AROUND THE WORLD

Hoy se acaban las vacaciones, hace un frío que pela y el spam ataca mi blog. Aun no tengo ganas de escribir, pero el artículo de Sti sobre Matt Harding me ha hecho acordarme del que, en mi opinión, es el videoclip más bonito de la historia: “Sweet Lullaby”, de Deep Forest, dirigido por un genio llamado Tarsem. Cada plano es una obra de arte. Y así, dulcemente, aterrizo en la rutina diaria.

Fue también el primer CD que me compré… qué tiempos aquellos.

FREED FROM DESIRE

Los avatares de mi vida actual hicieron que terminara yendo el sábado a una fiesta universitaria para recaudar dinero para el viaje de paso del ecuador a Cancún, ese destino tan cultural y tan “de estudios”.

El evento era en un local de Moncloa, un barrio que no piso desde que en 1998 me dijeron que estaba lleno de skins. En concreto, me dijeron eso de un lugar llamado “los bajos de Argüelles”, que no sé ni donde está, ni ganas. Tampoco me gustan los bares con porteros, porque no soporto a estos seres que sufren delirios de grandeza en cuanto les dan un poco de poder.

Pero en cuanto entré en el pub, sentí como si estuviera viajando en el tiempo.

Las fiestas y los bares universitarios siguen siendo iguales que hace una década. Las camareras son chicas feas disfrazadas de guapas. Dicen que el garrafón no existe, pero yo puedo atestiguar que el White Label no sabía como el White Label de otros locales. Las pandillas son enormes y se mueven como bancos de peces por la pista de baile. Los dramas emocionales tienen un tamaño proporcional al número de personas que lo contemplan. La inocencia y la despreocupación de los veinte años siguen siendo la mismas.

Pero lo que no ha cambiado nada, pero nada de nada, es la música. Sí, ahora hay ese engendro llamado reguetón y las canciones de Rihanna que se bailan en “Fama, ¡a bailar”, pero a lo largo de la noche sonaron también cosas como el “A mi manera” de Siempre Así, el “Samba di Janeiro” de Bellini o los dos temazos que conforman la carrera de Gala. Sí, en primavera de 1998 yo también bailé esto y también tenía la sensación de que me podría comer el mundo cuando quisiera.

El caso es que me lo pasé muchísimo mejor de lo que pensaba. Y el mundo me lo comeré cuando quiera, claro que sí.

¡YO VOY!

Ya que parece que este año el Summercase ha decidido suicidarse, tendré que sustituirle con una ración de Rock&Río. Lo que al principio parecía una propuesta de las de “mucho ruido y pocas nueces” ha resultado ser mucho más interesante de lo que pensaba. Especialmente el día 4 de julio en el que coincidirán: Shakira y sus caderas; Jamiroquai y sus sombreros; Amy Winehouse y su eyeliner (esperemos que no sus borracheras); y James Morrison, sus bonitas canciones y su calida voz.

¿Quién se apunta?