fecha. Sin embargo, no ha sido así. Estos últimos meses han sido como una montaña rusa: la vida del parado es como estar en la casa de Gran Hermano. Todo se magnifica y uno aprende a celebrar las pequeñas ilusiones por todo lo alto y a encajar las decepciones de la mejor manera posible. Cada entrevista de trabajo, cada propuesta de colaboración, cada elogio, cada crítica… me ayuda a seguir adelante. Al fin y al cabo, de eso se trata: de conservar la confianza en el futuro y de no perder nunca la ilusión de que la vida, al final, nos lleve a un sitio interesante.

Aunque a veces haya que apretar los dientes muy fuerte, controlar esas inexplicables ganas de llorar que entran de vez en cuando y olvidar las noches en que no puedes dormir y hacer un esfuerzo muy grande por no perder la ilusión… Pero, oye, que hoy es mi cumpleaños. Hoy no puede salir nada mal.

¿Qué fue de Martika?

El 1 y el 2 de septiembre se celebra en Sitges la primera edición del festival Poptronik en cuyo cartel destacan artistas como Andy Bell, Soraya Arnelas, Bright Light Bright Light, Cazwell o Martika. ¿Martika? ¿La auténtica Martika? Pues sí, la cantante de Toy Soldiers, ese tema imprescindible en todo recopilatorio de los 80 que se precie, vuelve a los escenarios veinte años después.

Toy Soldiers ocupó lo más alto de la lista del Billboad durante dos semanas de verano de 1989 (haciendo que el Express Yourselfde Madonna no pasara del número 2, por cierto). Fue el debut y el mayor éxito en la carrera de Marta Marrero, una joven californiana de ascendencia cubana y que hasta entonces había sido actriz infantil en programas como Kids incorporated (donde concidió con Fergie, de los Black Eyed Peas, el mundo es un pañuelo). A este baladón le siguieron otros sencillos de menor éxito como una versión dance del clásico de Carole King, I feel the earth move, o Water, un tema de aires latinos. En 1991, Martika publicó su segundo disco, Martika’s Kitcken, utilizando como sencillo de presentación una de las cuatro canciones que Prince había compuesto y producido para ella: Love… thy will be done.

Acompañada de un elegante videoclip en blanco y negro, esta envolvente y brillante canción, que según cuenta Martika empezó como una especie de oración, consiguió un buen puesto en las listas, algo que no logró el disco en el que estaba incluida. En Estados Unidos, Martika’s Kitchen no pasó del puesto 111 en el Billboard, aunque se vendió un poco mejor en el resto del mundo. Y entonces, Martika pareció desaparecer de la faz de la tierra. Cierto es que las ventas de su segundo trabajo habían sido decepcionantes, pero no habría sido la primera artista en conseguir otro éxito después de un fracaso. O por lo menos, podría haber seguido publicando o trabajando para la industria. Pero ella, a sus 22 años, optó por tomarse un descanso para recuperar, quizás, parte de su infancia perdida entre platós de televisión.

Sería a finales de los 90 y principios de los 2000 cuando Martika volvería a los estudios, trabajando como corista para varios artistas latinos. En 2004 creó junto con su marido Michael Mozart el grupo Oppera, proyecto que grabaría dos discos más cercanos al rock pseudogótico que al pop. Ese año Eminem le daría nueva popularidad a Toy Soldiers al incluir un sampler de la misma en Like Toy Soldiers. Finalmente, después de experimentos fallidos como protagonizar y producir una serie para Internet, Martika decidió grabar un nuevo disco y volver a los escenarios de nuevo. Aunque se suponía que The Mirror Ball se publicaría en febrero de este año, lo único que ha visto la luz hasta ahora es Flow with the go, un no muy interesante sencillo que combina música de baile con guiños a su primer éxito y varias frases en español.

Aunque viendo el clip, nadie diría que han pasado veinte años desde que Martika tuvo su último éxito.

RENOVARSE O MORIR

Este blog nació el 26 de abril de 2004 con el nombre de “El blog de ace76” y desde entonces ha sido mi rincón en la red. Sin embargo, todo lo que empieza tiene una final y creo que ha llegado la hora de poner fin al blog de ace76 como tal. Las bitácoras personales que giraban en torno a la vida de su autor hace mucho que dejaron atrás su mejor época, siendo sustituidas por todo tipo de redes sociales. Poco a poco, ace76 y sus vivencias personales se han ido trasladando a ellas y el blog lleva perdiendo cierto sentido desde entonces. Ha llegado la hora de renovarse.

Que los egoblogs hayan muerto no quiere decir que a los blogs no les quede mucha vida por delante. Se han ido convirtiendo en alternativas a los medios de comunicación tradicionales, otras fuentes donde informarse y entretenarse. Vivo en la Era Pop será, a partir de ahora, un humilde rincón donde hablaré de música y cultura pop como en realidad llevo haciendo desde el comienzo del blog. La única diferencia es que me centraré exclusivamente en ello… O al menos, esa es mi intención inicial.

Las aventuras y desventuras de ace76 seguirán siendo narradas en su cuenta de Twitter, en su perfil de Facebook y hasta en su blog de Tumblr . Espero seguir viendoos por ahí, por aquí, y en la vida real.

AVENTURA EN EL PARQUE

Este fin de semana, todo lo que antes me daba miedo se convirtió en una diversión continua. Cabalgué sobre el cielo a lomos de un dragón rojo, descendí vertiginosamente por las laderas de los valles secretos del Himalaya, salí disparado de una bodega regentada por un mono y me pusieron boca abajo mientras Diego me decía: “mira, han plantado vides”. Subí en una barcaza y terminé participando en un concurso de camisetas mojadas. Por eso cuando me subí a un barril decidí quitármela antes de que me arrastrara la corriente. Descubrí los secretos del templo de Xiuthtecuhtlee y me sumergí en las profundidades marinas. Bebí el dulce brebaje del Doctor Pimientas y comí patatas fritas con sabor a pollo asado. Di varias vueltas sobre mí mismo. Me subieron a cien metros de altura sobre el suelo y desde allí me dejaron caer, flotar, volar. Recorrí una antigua mina de plata y competí por la victoria desde mi vagoneta roja contra la azul. Giré el volante a la derecha y me encontré de frente con una manada de bisontes. Después compramos un oso panda para que vigile nuestra casa en Madrid.

LA CIUDAD DEL ETERNO VERANO

Durante su estancia de un año en Barcelona, mi hermano la terminó bautizando como la Ciudad del Eterno Verano y puede que sea un nombre que se adecue bastante a la realidad. La capital catalana es una ciudad mucho más agradecida para el turista que Madrid: abierta al mar, con espacios amplios y monumentos llamativos. Seguramente sea consecuencia de las diferentes historias que ambas han vivido y de los distintos momentos de esplendor que vivieron, una en la época de los Austrias y los primeros Borbones; la otra en el siglo XIX, la época en la que se diseñó el Eixample, triunfó el modernismo y se celebraron una exposición universal en 1888 y otra internacional en 1929. Todos estos acontecimientos, sumados al lavado de cara que supuso la organización de los Juegos Olímpicos de 1992, se notan todavía en el paisaje urbano de Barcelona.

Diego y yo dedicamos el sábado a recorrer sus calles. Comenzamos por el Paseo de Gracia y admirando la Pedrera, la Casa Batlló y otras joyas del modernismo. Lástima que el precio de las entradas sea de unos 15 euros en el casa de la primera y de más de 18 euros en el segundo. La azotea que Gaudí diseñó para Casa Milà es una obra de arte espectacular, pero los precios resultan un tanto excesivos (y más tarde descubrimos que es la norma en los monumentos de la ciudad). El paseo desembocó en Plaza Catalunya y siguió por las Ramblas, con sus puestos de flores y animales y sus estatuas humanas. Nos asomamos al Mercado de la Boquería a ver sus puestos de frutas y pescados y terminamos llegando a la estatua de Colón. Comimos en un japonés en el Maremagnum mientras veíamos grandes barcos en el horizonte.

Después llegó el momento de perderse por las callejuelas del Barrio Gótico para ir encontrándonos con Santa María del Mar y la catedral de la ciudad. Encontrar la plaza de San Felipe Neri nos costó un poco, y lo conseguimos gracias al GPS de nuestros móviles. Para mi decepción, la fuente de ese bonito rincón estaba rodeada de verjas y turistas. De ahí, al Metro (que se parece mucho más al de Londres que al de Madrid, por cierto) hasta la estación de la Sagrada Familia. Ahí sí que pagamos los doce euros que cuesta entrar en su interior, subida a las torres no incluida. Hay que reconocer que el trabajo que se ha hecho para completar la obra de Gaudí es meritorio, pero hay algo que no me termina de convencer en el conjunto. El interior es luminoso y grandioso, pero quizás un poco carente del alma que sí tienen las partes edificadas en vida del arquitecto. Quizás hubiera sido mejor dejarla tal y como estaba cuando murió.

Por la noche fuimos a Montjuïc con la intención de ver la fuente mágica en funcionamiento. Sin embargo, como justo al lado se celebraba un festival de habaneras -con un público cuya media de edad no bajaba de sesenta-, el espectáculo musical se había cancelado. Paseamos por el lugar, rodeados de extranjeros y otros turistas. Lo de que Barcelona es una ciudad cosmopolita no es un tópico sin más: hubo momentos en que a nuestro alrededor sólo había extranjeros. Y como buenos turistas despreocupados por lo auténtico, cenamos en un restaurante italiano en la antigua plaza de toros de Barcelona reconvertida en centro comercial hace poco.

El domingo por la mañana nos acercamos al Parque Güell, uno de mis lugares favoritos del mundo, para saludar a su dragón multicolor, pasear por sus galerías de columnas inclinadas y ver Barcelona desde su terraza de trencadis. Agotados después de dos días de festival y turismo, pasamos un buen rato sentados en un banco de piedra, escuchando a un música tocar una especie de mandolina medieval.

SIT DOWN, STAND UP (Snakes & Ladders)

-Ya llevas cinco meses en el paro, es tiempo suficiente para que hayas decidido hacia donde quieres dirigir tu vida, ¿podrías contármelo?

No, no estaba tumbado en el diván de un gabinete psicológico ni estaba hablando por teléfono con mi madre. Estaba en el piso 28 de un rascacielos situado en el centro de la ciudad, con el paisaje urbano detrás de mí y una sonriente consultora de recursos humanos al otro lado de la mesa, en una sala de reuniones bastante acogedora dentro de la austeridad oficinal propia de esos lugares. La miré durante un segundo antes de responder. Un segundo en el que decenas de pensamientos bulleron dentro de mi cabeza. ¿Cómo contarle a una desconocida que no tengo nada claro hacia donde llevar las riendas de mi vida? ¿Cómo explicarle que ésta es la primera entrevista de trabajo que he conseguido desde finales de diciembre sin parecer un fracasado o alguien que se pasa el día tumbado a la bartola? ¿Cómo decirle que el traje de Zara que llevo puesto lo compré hace un par de semanas para ir a una Primera Comunión con la idea de utilizarlo en este tipo de situaciones? ¿Cómo hacerle entender que, tal y como está el patio, haber conseguido estar aquí, hablando de mi curriculum con ella es ya un pequeño éxito personal? ¿Cómo convencerla de que soy una persona perfectamente valida para ese trabajo que me ofrece aunque no tenga la titulación académica que le corresponde? ¿Voy a tener que contarle a esta mujer cuáles son mis ilusiones, mis decepciones, mis fantasías y mis proyectos? ¿Cómo hacerlo sin parecer ridículo, ingenuo o demasiado ambicioso? ¿ES una pregunta con trampa? ¿O es una pregunta con premio? ¿Soy sincero con ella o entro en este juego de simulaciones que son las entrevistas de trabajo? Si la vida es una película, ¿son los encargados de recursos humanos los directores de casting más crueles?

Lo que respondí pareció satisfacerla. O quizás no, porque en seguida pasó a la siguiente pregunta.

-Y, ¿dónde te ves dentro de dos meses?

-Trabajando, respondí.

R.M.S. MAJESTIC

Cuando murió mi abuela, tuvimos que recoger el piso en el que había vivido durante décadas con mi abuelo. Mi madre y sus hermanas se repartieron libros, muebles, alguna antigua joya y otros recuerdos. Los nietos también elegimos algunas cosas. Una prima se quedó con un par de cuadros que mi abuela había pintado en su adolescencia, mi hermano tiene en su piso la placa con el escudo de la familia y yo me quedé con este cuadro.

Es la ampliación enmarcada de una postal del RMS Majestic. Bautizado como Bismarck, este barco fue construido entre 1913 y 1914 en los astilleros Blohm & Voss, situados en la isla Kuhwerder, cerca de la ciudad alemana de Hamburgo. El estallido de la primera guerra mundial hizo que los trabajos de construcción se detuvieran y, al finalizar la contienda, el tratado de Versalles estableció que las autoridades germanas debían de entregar éste y otros barcos al Reino Unido como compensación por el hundimiento del HMHS Britannic. La transferencia se hizo finalmente en 1922 pasando a ser propiedad de la compañía White Star, la naviera propietaria del legendario Titanic. Rebautizado como RMS Majestic, hizo su primer viaje el 12 de mayo de 1922 yendo desde Southampton hasta Nueva York con escala en Cheburgo. Pronto se convirtió en una de las naves más populares del momento, transportando a miles de pasajeros de una orilla a otra del Atlántico. Con más de 290 metros de eslora, fue el barco de pasajeros más grande del mundo hasta 1935, cuando fue superado por el francés SS Normandie. Por entonces, los días de gloria del Majestic ya habían quedado atrás, principalmente como consecuencia de la Gran Depresión y la decadencias de esta forma lujosa de viajar. Un año después, en 1936, sería vendido a la Marina británica, quien lo convertiría en un barco de entrenamiento para cadetes con el nombre de HMS Caledonia, misión que cumplió hasta que el 29 de septiembre de 1939 un cortocircuito provocó un incendio a borde, hundiendo a la nave en los muelles de la localidad escocesa de Rosyth. En 1943 fue reflotado y desguazado para chatarra, poniendo fin a una época de la historia de la navegación.

Ésta es la historia del Majestic, pero un barco con capacidad para transportar a 2.145 pasajeros ha tenido que ser testigo de muchas pequeñas historias. Una de ellas tuvo lugar cerca del año 1924, cuando mi abuela, acompañada de sus padres y sus dos hermanas subió a bordo en el puerto de Nueva York. Ella debía de tener unos seis años y hasta entonces apenas habría salido del pequeño pueblo de Nuevo México en el que nació. En menos de una semana, el Majestic la llevó al Viejo Mundo, la tierra donde estaban sus raíces. Cuando veo la foto, no puedo dejar de imaginar a esa niña aventurera corriendo por la cubierta del barco, en medio de la inmensidad azul del océano, y sonrío.